miércoles, mayo 20, 2026

África: la guerra por el control de los minerales críticos y el brote de ébola


La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró una emergencia de salud pública de importancia internacional por el brote de ébola que se reportó la semana pasada en la República Democrática del Congo. Es el décimo séptimo brote que ocurre en el país africano desde que se identificó la enfermedad en 1976.
 La gravedad del hecho radica en que se trata de una cepa poco común -la Bundibugyo- para la cual no se ha desarrollado una vacuna ni tratamientos específicos, como sí existen para otras cepas. Ya hubo expansión hacia Uganda y hay contagios en las capitales de ambos países, Kinsasa y Kampala. El foco principal está en la provincia de Ituri, en el noreste del Congo. Las cifras cambian rápido, pero los reportes más recientes hablan de entre 246 y casi 400 casos sospechosos y más de 100 muertes reportadas. 
 Guinea, Sierra Leona y Liberia sufrieron una epidemia de ébola en 2014 y 2015 que derivó en la muerte de más de 11.000 personas. Más de 28.000 pacientes en diez países se enfermaron, según estimaciones de la OMS. Desde entonces, ha habido una serie de brotes, principalmente en la República Democrática del Congo y Uganda. Pero estos se han contenido, en gran parte, porque los funcionarios de salud pública reaccionaron con cierta rapidez. 
 A diferencia de otros brotes anteriores, este último se propagó aparentemente en poco tiempo. Los primeros casos no fueron detectados a tiempo, lo que favoreció el contagio y la propagación debido a la falta del debido aislamiento. Se calcula que el ébola comenzó a circular hace un mes. El virus se transmite por contacto directo con los fluidos corporales de una persona infectada, lo que supone un riesgo especial para familiares y cuidadores. Rastrear a las personas que puedan haber estado en contacto con los enfermos, aislar y tratar a las víctimas con rapidez y enterrar adecuadamente a los muertos son medidas imprescindibles.
 Esta vez hubo una serie de factores que colaboraron con la transmisión generalizada del virus, relacionados, de una u otra manera, con la crisis del imperialismo y la disputa que se desarrolla en el continente por la apropiación de sus recursos. 
 Estados Unidos recortó severamente los fondos destinados a atender los desastres humanitarios que ellos mismos ocasionan en África. La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) ha desempeñado un papel importante en la contención de brotes anteriores, pero el año pasado fue cerrada por el gobierno de Donald Trump. Trump también recortó la financiación de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, la principal agencia de salud pública del país, y además se retiró en enero de la OMS junto con todos los fondos que solía aportar, para aumentar, en cambio, su presupuesto de guerra.
 Pero, además, Ituri, el epicentro del brote, se encuentra en el este del Congo, ocupado por el M23 y otros cien grupos armados que se disputan la zona y que no coordinan con el gobierno la atención sanitaria. Ituri limita con Uganda y Sudán del Sur, por lo que los frecuentes desplazamientos transfronterizos constituyen otro problema adicional. 
 Los grupos armados en Ituri dificultan la vigilancia epidemiológica y el acceso a comunidades aisladas. Por eso, el mayor riesgo es la expansión hacia zonas controladas por otros grupos armados. Ya se detectó el primer caso en Goma, provincia controlada por el M23, donde tampoco funciona el aeropuerto necesario para la llegada de insumos y ayuda.

 De fondo, la guerra

 El principal socio comercial de la República Democrática del Congo es China. El 70 % del cobalto del mundo se produce en el Congo. Este metal es necesario para las baterías de los autos eléctricos, la tecnología y las aplicaciones militares y aeroespaciales. El Congo también produce cobre, coltán, tantalio, oro, estaño, tungsteno, litio y diamantes. Algunos de estos son los metales y minerales críticos que necesita la industria tecnológica estadounidense. 
 El acuerdo más relevante entre el Congo y China fue el de “minerales por infraestructura”, firmado en 2007 entre el gobierno congoleño y un consorcio de empresas chinas conocido como Sicomines. China financió carreteras, hospitales, universidades, represas y obras públicas. A cambio, obtuvo acceso a grandes yacimientos mineros de cobre y cobalto. 
 Uno de los principales grupos armados que opera en la región es el M23 -con el propósito declarado de defender a la etnia tutsi-, financiado por Ruanda, país aliado histórico de los imperialismos estadounidense y británico. Ruanda exporta más minerales de los que produce porque por allí se trafica el material extraído del este del Congo. 
 Uganda es otro país que también interviene militarmente en el norte y el este del Congo con la excusa de combatir a los grupos armados.
 El imperialismo lleva la guerra consigo y propaga las pestes y la barbarie. 

 Aldana González 
 19/05/2026

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