miércoles, mayo 29, 2019

El Cordobazo y los usos de la imagen



La representación del Cordobazo en el cine argentino fue diversa, las mismas secuencias se utilizaron para trasmitir distintos sentidos políticos. La experiencia del Cine de la Base.

La representación del Cordobazo en el cine argentino ha recorrido distintos caminos. Desde las películas contemporáneas a los hechos como Argentina, mayo de 1969: Los caminos de la liberación, del Grupo Realizadores de Mayo, y Ya es tiempo de violencia, de Enrique Juárez, hasta una gran cantidad de variados documentales producidos en los últimos años, se han sucedido múltiples representaciones en donde el registro documental es lo preponderante.
Un hecho destacable es la recuperación permanente de material de archivo que permitió multiplicar los puntos de vista. Así en los últimos años programas como "Crónicas de archivo" de canal Encuentro han permitido conocer de una forma más amplia las imágenes y sonidos de la época. Este rescate de material documental es parte del archivo de Canal 10 de Córdoba que resguarda la UNC y al que acuden decenas de documentalistas en la actualidad. Imágenes inéditas del clasismo cordobés como las utilizadas en los documentales Memoria para reincidentes y Preguntas a un obrero que lee, fueron también encontradas en este archivo.
Comparadas con las condiciones actuales de registro digital y reproducción casi instantánea a través de las redes, el registro, copiado y difusión en la época tuvo múltiples limitaciones. En ese sentido es interesante analizar un hecho que destacan Mariano Mestman y Fernando Peña en su exhaustivo trabajo "Una imagen recurrente. la representación del Cordobazo en el cine argentino de intervención política", en esta investigación se descubre como un mismo fragmento de imágenes es utilizado en la mayoría de las producciones de cine político de los años ´70.
"... la mayoría de las películas militantes argentinas realizadas en los años sucesivos incorporaron imágenes de este suceso. Aunque éstas variaron de película en película, hay una secuencia emblemática recurrente: la que muestra a los manifestantes arrojando piedras a la policía montada que se frena en su avance, da media vuelta y se retira a todo galope. Se trata de un fragmento (cuya composición no es exactamente igual en todas las películas) que busca simbolizar el sentido principal atribuido al suceso desde el cine militante; esto es, el avance de las fuerzas populares frente al régimen, atravesado por un registro épico en la mayoría de los casos."
Es interesante detenerse en cómo se utilizaron las mismas imágenes para trasmitir diferentes análisis y propuestas políticas. Los principales colectivos de cine político Cine Liberación, de tendencia peronista, y Cine de la base, de izquierda clasista ligado al PRT, incorporaron fragmentos a sus producciones para trasmitir distintos sentidos.
El colectivo Cine Liberación impulsado por Pino Solanas y Octavio Getino incorporó referencias al Cordobazo en Perón, actualización política y doctrinaria para la toma del poder, 1971-2, El camino hacia la muerte del viejo Reales, de Gerardo Vallejo, 1971, Operación masacre, de Jorge Cedrón 1972, y en la nueva versión de 1973 de La hora de los hornos, en donde se cambió el final de esta película producida en 1968, y entre imágenes de Perón e Isabelita, la masacre de Trelew y la asunción de Cámpora, también se sumó al Cordobazo. Para este grupo la incorporación de las imágenes del Cordobazo tuvo el objetivo de ubicar estos hechos como parte de una historia peronista.
Como plantean Mestman y Peña en el trabajo citado "En general podría identificarse por un lado una tendencia en los grupos de orientación peronista (sea los más vinculados a su ala izquierda o los más alineados con la política del propio Perón) a ubicar el "Cordobazo" como un momento más (aún cuando destacado) de las luchas de la Resistencia posteriores a 1955, e incluso en algún caso como punto de llegada más alto y que abriría esa nueva etapa (con la caída del régimen militar de Onganía) en la que Perón (y/o el peronismo) ocuparía un lugar protagónico. Por otro lado, una tendencia en los grupos de la izquierda marxista a ubicar el "Cordobazo" como punto de inflexión en el sentido de la aparición de una alternativa revolucionaria independiente de viejos liderazgos políticos o sindicales."
El colectivo impulsado por Raymundo Gleyzer, Cine de la Base, incorpora imágenes documentales y referencias al Cordobazo en el film Los Traidores, 1973 y en distintos cortometrajes como los comunicados que filman para el PRT-ERP, 1972, o Me matan si no trabajo y si trabajo me matan, 1974.
El caso del film Los Traidores, otorga al Cordobazo y la influencia de éste en el surgimiento de las corrientes clasistas, un lugar de mucha importancia. Raymundo Gleyzer y Alvaro Melián, principales responsables del film plantean "Estábamos contando toda esta historia desde un eje, que era la construcción de la burocracia sindical, y también desde la aparición de esta zona de conciencia dentro del movimiento obrero, que era el clasismo. En ese momento, el clasismo estaba representado básicamente por la experiencia cordobesa, sobre todo a partir de SITRAC-SITRAM y del Viborazo. Pero no tenía presencia en Buenos Aires: aquí las fábricas grandes en esos años eran del peronismo de base -en el mejor de los casos- y si no, estaban en manos de la burocracia".
Durante la película se encuentran varias referencias a "los movimientos de Córdoba". Lo más destacado es la escena estilo video-clip que integra las imágenes del "fragmento clásico" con el tema La marcha de la bronca de Pedro y Pablo. Juana Sapire, sonidista del grupo y compañera de Raymundo, rescata esta experiencia "Raymundo Gleyzer trabajó con Alvaro Melián, codo a codo, todo el tiempo en el guión de Los Traidores y ellos armaron eso...esa imagen de la mujer arrastrando las cadenas, y los milicos retrocediendo, esa imagen vale oro, porque esa imagen te dice todo. La fuerza del pueblo, y los milicos retroceden cuando venimos de a muchos. Si sos una viejita, un chiquito ahí te pegan, si venimos todos juntos retroceden, reculan los desgraciados. Entonces esa imagen, eso es lo maravilloso del cine, fue usada en muchas películas por eso, porque es una imagen que por sí sola te dice todo. La marcha de la bronca, Raymundo la editó, no dice todo lo que dice la letra, la editó como él quiso, porque en esa época no importaba eso de los derechos de nadie, y quedó muy hermosa y perfectamente acorde a la imagen."
En la película hay otras referencias al movimiento surgido en Córdoba, y una importante escena es la que trascurre en la embajada de Estados Unidos, allí el embajador plantea preocupado que "the incidents in Cordoba might come across to Buenos Aires" (los incidentes de Córdoba llegarán a Buenos Aires), y agrega "You didn’t believe in the Cordobazo, you didn’t anticipate the Viborazo... Can’t you see that the workers are going over their leaders’ heads? This is a situation that cannot continue. If the goverment cannot guarantee the stability that we requiere for our investments, we have to take action. This has always been our policy" (Ustedes no creyeron en el Cordobazo, no anticiparon el Vivorazo...¿No ven que los trabajadores pasan por sobre la cabeza de sus líderes? Esta situación no puede continuar. Si el gobierno no garantiza la estabilidad que necesitamos para nuestras inversiones, tendremos que ponernos en acción. Esa siempre ha sido nuestra política ).
Juana Sapire recuerda también esta escena "Otra referencia al Cordobazo es cuando en la película los yanquis dicen mirá acá, mirá acá y señalan el mapa de Córdoba donde están los focos de rebeldía. Es eso, es la imagen, qué lindo es hacer la imagen. Era el cónsul de los EEUU que explicaba que estaba aterrorizado porque se le venían encima el pueblo, él decía "usted lo tiene que parar"...".
En Los Traidores el colectivo Cine de la Base trasmite su visión del Cordobazo, como punto de inflexión en las luchas obreras y populares, y como un hecho que abre el camino al surgimiento de un nuevo movimiento obrero clasista al que ellos se proponían aportar a desarrollar a través de su cine. Además de sus producciones cinematográficas, estas ideas fueron plasmadas en múltiples declaraciones y entrevistas que salen a la luz en diversas publicaciones e investigaciones, desde las primeras ediciones de 1985 del libro de la Cinemateca Uruguaya, pasando por El cine quema de Fernando Peña y Carlos Vallina, y hasta el recientemente editado libro Compañero Raymundo, un completo trabajo de Juana Sapire y Cynthia Sabat que rescata documentos y testimonios inéditos hasta el momento.
Como parte de estos escritos podemos rescatar las palabras y conclusiones de distintos miembros de Cine de la Base. Nerio Barberis: "y aquí viene algo que es muy peligroso de decir: nosotros no queríamos hacer cine. Nosotros queríamos hacer la revolución. Esta era una prioridad que esta generación quería: había que cambiar la mierda. Esto era una mierda había que cambiarlo; Mayo francés, Los Beatles, el Cordobazo, la revolución cubana...Eso compromete a un grupo de generaciones, que decide que hay que hacerlo y vale la pena...". Alvaro Melián: "la realidad de Córdoba no tenía nada que ver con Buenos Aires, era otro mundo...había una preocupación por elaborar teoría, incluso teoría revolucionaria, pero a la vez esa preocupación era del propio proletariado. Uno iba a los bares de Córdoba y se encontraba universitarios discutiendo con los sindicalistas, con las bases obreras, en un mismo plano".
En una entrevista hecha por la revista venezolana Cine al Día, a propósito de Los Traidores, Cine de la Base responde como colectivo "Por otro lado, lo que nosotros rescatamos de la película es la posibilidad de abrir una discusión y de plantear posibilidades concretas de organización, que responde a la necesidad de comenzar una política sindical anticapitalista, antipatronal, antimperialista y como la película se distribuye a través de organismos sindicales que tienen esa política, inmediatamente cumple esa función que es la de ser movilizadora."
Raymundo Gleyzer se refiere al Cordobazo en el texto Presentación y autocrítica en formas de diálogo con Tomás Gutierrez Alea, "...En el año 69′ hemos visto como la clase obrera, por su propia cuenta, nos desbordaba, desbordaba a todo el mundo, a los militares, a los burócratas sindicales y a nosotros mismos que seguíamos teniendo -y tal vez no la hayamos perdido- una actitud paternalista con respecto a la clase: o los obreros son todos buenos o todos malos. O no entendemos a los obreros, o hablamos en nombre de ellos, cuando nadie nos pide que lo hagamos. Es decir, hay una desvinculación respecto a la lucha que libra el pueblo y este es un error no sólo estratégico...Es un error gravísimo y lo es más aún desde el punto de vista del intelectual que quiere entregar un aporte a la revolución. Por lo tanto creo que la incorporación a una organización política determinada, a una organización que tenga un proyecto político concreto para la toma del poder es la misión fundamental de todo cineasta, de todo revolucionario que no lo sea nada más que en palabras. Sino estamos cayendo en la mierda, estamos comiendo mierda todos los días...."
A través de sus imágenes y sus palabras podemos ver que la influencia del Cordobazo en el ala izquierda del cine político y militante argentino se expresó en el objetivo de aportar con sus imágenes al desarrollo en el movimiento obrero de corrientes antiburocráticas o clasistas y a un compromiso en la construcción, de lo que ellos consideraron en el momento, como una alternativa revolucionaria.
Los usos de las imágenes del Cordobazo estuvieron influenciados por las corrientes políticas mayoritarias del momento. El peronismo por un lado con su política de conciliación de clases, y desde la izquierda con un ángulo guevarista, desarrollando acciones guerrilleras.
Nuevos usos de las imágenes del Cordobazo surgieron luego de la dictadura, entre ellos se destacan trabajos documentales que rescatan archivos del profundo ascenso obrero posterior a mayo del `69. Tomas de fábrica, procesos de organización antiburocráticos, desarrollo del clasismo, y las coordinadoras obreras de 1975, que fueron registradas por decenas de camarógrafos, cineastas, fotógrafos, trabajadores de televisión y aficionados de esos años, en su mayoría hoy anónimos. A pesar del corte histórico del golpe genocida, permitieron que este valioso archivo audiovisual de la clase obrera esté presente para continuar la historia.

