miércoles, mayo 20, 2026

La guerra golpea la deuda pública y amenaza derrumbar a los mercados privados


Pone al desnudo la crisis de dominación política internacional del capital. 

 Desde que la agresión norteamericana-sionista contra Irán desatara una crisis energética internacional, el aumento del precio de los combustibles, fertilizantes y algunos minerales raros de especial importancia, no impactó en forma concluyente en la media de inflación de los principales países. Por la misma razón, tampoco afectó los mercados de deuda pública y, por lo tanto, la tasa de interés. Este desfasaje ha concluido: el índice de precios mayoristas en Estados Unidos, en mayo, alcanzó el 6 % anual, cuando la meta de la política monetaria de la Reserva Federal, para los precios minoristas, es del 2 % y la tasa efectiva de mercado orillaba el 4 %. La inflación incide negativamente en los bonos de la deuda pública y un mercado vendedor. Aumenta el costo del financiamiento del Estado; en Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania el pago de intereses de la deuda pública se ha convertido en el rubro más elevado de los gastos presupuestarios. Para contener la inflación, la política económica oficial prescribe el aumento de las tasas de referencia que aplican los bancos centrales. La irracionalidad del planteo salta a la vista, pues el desequilibrio económico que se pretende corregir es el resultado de una guerra internacional que tiene pronóstico de escalar. Como el gasto público desatado por la guerra deberá aumentar, como lo prevén los propios estados agresores, un aumento proporcional de los intereses de la deuda conducirá a una recesión ‘desordenada’, que se repartirá en forma extremadamente desigual. El paso siguiente será el racionamiento, como ocurre con todas las economías de guerra. 
 En este contexto, los analistas abordan otra cuestión: el contraste entre el mercado de deuda pública, en baja (aumentando intereses), y el mercado de acciones y el de crédito privado en general, que ha venido subiendo al ritmo de la Fórmula 1. Las ganancias financieras han sido enormes, incluso desde la embestida de Trump “contra el resto del mundo’ – como se viene diciendo. El ascenso accionario es, sin embargo, extremadamente, desigual – el 50% de la suba ha sido acaparado por las dos decenas de compañías que producen semiconductores e Inteligencia Artificial. Space X, la empresa de Elon Musk, ha alcanzado una cotización de 1.3 billones de dólares, con Nvidia pisándole los talones a cierta distancia. Los patrones de estas compañías hicieron parte del elenco que acompañó a Donald Trump a la reunión con Xi Jinping. Estas empresas se financian en el mercado bursátil, cuando emiten nuevas acciones a cotizaciones superlativas. Pero un gran número de ellas lo ha hecho en el mercado de crédito privado, con la particularidad de que se han endeudado varias veces por encima de su capital sin haber ofrecido ganancias realizadas, pero que descuentan que serán históricamente elevadas. Lo que preocupa a los analistas es que un aumento de la tasa de interés afecte ahora al mercado accionario; en primer término, al panel de las llamadas acciones tradicionales, que pagarían las consecuencias de una recesión. Pero, por, sobre todo, a las Grandes Magníficas, como se las llama, debido al mayor costo de su endeudamiento elevado. La crisis mundial de 2007/9 tuvo su epicentro en las Bolsas, no en la deuda pública. Sólo el rescate del capital privado por parte del Estado, en esa crisis y en las posteriores (pandemia), ha llevado a la deuda pública a niveles de default. En resumen, escalada de la guerra, mayor inflación, suba de tasas de interés, recesión, acabarían con el desfasaje entre el mercado de títulos públicos y el mercado accionario, provocando el derrumbe de este último. El mismo resultado podría provocar un revés militar del imperialismo norteamericano o una multiplicación de rebeliones contra las consecuencias de la guerra internacional y contra ella misma. 
 La interrelación de los escenarios de crisis financieras, podría acelerar los ritmos de ellas. Un aumento de la tasa de interés por parte del Banco de Japón, como ya viene ocurriendo, aceleraría la salida de inversiones niponas en Estados Unidos, donde hasta ahora obtenían un diferencial a favor; sería un movimiento de devaluación del dólar, en contradicción con el que impulsa su revalorización, mediante una suba de tasas en Estados Unidos. El eslabón más débil en esta crisis encadenada, es, posiblemente, Gran Bretaña, donde la cuestión de los títulos del Estado ha pasado a ocupar el centro de la crisis política. El impacto de estas sacudidas sobre China se daría en varios planos, en primer lugar, frente a una recesión internacional extendida. Provocaría un enorme revés en una economía que descansa sobre exportaciones elevadas crecientes, debido a una crisis de sobreproducción. Por otro lado, cerraría la apertura de fuentes de financiamiento, como se manifiesta en el éxodo de sus firmas hacia Singapur, que replica, en Asia, al mercado de Nueva York; el desarrollo del capitalismo en China ha sido financiado mayormente por el Estado y sus colaterales regionales y bancarias. El cierre de salidas a la crisis de sobreproducción sería, en China, una chispa eficaz para desatar protestas y rebeliones sociales. Pondría fin, de inmediato, a las fantasías de la burocracia china acerca de los “mercados abiertos” y la “multipolaridad”. La guerra imperialista internacional puede ser vista como un fenómeno súper-estructural, o sea geopolítico. como ocurre con muchos analistas, pero ella es siempre la expresión del estallido de contradicciones indisolubles instaladas en el modo de producción capitalista y, más precisamente, en su época de declinación. Es también la manifestación de la incompatibilidad entre el carácter internacional alcanzado por las fuerzas productivas, por una parte, y los estados nacionales, por la otra. La guerra mundial, de un lado, y la revolución internacional, del otro, no son más que dos salidas antagónicas a una misma contradicción, con la salvedad de que las guerras imperialistas reproducen esta contradicción hasta el infinito y la revolución internacional la supera históricamente. 

 Jorge Altamira 
 19/05/2026

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