Violeta Bruck
@Violeta_Bk
Miércoles 29 de mayo

Crisis de Bolsonaro: ¿”bonapartismo imperial” o “bonapartismo institucional”?

Está en curso una escalada de enfrentamiento político entre Bolsonaro por un lado y el Congreso junto al Supremo Tribunal Federal por otro. El presidente viene agitando por las redes sociales, cada vez más, que el Parlamento y la Corte Suprema (STF) son “corporaciones” que integran la “la vieja política” y que a través “negociados” impiden la “revolución conservadora” para la cual él fue votado. La escalada llegó hasta el punto de que en los últimos días el presidente difundió por sus redes sociales el video de un pastor africano que dice que muchas veces Dios pone directamente a los gobernantes en la tierra, y que Bolsonaro sería un “elegido”. Cuestión que fue tomada por los grandes medios para desprestigiarlo como antidemocrático, dirigente de una “secta extremista”, “loco” o “bipolar”.
Este enfrentamiento político se da en un contexto de importante deterioro de los indicadores económicos, con altísimos índices de desempleo, aumento de la pobreza, caída de la producción y del consumo, parálisis de las inversiones, caída de las expectativas de los empresarios, caída de la recaudación fiscal y recortes presupuestarios en varias áreas. La mayoría de los analistas ya destacan las tendencias recesivas de mediano plazo y algunos ya empiezan a hablar de depresión.
A la crisis política y económica ahora se sumó la entrada de la lucha de clases como un factor de la relación de fuerzas. Las manifestaciones de estudiantiles y docentes contra los recortes de Bolsonaro a la educación el último 15 de mayo, tuvieron impacto nacional e internacional, emergiendo como la primera gran manifestación de masas contra Bolsonaro, donde la juventud fue la gran protagonista, haciendo recordar los aires de 2013. Una nueva movilización por el mismo motivo está convocada para el 30 de mayo, y para el día 14 de junio la CUT y demás centrales sindicales convocan un paro nacional contra la reforma jubilatoria.
Es en este marco que Bolsonaro convoca a su base social a salir a la calle este domingo 26 de mayo. En un primer momento la convocatoria tenía un contenido que lindaba con un “autogolpe” contra el Congreso y la Corte Suprema, luego desde el propio bolsonarismo se pasó a “moderarla” para que sea “por la reforma jubilatoria” y “en defensa del gobierno”. No está claro qué contenido terminará primando, ni tampoco qué masividad tendrá. Ahí se va a medir por primera vez qué fuerza tiene en la calle el “bolsonarismo duro”, ya que será la primera vez que esa base social salga a la calle sin contar con el amplio “frente único” con las demás fuerzas golpistas que protagonizaron todas las etapas anteriores del golpe.

Dos proyectos bonapartistas en pugna

Desde el inicio del año hubieron distintos intentos de acuerdo entre Bolsonaro y el presidente de la Cámara de Diputados para encaminar la reforma jubilatoria en el Congreso, alternando momentos de tensión y de compromiso. En esas negociaciones se concentra tanto el destino económico como político del nuevo gobierno. La reforma jubilatoria es considerada como la “madre” de todas las reformas porque contiene el mayor volumen de ajuste fiscal, que el gran capital espera para poder planificar sus inversiones en el país. Por eso mismo, el presidente de la Cámara, Rodrigo Maia, viene utilizando el trámite de la propuesta de esta reforma jubilatoria como moneda de cambio para condicionar al poder del Ejecutivo y aumentar su propio poder como articulador de todos los demás sectores golpistas que no quieren dar a Bolsonaro los “superpoderes” presidenciales que este aspira conquistar.
Rodrigo Maia, como presidente de la Cámara de Diputados, tiene el poder de paralizar la agenda legislativa del Ejecutivo, dificultar el manejo presupuestario del gobierno, limitar el accionar político del presidente en distintos terrenos (como se mostró con Bolsonaro en Venezuela) e incluso poner agendas propias en el Congreso. A este poder de Maia se suma también el de la presidencia del Senado, que está integrada por un representante de su mismo partido, “Democratas” (DEM). Un partido heredero del Arena que fue la “cara civil” de la dictadura militar, que durante los gobiernos del PT fue marginado del poder, y que fue “preservado” por la Lava Jato. Desde esa “acumulación de fuerzas” (a la que se suman importantes gobernadores), el DEM se constituye como la “conducción” de todo el llamado “centrão”, o sea, políticos de partidos medianos sin ideología que viven de negociar beneficios (cargos, partidas presupuestarias) con el poder Ejecutivo de turno, sin los cuales es imposible constituir mayoría en el Congreso. Este poder ha permitido a lo largo del año que el DEM imponga sucesivas derrotas al gobierno en el Congreso.
Paralelamente, el bonapartismo judicial se ha dividido entre dos alas: una conducida por Sérgio Moro desde el Ministerio de la Justicia y la Seguridad Pública, que busca transformar la Lava Jato en una estructura nacional que conecta jueces, fiscales, policías, militares y órganos de inteligencia con el objetivo de generalizar los métodos de prisión preventiva, delación premiada y espionaje, sumados a una mayor impunidad al “gatillo fácil”, todo eso al servicio de la “revolución conservadora” prometida por Bolsonaro en las elecciones. Y otra ala, conducida desde el Supremo Tribunal Federal, que busca resistir a ese intento de dar “superpoderes” a la Lava Jato. Aunque Moro haya ampliado su poder integrando el Gobierno Federal, en especial en un país donde el Ejecutivo tiene muchos mecanismos para influir sobre el Legislativo, la Lava Jato ha sufrido importantes derrotas.
Esos choques entre el Ejecutivo y el Congreso por un lado, y entre distintas alas del bonapartismo judicial por otro, han provocado divisiones también entre los militares. Importantes sectores de la alta cúpula de las Fuerzas Armadas –tanto retirados como en puestos de mando– todavía no solo apoyan el gobierno, sino que han aumentado su poder dentro del mismo como para compensar las acciones por fuera de la relación de fuerzas que emanan de los ministros de extrema derecha y de los hijos del presidente. El intenso enfrentamiento público entre el “filosofo” ultraderechista Olavo de Carvalho y algunos de los principales militares del gobierno es una reacción del “bolsonarismo duro” al creciente rol “moderador” que los militares buscan ejercer. En este objetivo, terminan confluyendo –de forma más abierta o más velada– con los esfuerzos en el mismo sentido por parte del DEM y la Corte Suprema.
Esas crisis que cruzan las instituciones del régimen y el propio gobierno han “contaminado” cada vez más el ambiente económico. A pesar de que el programa de reformas neoliberales lo más radicales posibles es común a todas las alas golpistas, la reforma jubilatoria tramita muy lentamente, retrasando también los proyectos de privatización. En este contexto, las clases dominantes pasan a actuar cada vez más como un factor moderador adicional, llamando al compromiso para que avance la agenda económica. Sin embargo, Rodrigo Maia ha sido el principal beneficiario de esos cambios de humor, ya que los empresarios temen un empeoramiento aún mayor de la economía en el caso que siga escalando el conflicto, a la vez que el DEM es esencial para la aprobación de todas las reformas estructurales.
Las clases dominantes nativas se vienen dividiendo ante las políticas claves del bolsonarismo. Divisiones que responden no solamente al temor a una radicalización de la crisis política y a un empantanamiento de la reforma jubilatoria, sino también a los intereses estratégicos de los monopolios nacionales en las privatizaciones por venir y a qué política exterior debería adoptar el país. Fue lo que vimos en la crisis de Venezuela, donde hubo mucha resistencia a que Brasil se involucrara más directamente en el terreno militar, como quería Steve Bannon, amigo “íntimo” del presidente y sus hijos; en la ubicación respecto a las ambiciones de Israel sobre Jerusalén, dónde el alineamiento incondicional de Bolsonaro generó conflictos con la comunidad árabe; y también es lo que se muestra en las duras discusiones sobre las relaciones comerciales con China, donde muchos resisten el alineamiento incondicional con Trump. Esas pugnas han fortalecido a Rodrigo Maia y han tenido como articulador central entre los militares al vicepresidente, General Mourão, ya que ambos han adoptado una ubicación más pragmática, continuando lo que ha constituido tradicionalmente la política exterior del Estado brasilero en las últimas décadas.
A partir de esa ubicación que van adquiriendo parte importante de los militares, el Poder Judicial, el Congreso y la burguesía, los medios de comunicación tradicionales más masivos del país (Rede Globo, Estadão, Folha de São Paulo) se van constituyendo como portavoces de este esfuerzo “disciplinador”.
Es en ese escenario de conjunto de derrotas, crisis económica y campaña mediática en contra, que las encuestas muestran a Bolsonaro cayendo de forma lenta pero sostenida en su popularidad, a la vez en que se encuentra crecientemente aislado.

“Bonapartismo imperial” o “bonapartismo institucional”

No se debe perder de vista nunca que el golpe institucional no fue dado para que Bolsonaro asuma el poder. Este era una fuerza minoritaria entre los golpistas, que querían elegir de vuelta a un representante de la derecha tradicional. Que frente a la debacle electoral de la derecha tradicional hayan apoyado a Bolsonaro contra el PT nunca significó que tuvieran el mismo proyecto político. Muy por el contrario, desde el primer momento en que el excapitán se alzó como favorito, quedó en evidencia que los demás “factores de poder” se sumaban con intensiones moderadoras.
El desarrollo de las pugnas al interior del régimen golpista va delineando dos proyectos de bonapartismos distintos: uno “presidencialista imperial” de Bolsonaro, que busca alzar al Ejecutivo como institución absolutamente predominante del régimen y hasta mesiánica, a la que se deberían subordinar todos los demás “factores de poder”, utilizando a la Lava Jato y a “la calle” como herramientas de disciplinamiento. Y otro proyecto “bonapartista institucional”, donde los golpistas de los viejos partidos tradicionales (hegemonizados ahora por el DEM y teniendo como “centro de gravedad” el Congreso), en acuerdo con los demás “factores de poder” (STF, grandes medios de comunicación y parte de la cúpula de las Fuerzas Armadas), buscan disciplinar el poder de Bolsonaro a las otras instituciones que fueron parte del golpe.
Parte central de los mecanismos de disciplinamiento que más “joden” a Bolsonaro es la investigación de los lazos de su familia con las milicias paramilitares de Río de Janeiro, que tienen por detrás las alas “institucionalistas” de las fuerzas armadas y del Poder Judicial. Ahí se concentra parte importante de la pelea que se da a nivel nacional en la medida que Río de Janeiro es una especie de “estado fallido” donde nació el poder de la familia presidencial y desde donde emanó parte importantísima de los votos que garantizaron su triunfo electoral.
Por ahora, Bolsonaro cuenta con el apoyo de Trump, a cambio de la promesa de privilegiar a los monopolios amigos suyos en la privatización de lo que resta de las empresas públicas y recursos naturales de Brasil, así como el apoyo incondicional de Brasil a su política exterior, como se vio en Venezuela e Israel. Sin embargo, cabe la pregunta: ¿hasta dónde Trump está dispuesto a acompañar al excapitán en su proyecto “imperial”? A fin de las cuentas, no es “un detalle” que un país de la importancia internacional de Brasil vaya en un camino más abiertamente autoritario.
Por otro lado, como demuestra la recepción especial del alcalde de Nueva York a Rodrigo Maia en el mismo día que Bolsonaro visitaba a Bush en Texas, el “bonapartismo institucional” parece contar con el apoyo cada vez más explícito del Partido Demócrata norteamericano.
El analista político Breno Altman, en cuyo análisis nos inspiramos para distinguir esas distintas alas del bonapartismo golpista, hace una interesante analogía con el “fujimorismo” peruano de los 90. Él plantea que la línea actual de Bolsonaro llevada a las últimas consecuencias se acercaría a la obra del bonaparte peruano, desde ya con los límites de que en Brasil hoy no existe algo análogo a un Sendero Luminoso para “justificar” un cierre del Parlamento. Al contrario, el sujeto que más podría acercarse a un “enemigo interno” (Lula) todavía está bajo la custodia de la Lava Jato.
En ese sentido, la táctica de Bolsonaro todavía consiste esencialmente en apoyarse sobre la movilización de sus bases “civiles” en forma pacífica para desde ahí inclinar la balanza de los “factores de poder” a su favor y volver a sentar en la mesa de negociación a las demás alas golpistas en mejores condiciones.
Dicha táctica se inserta en un componente estratégico no menor: la fuerte influencia que Bolsonaro ejerce sobre la media y baja oficialidad de las fuerzas armadas, que junto a las policías militares y civiles no necesariamente acompañan los intereses “moderadores” de las altas cúpulas. Aunque Bolsonaro cuente con influyentes generales de la reserva que apoyan incluso sus campañas más “imperiales”, acá también hay que introducir una pregunta: ¿hasta qué punto este apoyo está enmarcado en la táctica de negociación al estilo “garrote y zanahoria” y hasta qué punto acompañarían al presidente ante una escalada de las tensiones?
Es pensando los escenarios estratégicos más de largo plazo que se debe analizar con cuidado el resultado de los dos decretos presidenciales emitidos por el nuevo presidente que buscan facilitar la posesión y portación de armas de fuego. O sea, ¿en qué medida Bolsonaro puede tener éxito en armar a su base “civil” para transformarla en un factor adicional de “presión” en caso de que los “golpistas institucionales” decidan removerlo del sillón presidencial?
Esa contradictoria relación de fuerzas que incluye el terreno militar, combinada con las tendencias psicológicas de Bolsonaro que eufemísticamente podríamos definir como “no conciliadoras”, es también la que empuja a ambos proyectos bonapartistas a buscar nuevas soluciones de compromiso. Está abierto no solamente en qué medida una de las dos alas podrá primar, sino también hasta qué punto podrá escalar la disputa. En el marco de esos nuevos compromisos posibles, lo que los “golpistas institucionales” buscan es una aprobación de algo que esté entre el 50 % y 80 % de la reforma jubilatoria propuesta inicialmente, con una pugna indefinida por quién capitalizará políticamente los beneficios de este resultado, así como por quién pagará los costos por los aspectos más impopulares de la misma.
Otra importante incógnita que se mantiene en el aire es hasta qué punto Sérgio Moro– que sigue siendo la figura más popular del país– va acompañar a Bolsonaro en su proyecto de un bonapartismo más imperial. Por ahora, el exjuez sigue siendo una pieza clave del armado bolsonarista. Sin embargo, el apoyo abierto que dio a los militares atacados por Olavo de Carvalho en el auge de la crisis entre ambos sectores del gobierno expresó un importante puente que este mantiene con el “bonapartismo institucional”. Acorde al oportunismo que caracteriza el jefe de la Lava Jato, lo más probable es que paulatinamente se incline hacia el bando vencedor.
La lucha por la autoorganización contra las burocracias y por la unidad entre estudiantes y trabajadores
Las movilizaciones del 15 de marzo demostraron que ya existe disposición de lucha para enfrentar las medidas más reaccionarias del gobierno con movilización de masas en las calles. Para potenciar esa perspectiva hace falta organizar asambleas de base que construyan un gran paro nacional que coloque millones de estudiantes y trabajadores en las calles uniendo la lucha contra los recortes en la educación con la lucha contra la reforma jubilatoria. Sin embargo, las burocracias políticas, sindicales y académicas del PT se esfuerzan por mantener el control burocrático de las manifestaciones e impedir una unidad real en la calle de la lucha de trabajadores y estudiantes.
En ese sentido, la principal ventaja con la cual cuentan ambas formas de bonapartismo hasta ahora reside en la estrategia adoptada por las direcciones políticas y sindicales del PT. Esta estrategia consiste en esperar a que Bolsonaro se desgaste por sus propias acciones para posicionarse mejor en futuras elecciones, asumiendo la administración de un país aplastado por los ataques del golpismo. Una espera que se limita a oponerle declaraciones parlamentarias y “jornadas de lucha” intranscendentes que no golpean sobre la relación de fuerzas de conjunto. Al dejar el camino abierto para que las movilizaciones contra los recortes a la educación sean contenidas y manipuladas por la Rede Globo y el Congreso como herramientas adicionales para el disciplinamiento del bolsonarismo, la burocracia sindical y política opositora termina haciendo el juego del “bonapartismo institucional” en contra el “bonapartismo imperial”.
Desde el Esquerda Diário y a partir de la militancia del MRT (Movimento Revolucionário de Trabalhadores) en el movimiento estudiantil y distintos sindicatos, luego de las grandes manifestaciones del 15 de mayo, peleamos para que se organicen asambleas en todos los lugares de trabajo y de estudio uniendo la lucha contra los recortes en la educación y la reforma jubilatoria. Militamos para que la jornada del próximo día 30 de mayo convocada por la Unión Nacional de los Estudiantes sea con paro nacional activo, y seguimos peleando para que desde las asambleas de base tomemos en nuestras manos la construcción del paro nacional del día 14 de junio desarrollando la autoorganización de estudiantes y trabajadores para poner en pie un plan de lucha serio que supere las trabas impuestas por las burocracias políticas y sindicales del PT.
En esta pelea, hacemos un llamado especial al PSOL, que aumentó su proyección en el imaginario popular como fuerza antagonista de Bolsonaro por el asesinato a Marielle Franco (parlamentaria de Río de Janeiro que fue víctima del accionar de milicias paramilitares con múltiples vínculos con la familia presidencial). Sin embargo, lamentablemente no han utilizado esa proyección para ser un factor en las movilizaciones contra los ataques neoliberales, han seguido de forma acrítica la política de las direcciones oficiales, encubriendo por izquierda la estrategia petista de buscar la unidad para futuras elecciones incluso con golpistas y neoliberales descontentos.

Un debate en el terreno de la oposición “por izquierda”

Ante la posibilidad de que Bolsonaro termine fracasando en sus intentos de movilizar sus “tropas” en la calle (lo que no se podrá medir solamente por lo que pasará este domingo, ya que podrá seguir intentándolo y ampliando sus condiciones de lograrlo en caso de que se vea acosado por los “golpistas institucionales”), empieza a instalarse un debate en los círculos del poder y los medios de comunicación sobre la posible sustitución de Bolsonaro por el vicepresidente General Hamilton Mourão a través de un impeachment. En el mismo sentido también se empiezan a considerar cambios constitucionales que aumenten el poder del Parlamento en detrimento de los poderes del Ejecutivo.
En este marco, sectores minoritarios del PT salieron con la consigna “Fuera Bolsonaro”, por detrás de la cual increíblemente ya empiezan a defender al ultraderechista, golpista y neoliberal Mourão como “mal menor” ante Bolsonaro.
La izquierda no puede más que rechazar de plano el impeachment o cualquier otra solución de compromiso con los golpistas institucionales como una salida abiertamente reaccionaria que busca dar legitimidad para administrar la herencia del golpismo y seguir implementando los ataques neoliberales. Por otro lado, hay que empezar a combatir desde ya las ilusiones que distintos sectores del PT empiezan a crear en eventuales “elecciones generales con Lula Libre”. Esa salida, que seguramente será levantada adelante por el PT en el caso de que se desarrolle la movilización de masas contra los ataques neoliberales de Bolsonaro, no podría ser el resultado de otra política que no sea la de un pacto del PT con el golpismo institucional para impedir que la clase trabajadora emerja como un sujeto político independiente de la burguesía –planteamos esto al mismo tiempo que desde el MRT defendemos la libertad inmediata e incondicional de Lula, sin darle ningún apoyo político al PT–.
Un pacto como este no solamente tendría el objetivo de contener el desarrollo de un genuino proceso de lucha contra el régimen y los ataques contra las masas, sino que sería completamente impotente para hacer retroceder toda la obra reaccionaria del golpismo. O sea, tendríamos al PT administrando la “herencia maldita” del golpismo y reclamando ser “lo posible” en el marco de “la relación de fuerzas” después de haber impedido que la acción de masas abra una relación de fuerzas favorable a los intereses de las mayorías explotadas y oprimidas.
En el caso de un desarrollo de las movilizaciones de masas contra los ataques neoliberales, la tarea de la izquierda deberá ser elevar las aspiraciones de las mismas planteando la necesidad de luchar por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana que se contraponga a todo tipo de soluciones bonapartistas un programa de demandas democrático radicales, anticapitalistas y antiimperialistas como el no pago de la deuda pública, la expropiación de los grandes terratenientes y de los principales recursos estratégicos de la economía bajo control de los trabajadores y el pueblo, y otras medidas que respondan a las demandas más sentidas de las mayoría explotada y oprimida de la población. Una pelea dentro de la cual puedan surgir las fuerzas para un gobierno de los trabajadores basado en organismos de democracia directa de las masas.

Daniel Matos

Un Brexit sin salida: ¿cómo sigue después de Theresa May?

Con la puerta del #10 de Downing Street de fondo y lágrimas en los ojos, Theresa May anunció su renuncia como Primera Ministra que se hará efectiva el 7 de junio. Permanecerá en el cargo probablemente hasta mediados de julio, cuando se espera que el partido conservador haya elegido a su reemplazante.
La noticia no sorprendió a nadie. Algunos analistas ya tenían listo el obituario político de May en 2017 cuando, sin ninguna necesidad, llamó a elecciones anticipadas y las perdió, quedando a merced del DUP, el ultra derechista partido unionista irlandés. Los más benévolos consideran que su transformación en pato rengo ocurrió hace seis meses. En diciembre pasado May sobrevivió raspando a un voto de censura promovido por su propio partido. Luego sufrió tres derrotas consecutivas en el parlamento que hicieron naufragar su plan de separación negociada con la Unión Europea. Finalmente, los tories perdieron la paciencia. Le notificaron por sobre cerrado que habían modificado el reglamento que los obligaba a esperar un año antes de volver a presentar una moción de censura. Una forma muy polite de comunicarle que le habían soltado la mano.
El momento elegido para formalizar la partida, en el medio de las elecciones europeas, parece haber sido una respuesta anticipada al retroceso largamente anunciado tanto del laborismo como de conservadores, aunque especialmente de estos últimos a manos del flamante Partido del Brexit de Nigel Farage cuya estrategia fue transformar las elecciones en una ratificación del referéndum del Brexit. Se sabe que en elecciones con alta abstención, como las europeas, los partidos freaks (marginales) suelen aparecer sobredimensionados, porque movilizan a su núcleo duro de votantes.
No es la primera vez que la “maldición de Europa” cae sobre el partido conservador, que reproduce en su interior las tendencias de la clase dominante, y expresa en su división entre “eurófobos” y “eurófilos” la conflictiva relación del capitalismo británico con el bloque europeo.
A comienzos de la década de 1990, el ala europeísta frustró el cuarto mandato de Margaret Thatcher, a quien el decadente capitalismo británico le debía nada menos que la derrota del proletariado y la contrarrevolución neoliberal. La Dama de Hierro era partidaria de la Comunidad Europea pero se oponía a la integración y se negaba a darle poder a lo que veía como un “supraestado” con sede en Bruselas. Su postura “soberanista” terminó sellando su suerte. La relación con Europa también fue un dolor de cabeza para su sucesor, John Major, que enfrentó una rebelión de su propio partido contra el Tratado de Maastricht.
La historia parece repetirse. Desde la derrota catastrófica que se autoinfligió David Cameron en el referéndum del Brexit, el 23 de junio de 2016, renunciaron dos primeros ministros (Cameron y May) y más de una decena de ministros relevantes, entre ellos los que estaban a cargo de la negociación con la UE.
Lo que pasará hasta el 31 de octubre, cuando vence el último plazo que le dio la Unión Europea al Reino Unido para que formalice su separación del bloque, con o sin negociación, es puro terreno de especulación. No se puede descartar un llamado a elecciones anticipadas, que es la política del líder laborista Jeremy Corbyn, o incluso un segundo referéndum sobre el Brexit.
En este escenario abierto, asoman dos certezas.
La primera, de corto plazo, es que el nuevo gobierno en la medida que tenga como única base de sustentación al partido conservador será tanto o más débil que el de May. Con el agravante de que será aún más antidemocrático pero sin la fuerza de un bonapartismo hecho y derecho.
En las próximas seis semanas es de esperar una guerra fraccional por el liderazgo del partido conservador entre el ala dura del Brexit (donde milita Boris Johnson) y quienes están por una salida negociada. De hecho esta guerra ya comenzó con la campaña “Stop Boris” promovida por el ala del “soft Brexit”.
Más allá de la virulencia de esta guerra sin cuartel, que sin dudas profundizará la grieta, el problema es que el enfrentamiento por ahora es inconducente porque ninguna de las dos fracciones tiene la llave para destrabar la situación.
El ala negociadora insistirá con una versión probablemente mejorada en los detalles del plan de May. Ya se sabe que Bruselas se niega a reabrir la negociación sobre los términos del acuerdo de divorcio, que incluye algunas “líneas rojas” como la apertura de la frontera con Irlanda. Solo aceptaría cambios en la declaración política. Esta posición nace relativamente derrotada. Una minoría intensa de unos 30 parlamentarios conservadores rechaza de plano este “semi Brexit”. No habría razones de peso para que le aprueben a otro primer ministro lo que le rechazaron varias veces a May.
Por su parte, los partidarios del Brexit sin acuerdo no tienen autorización del parlamento para poner en marcha esta “opción nuclear”. Porque el mismo parlamento que rechazó las propuestas de May, con la misma vehemencia votó en contra de abandonar unilateralmente el bloque europeo, “en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia”.
Es decir, que con o sin May se prolongará el impasse tóxico que hace tan improbable irse como quedarse en la UE.
Que uno de los grandes favoritos sea Boris Johnson es un signo de la dimensión geopolítica de la crisis del Brexit. Johnson, al igual que Farage, goza de la simpatía de Donald Trump que como se sabe es un partisano del hard Brexit, y de todos los “populismos” de extrema derecha que se proponen dinamitar desde adentro a la Unión Europea en general, y al liderazgo alemán en particular.
Para los conservadores, el núcleo racional de optar por Johnson es que podría blindar las porosas fronteras partidarias por donde se escurren los votantes pro Brexit hacia opciones más radicales. Pero al costo de poner al partido histórico de la clase dominante británica, con sus raíces aristocráticas, en manos de un personaje bufonesco impredecible.
Esto lleva a la segunda certeza, de más largo plazo. La renuncia de May cambia el escenario político pero no alcanza para desactivar la bomba del Brexit, por lo que es de esperar que se sigan profundizando las tendencias a la crisis orgánica que puso de manifiesto el triunfo del “Leave” y que amenaza con dinamitar las bases mismas del sistema político británico, considerado como uno de los más estables y conservadores de las democracias burguesas occidentales.
El Partido Laborista ha jugado un rol moderador de la situación. Corbyn ha surfeado hasta ahora la contradicción entre su posición poco entusiasta hacia la UE y la de su base, sobre todo juvenil, que es militante del “Remain”. Por la vía de no pelear sino buscar una solución de compromiso y de cuidar que las movilizaciones no se salgan de cauce, ha sido un sostén importante para May.
Pero la sola posibilidad de que Jeremy Corbyn pueda transformarse en Primer Ministro (algo bastante probable en unas elecciones anticipadas) espanta al gran capital, no porque Corbyn plantee una estrategia distinta a la colaboración de clases y la gestión del capitalismo, sino por el fenómeno militante que expresa y las ilusiones que despierta su programa de reformas −que incluye demandas como renacionalizaciones, gratuidad de la enseñanza universitaria, aumento de salarios, y la suba de impuestos a los ricos− después de décadas de hegemonía del ala neoliberal de Tony Blair.
El peligro que huele la burguesía es que la profundización de la crisis orgánica termine transformándose en lucha de clases.

Claudia Cinatti

¿Qué te pasa, Clarín, estás tranquilo?

Las declaraciones de Alberto Fernández, el candidato elegido por Cristina Kirchner, en relación a las empresas periodísticas y los medios como negocio fueron analizados en el editorial del “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite todos los domingos de 22 a 24 hs. por Radio Con Vos, 89.9

El impacto en la política nacional que significó la sorpresiva fórmula Fernández-Fernández (Alberto y Cristina, respectivamente) sigue dominando el escenario político. Sobre eso, además de lo planteado en este espacio el domingo pasado, escribí un artículo en revista Anfibia que se tituló “Cortá con tanta dulzura”.
Ahora, me quisiera referir a una entrevista que brindó Alberto Fernández hoy en Tiempo Argentino y sobre todo a lo que dijo en relación a la cuestión de los medios de comunicación. Y si hablamos de medios, hablamos de Clarín.
Circularon versiones periodísticas que ventilaron una presunta reunión cumbre entre Héctor Magnetto y Alberto Fernández el miércoles pasado. Versiones que el candidato niega. Pero no es necesario remitirse a rumores porque que dice públicamente es bastante elocuente.
¿Qué le dijo a Martin Piqué de Tiempo Argentino?
1) Que la guerra terminó.
2) Que todo lo que Clarín haya adquirido legalmente o haya sido avalado por el Estado toma estatus de “derecho adquirido”.
3) Que el impulso (limitado e inclusive mal aplicado) que la deshilachada Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual impulsada por el kirchnerismo le daba a ONGs o a organizaciones no comerciales -como las universidades- era un error e incluso hasta un problema.
4) Básicamente, porque la comunicación es un negocio y parece que ese negocio es natural e inmutable.
5) Incluso, a nivel más general, aseguró que hay una “batalla cultural” que se ganó, pese a que se perdió a todas luces la batalla material, porque Clarín está más empoderado que nunca: es la batalla por la “credibilidad”. Esto es raro porque se contradice absolutamente con lo que afirma Cristina en el libro Sinceramente, donde asegura que gran parte de los problemas e incluso de la derrota política en 2015, se debe a la manipulación mediática.
Hubo referentes, como la abogada Graciana Peñafort o el periodista Ari Lijalad que salieron a cuestionar estas definiciones o profesionales de la comunicación como Agustín Espada o Santiago Marino que también criticaron estos dichos.
Si todo lo que avala el Estado es un derecho adquirido, más allá del famoso caso de Papel Prensa, toda la historia de grupo es un cuento hadas. En la historia, Clarín nació recibiendo beneficios estatales, créditos, ayuda y papel de parte de Perón y el primer peronismo; el enorme predio que ocupa la redacción se lo concedió Arturo Frondizi; Papel Prensa lo obtiene gracias a la dictadura; la posibilidad de entrar en la radio (adquiriendo Radio Mitre) la consigue gracias a la interesada “vista gorda” de Raúl Alfonsín; el ingreso a la TV y a Canal 13: Menem lo hizo; la Ley de Quiebras que salvó a Clarín es un regalo de Eduardo Duhalde, la Ley de Bienes Culturales (una segunda salvación) es un obsequio de Néstor Kirchner, complementado con el “7D” más preciado, cuando el expresidente habilita la fusión de Cablevisión y Multicanal, horas antes de dejar el sillón de Rivadavia. En la era Macri logra la fusión con Telecom y una posición dominante como pocos en el continente y una pauta para hacer dulce.
Esta es la historia del principal grupo empresario, hay otras menores, aunque no poco relevantes, de medios en los cuales los empresarios se beneficiaron de ese “siga, siga” del Estado, esa especie de ley de la selva que propone Alberto Fernández, y terminaron dejando mucha gente en la calle y haciendo cualquier cosa menos periodismo.
Justamente, desde el punto de vista periodístico: libertad de empresa no es lo mismo que libertad de prensa, sino justamente lo contrario.
Se puede discutir, como respondieron algunos hoy, que la información es un derecho, qué tipo de derecho, cómo se conquista verdaderamente ese derecho y con qué herramientas; pero lo que es seguro es que el negocio va en contra de una buena comunicación y una buena comunicación jamás puede ser un negocio.
Yo no sé si se puede afirmar, como anda diciendo alguna gente con justa bronca por ahí, que Clarín va a poner nuevamente un presidente. Lo que es seguro es que estas cosas hacen verosímil aquella anécdota que narra que cuando le preguntaron a Magnetto si quería ser presidente dijo: “No, puesto menor”.
“La guerra se terminó” y “la comunicación es un negocio”, muy probablemente sonaron como la más maravillosa música a los oído del Ceo del Grupo, que cuando creyó que había ganado la guerra y encontrado todas las respuestas, le cambian generosamente la pregunta: ¿Qué te pasa Clarín, estás tranquilo?

Fernando Rosso
@RossoFer
Domingo 26 de mayo | 23:16

martes, mayo 28, 2019

Pasado y presente de las lecciones del Cordobazo



El 29 de mayo de 1969 tuvo lugar uno de los acontecimientos políticos más importantes de la historia argentina moderna, el Cordobazo. Cuando obreros y estudiantes protagonizaron una semiinsurrección que puso fin a la dictadura de Juan Carlos Onganía.

El Cordobazo es quizás el punto más alto de la lucha de clases de los trabajadores en la Argentina. Los obreros industriales junto a los estudiantes protagonizaron una semiinsurrección, hiriendo de muerte a una dictadura oscurantista -en lo político y cultural- y liberal en lo económico, como era el gobierno de Juan Carlos Onganía de la llamada Revolución Argentina.
Comparado con otras gestas del proletariado argentino fue la que alcanzó mayor nivel de destrucción por parte de los manifestantes desde la Semana Trágica de enero de 1919, donde para ironía de la historia, los antepasados del ministro Krieger Vasena, habían desatado con su represión a los huelguistas y el esquirolaje un fenomenal movimiento obrero que ganó con sus combates las calles de Buenos Aires.
Podemos señalar aquí dos continuidades de honda significación histórica. Por un lado, de los nombres y las políticas de la burguesía argentina a la hora de cargar contra los trabajadores. Si en 1919, la oligarquía negaba mejores condiciones de vida para la clase obrera, en 1969, el ministro de la dictadura anunció un plan de ajuste que buscaba liquidar y degradar conquistas que los trabajadores no estaban dispuestos a aceptarlo mansamente. Por otra parte, señalemos la continuidad de un hilo rojo de la historia. El Cordobazo retomó las tradiciones de la huelga general y los enfrentamientos callejeros de 1919, 1936 y 1959.

El plan Krieger Vasena y el fracaso de avanzar en el primer saqueo nacional

El mayo cordobés frenó de entrada el plan de ajuste que buscaba aumentar la sumisión del país al imperialismo y liquidar las conquistas de la clase obrera y el pueblo pobre. Sus agentes eran los militares en el poder y el gran capital concentrado, dejando heridas dentro de la misma clase dominante a la burguesía y pequeñoburguesía agraria del interior.
Tuvieron que pasar 7 largos años para que la burguesía argentina y el imperialismo, mediante la dictadura genocida, pudieran hacer efectivo el saqueo nacional y el ataque a la clase trabajadora que la semiinsurrección cordobesa le habían impedido. Ni los intentos de desvío y de contención, ni la represión estatal y paraestatal que representó el peronismo en el poder habían logrado los objetivos deseados.
De aquí una primera gran lección para el presente. El Cordobazo muestra un método: el de la movilización de masas, la huelga general política y el enfrentamiento decidido contra la represión; además de mostrar una alianza social, de los trabajadores, el movimiento de mujeres y la juventud, para iniciar el camino de la derrota del ajuste del FMI, Macri y los gobernadores.
La consigna coreada en las calles en 1969 “luche, luche, luche, no deje de luchar, por un gobierno obrero, obrero y popular”, es un objetivo a alcanzar para poner fin a las políticas de entrega nacional y la explotación económica y la opresión social del capitalismo.

El frente único y huelga general

El 29 de mayo dio inicio el paro general convocado por la CGT Córdoba de 36 horas con movilización hacia el centro de la ciudad. Las quitas zonales y la eliminación del sábado inglés incentivaron la protesta obrera y empujó al frente único de los grandes sindicatos de masas de la provincia. Por su parte el movimiento estudiantil venía luchando contra el cierre de los comedores universitarios, confluyendo con los trabajadores en el llamado a la huelga general. Los unía además la oposición a la dictadura represiva.
La movilización estuvo encabezada por las columnas de los sindicatos (SMATA, Luz y Fuerza, UOM, UTA). Rescatemos la descripción hecha de la disposición de fuerzas por el trabajo pionero y fuente de estudios del Cordobazo, Lucha de calles, lucha de clases:
“ a) el proletariado industrial altamente concentrado participa en forma predominante. La columna de 3.000 a 4.000 obreros de IKA a la que se suman 1.000 metalúrgicos y otros, avanza hacia el centro encuadrada por sus direcciones sindicales. Sumemos a ellos obreros de diferentes fábricas (Perdriel, Ilasa, Perkins, IME, etc.) que no fueron encolumnados pero sí organizados, y los de la FIAT, que en cierta medida participaron sin la anuencia de sus direcciones. b) el proletariado de servicios básicos participó en menor medida representado por Luz y Fuerza (1.000), pero no con menor combatividad. Participaron probablemente algunos ferroviarios y municipales. c) los empleados (públicos, bancarios, judiciales, municipales, comercio, etc.) tuvieron cierto papel, aunque secundario; solo participaron aquellos que por su cuenta decidieron permanecer en el centro. d) los estudiantes, cuyo número no puede ser evaluado, deben haber ocupado el segundo lugar después del proletariado industrial, si tenemos en cuenta el nivel alcanzado por la movilización previa que se originaba en las muertes de los estudiantes en Corrientes y Rosario. El día 28 se reúnen en diversas asambleas 5.400 alumnos universitarios. Tuvieron también cierta actividad los secundarios, aunque notablemente inferior a la alcanzada en Rosario, días antes. e) la pequeña burguesía (pequeños industriales, comerciantes, cuenta propia, profesionales, etc.) adquiere importancia al desplazarse la lucha a los barrios dando apoyo logístico. f) los jornaleros y desocupados tuvieron poca actuación, excepto en ciertos lugares y a ciertas horas.”

Movilizaciones hacia el centro de la ciudad

Fue el frente único obrero quien dio el primer impulso al movimiento. Después del asesinato en la represión del obrero de la IKA Renault, Máximo Mena, la huelga se transformó en semiinsurrección. El frente único de los sindicatos fue sobrepasado en sus métodos y objetivos por las barricadas callejeras y la ocupación del centro de la ciudad con el objetivo de derrotar a las fuerzas represivas.
Los estudiantes universitarios van a ser la resistencia a la ocupación militar en el Barrio Clínicas. La unidad obrera estudiantil fue una de las claves de la jornada y un signo de la época.
Podemos extraer la siguiente lección para el presente. La lucha por el frente único obrero y de las masas en lucha es una condición necesaria para que la clase obrera, el movimiento de mujeres y la juventud logren poner en movimiento los volúmenes de fuerzas necesarios para pasar de las luchas parciales y defensivas a la ofensiva. Es la forma de impulsar la movilización que derrote los planes del FMI y la burguesía argentina. Para eso hay que abatir la política conciliadora y de colaboración con el régimen del Fondo, de una burocracia sindical que boicotea toda acción de lucha y movilización masiva, como lo demostró cuando sopló alguna brisa de rebelión social en las movilizaciones contra la reforma previsional de diciembre de 2017.

Una insurrección incompleta

El gral. Eliodoro Sánchez Lahoz del III Cuerpo del Ejército, uno de los encargados de la represión del levantamiento, dejó una imagen patente de la situación de enfrentamiento: “Me pareció ser el jefe de un ejército británico durante las invasiones inglesas. La gente tiraba de todo desde sus balcones y azoteas”. Esta subjetividad del jefe militar jugando el papel de una fuerza de ocupación mostraba el carácter semiinsurreccional de la jornada y el profundo apoyo popular del movimiento callejero.
El Cordobazo fue lo que los marxistas denominamos una acción histórica independiente de las masas. La clase obrera acaudilló a los estudiantes y el pueblo pobre, transformando el paro general en una huelga general política que exigía el fin de la dictadura y, yendo más allá de la voluntad de los dirigentes sindicales, se transformó en una semi-insurrección.
Tomando a Lenin en su conocido artículo “Las enseñanzas sobre la insurrección de Moscú”, podemos decir que la acción de Mayo en Córdoba “demostró de un modo evidente que la huelga general, como forma independiente y principal de lucha, ha caducado, que el movimiento, con una fuerza espontánea e irresistible, se desborda de este marco estrecho y engendra la forma suprema de lucha: la insurrección”.
Estaba claro que las organizaciones que habían tomado preponderancia durante el Cordobazo habían sido los sindicatos y las del movimiento estudiantil. Resultó como conclusión de aquellas jornadas que esas instituciones, no podían por sí solas aglutinar a la fuerza combatiente que había actuado violentamente en las calles. El movimiento ocupó la ciudad y derrotó a las fuerzas policiales pero fue insuficiente para frenar al Ejército que obligó a la retirada hacia los barrios.

Se arman las barricadas

Cuando el centro de gravedad de los acontecimientos pasó de los sindicatos a las barricadas, los obreros y estudiantes carecieron de armamento y de organizaciones capaces de plasmar la unidad combatiente en las calles. Hubo un intento de coordinación de barricadas que fue insuficiente. En la historia han surgido ese tipo de organizaciones capaces de concentrar en sí mismas la unidad de la clase trabajadora y el pueblo pobre. Son justamente los soviets o consejos, que acompañados por sus milicias de autodefensa, a lo largo de las revoluciones sociales del siglo XX tendieron a tomar cuerpo, como expresión del nacimiento de un nuevo poder, parido por la insurgencia proletaria.
En el transcurso mismo del Cordobazo, sin una fuerza política revolucionaria que tuviera peso decisivo, no podía resolverse esta contradicción. Pero lo deja abierto como una cuestión a resolver a lo largo de todo el periodo revolucionario posterior. Es por eso que lo definimos como una semiinsurrección, es decir una insurrección incompleta.
El movimiento careció de la dirección de un partido revolucionario al frente, que señalara el objetivo del poder y hubiese preparado y alentado la formación de organizaciones de combate y del frente único de las masas para cumplir sus objetivos.
Fue en las huelgas contra el plan de ajuste de Celestino Rodrigo -llevado adelante por el gobierno peronista en junio y julio de 1975- la clase obrera pondrá en pie las coordinadoras interfabriles como un verdadero embrión del doble poder en las fábricas y lugares de trabajo, como las instituciones necesarias para profundizar en el camino del Cordobazo, pero careciendo de una dirección para pegar el salto a la insurrección.

Dirección y partido

El Cordobazo no fue preparado como un levantamiento insurreccional porque jamás fue el objetivo de sus dirigentes en su mayoría representantes de diversas fracciones sindicales del peronismo, ni siquiera de su ala izquierda representada por Agustín Tosco y Luz y Fuerza.
Desde este punto de vista adjudicar la realización del Cordobazo a la acción de los sindicatos, como autoproclamó Elpidio Torres entonces dirigente del SMATA, es darle a la dirección de los sindicatos un papel que no tuvieron ni buscaron. Para ellos la lucha política se refería al alineamiento con Perón o con el vandorismo y no a la intervención activa de las grandes masas en una huelga política y menos que menos en una semiinsurrección. Lo demuestra que inmediatamente después del Cordobazo, una vez muerto Augusto Vandor en junio de 1969, la burocracia sindical peronista se re-unifica para evitar la tendencia expansiva y contagiosa del levantamiento de mayo al conjunto del movimiento obrero y se disciplina a Perón en el exilio. Mientras que en Córdoba en particular, poco tiempo después la alianza entre Atilio López de la UTA y Tosco actuó para impedir el desarrollo de las tendencias clasistas como las que representaba el SITRAC-SITRAM, quizás el producto más legítimo de la insurgencia mediterránea.
El Cordobazo tampoco cayó de la nada. Fue preparado por la experiencia histórica de la clase obrera que desde 1955 había protagonizado la resistencia obrera contra el régimen libertador y se inscribió dentro de un clima de época donde la radicalización política es alentada por la Revolución Cubana y la Guerra de Vietnam. El joven proletariado industrial cordobés y los estudiantes lograron procesar en los combates callejeros un salto en la conciencia obrera y popular.
La fuerza semiespontánea de obreros y estudiantes alcanzaron para dar lugar a una semiinsurrección, lo cual fue suficiente para cambiar la relación general de fuerzas entre las clases y abrir paso a las ideas revolucionarias. El Cordobazo abrió un periodo histórico donde el enfrentamiento entre las tendencias a la revolución y la contrarrevolución estuvieron a la orden del día. El Cordobazo hirió de muerte a la dictadura de Onganía y al régimen libertador obligando a los militares y la burguesía a una retirada y al retorno de Perón y el fin de la proscripción del peronismo para poner fin a las tendencias insurgentes. No se pueden comprender el fin de la proscripción y el retorno de Perón, el Pacto Social, la Triple A y todos los intentos por lidiar con el ascenso revolucionario de la clase obrera y la juventud sin entender el Cordobazo.
Queda como última lección para el presente, la necesidad de poner en pie una poderosa fuerza política y social de la izquierda revolucionaria que se plantee superar la experiencia histórica de la dirección burguesa del peronismo que en los 70 actuó para desviar el proceso revolucionario, desarmándolo para enfrentar el golpe genocida del 1976. Que se plantee terminar con la burocracia sindical y recomponer la unidad entre las filas de los trabajadores y el pueblo pobre. Que contra los llamados al acuerdo nacional o el pacto social busque recomponer una alianza obrera y popular que incluya a los trabajadores de la industria y los servicios, a los precarizados, a los inmigrantes, las mujeres y la juventud para derrotar al régimen del FMI, sostenido por Macri y los gobernadores.

Facundo Aguirre
IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

A 50 años ¿Qué fue el Cordobazo?

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lunes, mayo 27, 2019

Brasil: "El inicio de una gran crisis política y de una fuerte recomposición del movimiento de los trabajadores"



Entrevista a Osvaldo Coggiola, docente de la Universidad de San Pablo, dirigente del sindicato docente y militante de la Coordinadora por la Refundación de la Cuarta Internacional realizada en el programa de radio “Pateando el tablero” del Partido de los Trabajadores de Uruguay y extraído de su página www.pt.org.uy

PT: ¿Cuál es la situación política en Brasil luego de las intensas movilizaciones de las últimas semanas?
Coggiola: Bueno, la huelga fue una sorpresa para el gobierno porque hubo manifestaciones que reunieron más o menos un millón y medio de personas en todo el país, en las ciudades más importantes. Entonces ha cambiado la situación política, que se caracteriza por una recomposición principalmente del movimiento estudiantil y de los sectores de empleados públicos. Todavía la clase obrera industrial, salvo algunas huelgas, no se ha incorporado aún al movimiento. El gobierno ha reaccionado organizando manifestaciones a su favor, en el día de hoy en Brasilia, y la situación que enfrenta es que la base electoral que le dio la victoria a Bolsonaro el año pasado ha realizado una manifestación mucho menor de la que hubo cuando Bolsonaro fue elegido. Ahora el 30 de mayo, tendremos una nueva huelga nacional de la educación, una paralización nacional de toda la educación. Todo esto en preparación de la gran huelga contra la reforma del sistema de jubilaciones que va a tener lugar el 14 de Junio que va a ser el gran momento para medir fuerzas entre el movimiento obrero y popular y el gobierno.
Esto ocurre en medio de una crisis donde prácticamente en Brasil, por lo menos en materia de política externa, nosotros tenemos en este momento dos gobiernos. Porque en las cuestiones principales desde el inicio del gobierno de Bolsonaro, como por ejemplo, en las relaciones con China o la situación en Venezuela, el vicepresidente interviene sin importar lo que dice el presidente. O sea que tenemos esta situación, y la propia base en el parlamento de Bolsonaro, se le dio vuelta en las votaciones importantes. Es decir, que tenemos el inicio de una gran crisis política y el inicio también de una fuerte recomposición del movimiento de los trabajadores, y principalmente del movimiento de la juventud que es el que está en este momento en las calles.
PT: ¿Cuál es la perspectiva para la izquierda en este cuadro?
Coggiola: La izquierda no ha sufrido grandes cambios desde las elecciones pasadas. Sucede lo siguiente: tenemos el Partido de los Trabajadores, con su principal líder Lula que está preso. Lula se juega como carta de recambio frente a una crisis de este gobierno. En una entrevista muy importante que le fue solicitada, y publicada por el diario El País de Madrid que expresa las posiciones de la Unión Europea. Y debo mencionar aquí que sobre la cuestión brasilera hay una gran división del imperialismo, la Unión Europea está tomando su distancia del gobierno de Bolsonaro por ese le conceden esta entrevista. Lula declaró que el gobierno es un gobierno de locos y, al mismo tiempo, sin embargo llamó a una autocrítica generalizada. Eso significa tender una mano a la oposición, a los sectores que lo pusieron en cana. Él está preso desde el año pasado por esa gente, la vieja base de su propio gobierno. Hasta aquí la situación del partido más importante de lo que se llama de izquierda. ¿Qué se puede decir del resto de la izquierda? El resto de la izquierda, por ejemplo el PSOL, intenta diferenciarse, pero en el momento de las elecciones pasadas presentó un candidato que era un satélite del propio PT. Fuera de eso, nosotros tenemos otra izquierda que es bastante más fuerte en los movimientos de lucha, pero que no existe todavía como alternativa política general, porque no consigue encontrar una política, de un lado, que no sea una política de satélite del Partido de los Trabajadores o situándose dentro de la propuesta que entiende el PT que son propuestas de buscar una salida institucional de acuerdo a la crisis actual, política del gobierno y, de otro lado, defienden políticas que son principalmente movimientistas que no se plantean estructurarse como alternativa política. Por lo tanto el gran problema que tenemos es que no existe la izquierda organizada de tal modo que se pueda plantear una salida obrera y de izquierda a la crisis política del gobierno. Ésta es la gran tarea que está puesta en el orden del día de los militantes marxistas en Brasil.
PT: Una última pregunta. Leyendo los diarios aquí en Uruguay, algún medio coloca la posibilidad de una caída del gobierno de Bolsonaro ¿Coincidís con esta perspectiva?
Coggiola: Mirá, esta crisis hay que seguirla paso a paso, porque no está en absoluto claro lo que va a pasar. Te voy a decir lo siguiente, en el boletín clasista que nosotros publicamos señala, por ejemplo, que el humorista más conocido, leído y seguido del país hizo un chiste sobre Tite – el técnico de la selección brasileña- que decía que Mourâo (el vicepresidente) tenía que empezar a calentar para entrar en campo, lo que hizo reír a mucha gente. Porque efectivamente está abierta la posibilidad de una caída del gobierno. Sin embargo, una caída del gobierno suscitaría una crisis espantosa porque a Mourâo antes de las elecciones no lo conocía nadie, por lo tanto, sería un gobierno absolutamente ilegítimo a los ojos populares. Y plantearía la necesidad de una convocatoria a nuevas elecciones y, eventualmente, frente a la crisis institucional del país inclusive plantearía la cuestión de una Asamblea Constituyente. A esta salida la burguesía le huye como la peste, por lo tanto, en la última semana hemos visto que se han atenuado por parte del sector parlamentario que había que tomado distancia del gobierno, que son la base de los candidatos derrotados en la última elección. Y por otra parte, los grandes medios de comunicación como la O Globo, estaba en una posición claramente hostil a Bolsonaro y deschabando todos los chanchullos que son espantosos de los hijos de Bolsonaro, que no son sólo ladrones y chorros, sino que también están ligados a la milicia que asesinó a Marielle Franco. Un asesinato que conmovió al país y el mundo. Entonces, la propia red O Globo resolvió quitar un poco el pie del acelerador a la confrontación muy fuerte con Bolsonaro, porque éste se apoya en las Iglesias Evangélicas y Pentecostales están avanzando sobre los medios de comunicación y la O Globo pretende continuar siendo una especie de gran monopolio de la comunicación en Brasil.
Es decir, que la crisis al interior de la burguesía es muy fuerte, pero te puedo decir que el movimiento de la última semana ha sido de soltar un poco el pie del acelerador porque bajar al Bolsonaro, hacer un impeachment a Bolsonaro en este momento plantearía una crisis política que podría transformarse literalmente en crisis revolucionaria. O sea que hay un impasse política muy grave y la cuestión es que el movimiento obrero y el movimiento sindical tome la iniciativa. Yo estoy en este momento en una reunión de la dirección nacional del sindicato de profesores universitarios, yo estoy en la dirección, y estamos discutiendo las medidas de lucha en esta situación política para que los trabajadores no sean convidados de piedra en esta crisis sino que planteen su propio programa y lo planteen a través del único medio por el cual pueden intervenir en esta crisis que es a través de la movilización en la calle, de la movilización de masas.

El final de May no es el fin de la tormenta



Con la caída de Theresa May, el Brexit se ha llevado puesto a su segundo primer ministro, tras la caída de David Cameron en 2016. May había perdido ya todo respaldo: estaba desautorizada por la derrota de sus propuestas en el parlamento, se había roto el diálogo con los laboristas, y su sucesión se negociaba de modo más o menos abierto dentro de su propio partido.
El fracaso de May es el fracaso de una tentativa por conducir el proceso abierto por el Brexit a través de una retirada negociada con la Unión Europea. Cada borrador de acuerdo fue rechazado tanto por el sector “brexiter” más duro como por el de los partidarios de permanecer en la Unión Europea. Es lo que pasó con su último pre-acuerdo que establecía una unión aduanera transitoria y una cláusula de salvaguarda para evitar una frontera dura (restablecimiento de aduana y pasos migratorios) en Irlanda.
No se espera, sin embargo, que la salida de May calme las aguas. Los principales nombres en danza para reemplazarla son “brexiters” duros, entre ellos el ex canciller Boris Johnson, que se parece a Trump hasta en los modales. Una designación de ese tipo agravaría los choques con la Unión Europea. Johnson ha asegurado que el Reino Unido debe retirarse de la UE cuando expire la prórroga dispuesta por el bloque, “con o sin acuerdo”. Trump atiza la separación para fragmentar Europa y apuntalar intereses comerciales y políticos de la burguesía yanqui. Es interesante que, en medio de la pelea Google-Huawei, la posibilidad de que la compañía china desarrolle la red 5G en el Reino Unido desató una tormenta política.
El temor a las consecuencias de un Brexit duro ya llevó a un sector del capital financiero a relocalizar operaciones hacia el continente. Empresas de máximo nivel como Ford y Airbus han amenazado con su salida. Al calor de estas presiones, resurgen los planteos de un nuevo referéndum para desandar el proceso de salida. La salida de la UE plantea, adicionalmente, la posibilidad de una retirada de Escocia, en cuyos círculos dominantes prevalecen las tendencias europeístas. Además, el restablecimiento de una frontera dura entre Irlanda e Irlanda del Norte puede llevar a la reapertura del conflicto independentista en ese país. Sintomáticamente, una periodista murió asesinada en abril durante la represión de una protesta de grupos republicanos en la localidad norirlandesa de Derry.
El empantanamiento parlamentario, la crisis política y el deterioro de las condiciones de vida de las masas han golpeado fuertemente a los conservadores, que perdieron mil concejales en las recientes elecciones municipales (sobre ocho mil cargos en juego). A la luz de este escenario, no está claro que el sucesor de May vaya a avanzar en la convocatoria de nuevas elecciones, pese a que los conservadores poseen una mayoría estrecha y muy precaria en el parlamento.
Pero esta crisis podría golpear también a los laboristas, cuyo partido también está dividido con respecto al Brexit. En las municipales, el partido de Jeremy Corbyn, que venía en ascenso con una agenda reformista de nacionalizaciones, también tuvo una caída (en mucha menor proporción que los conservadores). En cambio, crecieron en ella los liberal-demócratas (pro-europeos) y los verdes, de un lado, y se espera –como reverso de la medalla- un triunfo del ultraderechista Partido del Brexit (refundición del Ukip) de Nigel Farage en las elecciones para el Parlamento Europeo. Se está fragmentando cada vez más el mapa político.
El Brexit es una de las mayores expresiones de las consecuencias explosivas que plantea la bancarrota económica mundial. Se hace urgente la intervención independiente del proletariado.

Gustavo Montenegro

Una transición tutelada por el FMI



El kirchnerismo ha festejado con un entusiasmo digno de mejores causas la llamada ‘calma de los mercados’ de los primeros días de esta semana. Deducen de ello que la renuncia a la candidatura presidencial de Cristina Kirchner y la nominación de Alberto Fernández habría logrado la aceptación de los verdaderos destinatarios de la movida: el gran capital internacional y nacional, que hasta ahora se mostraba remiso a aceptar una vuelta de la ex presidenta a la Casa Rosada. El entusiasmo también se extendió por el apoyo recogido en un amplio espectro de los gobernadores peronistas, que hasta hace poco parecían integrar el Peronismo Federal. Se trata de un sector clave que cogobernó con Mauricio Macri en sus tres años y medio de gobierno, apoyando su política de endeudamiento voraz y ataque a las conquistas populares de los trabajadores.
La respuesta de los destinatarios estuvo determinada por el contenido del mensaje enviado desde el comando kirchnerista, que presenta la decisión de su jefa como un ‘renunciamiento histórico’ en favor de la Nación. La analogía con Evita, aunque forzada, tiene puntos en común. En el caso de Evita el ‘renunciamiento’ fue impuesto por el alto mando militar. Ahora, con Cristina Kirchner, por la banca acreedora. La historia de la década del ’50 la conocemos: las mismas Fuerzas Armadas que impusieron ese veto, terminaron volteando a Perón en 1955. La historia de este ‘renunciamiento’ de Cristina Kirchner está aún por escribirse, pero podemos suponer sus rasgos generales. Alcanza para ello con ver el equipo económico que asesora a Alberto Fernández. Guillermo Nielsen, el más destacado de ellos, ha fatigado los medios de comunicación en estos años para cuestionarle al macrismo su “gradualismo”. En nombre, claro, de un shock ajustador.
Percatados del currículum de Alberto Fernández, muchos kirchneristas se consuelan señalando que en caso de un triunfo de esta fórmula, Cristina Kirchner tendrá el poder real y podrá controlar sus acciones desde la vicepresidencia. Sería, así, una réplica del “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. Pero estamos ante un consuelo de tontos. Héctor Cámpora fue puesto por Juan Perón para eludir la proscripción de la dictadura y para contener el apoyo de la izquierda peronista y de la clase obrera y la juventud. En cambio, Alberto Fernández fue nominado por presión del gran capital. En eventuales choques entre la eventual fórmula presidencial, el Fernández Alberto tendrá el respaldo del gran capital y también del peronismo. Quien corre el riesgo de ser Cámpora es Cristina, no Alberto. La diferencia aquí radica en que los votos los tiene la Fernández Cristina y no Alberto, mientras en el ’73 los votos eran de Perón y no de Cámpora. Pero este hecho refuerza el tamaño de la concesión del kirchnerismo, que le ha entregado la cabeza de la fórmula presidencial a quien no medía en las encuestas ni el 1% de los votos.
La mayoría de los gobernadores peronistas que estaban apoyando la llamada ‘variante intermedia’ entre Macri y el kirchnerismo han encontrado ahora que ésta la encarna el propio Alberto Fernández. Su respaldo a esta candidatura fortalece su carácter derechista. Entusiasmados por lo logrado, ahora van por más. Ya hay fuertes presiones de los intendentes peronistas para que sean ellos quienes nominen al candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires y bloquearlo a Kicillof. Incluso en la Ciudad de Buenos Aires, la nominación de Alberto Fernández recibió el apoyo de Matías Lammens, presidente de San Lorenzo y lavagnista de la primera hora. Lammens pide ahora un gesto porteño: que Mariano Recalde, de La Cámpora, baje su candidatura y lo nombren a él en su lugar. El operativo copamiento puede ser masivo. Sobre todo, si se tiene en cuenta que el kirchnerismo colaboró con la reelección del pejotismo en las provincias, Juan Schiaretti incluido.

Macri en la cuerda floja

La bajada de Cristina Kirchner ha impactado en todas las fuerzas políticas ubicadas a su derecha del tablero político. Roberto Lavagna debió salir del letargo y confirmar su candidatura ante el temor de quedarse solo. El Peronismo Federal se debilitó con la pérdida de varios gobernadores y está más dividido que nunca. Sergio Massa amenaza con irse a unas Paso contra la fórmula Fernández-Fernández, aunque duda porque tiene una derrota cantada. Según las versiones, creería que el giro a la derecha de Cristina Kirchner aún no ha concluido y que podría derivar en la renuncia también a la vicepresidencia. Sin embargo, algunos de los financistas del ex intendente de Tigre, como ser la dupla mediática dueña del grupo América Vila-Manzano, ya se han pasado del lado de los Fernández, especialmente de Alberto. Por su lado, los progresistas, que habían aceptado sumarse al armado del Peronismo Federal, comiéndose el sapo de los Pichetto y compañía en nombre “construir poder”, corren el riesgo de quedar relegados otra vez a posiciones marginales.
El golpe más importante, sin embargo, es a la candidatura presidencial de Macri. Dentro de Cambiemos crece el reclamo de que la bajada de Cristina Kirchner debe ser replicada por Macri, con una indeterminada ampliación de Cambiemos, habilitando unas Paso e incluso con una renuncia al intento reeleccionista. Las encuestas lo colocan por debajo del 30%, pudiendo perder en primera vuelta. Las posibilidades de retener la provincia de Buenos Aires son cada vez menores. Incluso hasta la Ciudad de Buenos Aires podría estar en riesgo, si Alberto Fernández termina nominando un candidato como Lammens. El reclamo de la renuncia de la candidatura de Macri estará incluido en el menú de reclamos de la Convención Radical del 27 de mayo. Incluso los que quieren quedarse en Cambiemos piden su relevo por María Eugenia Vidal y sumar a la alianza, que podría ser rebautizada, la incorporación de peronistas como Juan Manuel Urtubey.
Aunque muchos presenten un escenario así como una polarización reforzada, en realidad, asistiríamos a una disputa entre bloques capitalistas con propósitos y programas similares. El recule de Cristina Kirchner y la nominación de Alberto Fernández coloca el proceso electoral bajo el tutelaje del FMI. Todos los bloques y listas en cuestión se orientan en la misma dirección. Para el macrismo, representa una crisis, porque pretendía explotar de modo excluyente el respaldo del capital financiero.

Disputa estratégica

De más está decir que la llamada calma de los mercados de estos días está lejos de modificar el cuadro de bancarrota general de la economía argentina. El peso de la deuda representa ya el 90% del PBI. La caída de los índices de producción y consumo conviven con una inflación que sigue a niveles muy altos. La mayorista de abril, por ejemplo, se ubicó otra vez por encima del 4%. El Banco Central está virtualmente quebrado, con pasivos que superan largamente sus activos. Sólo en los próximos meses deberá enfrentar vencimientos de Leliq superiores a los 700.000 millones de pesos. La necesidad de recurrir a una emisión masiva para cubrirlos pondría a la Argentina al borde de una hiperinflación. La presión sobre el dólar continúa, como lo prueba la pérdida de reservas que adquiere un ritmo dramático. En menos de un mes se consumirá el 80% del último préstamo del FMI. Lo peor, por lo tanto, está por venir.
La burocracia sindical aborda esta crisis defendiendo los intereses de los bloques capitalistas. El paro del 29 de mayo, convocado por la CGT y el moyanismo, se inscribe en el proceso de recambio político tutelado por el FMI. Mientras va al paro, esta burocracia acaba de firmar paritarias a la baja en muchos sindicatos clave. En oposición a esta política, el Partido Obrero llama a parar masivamente contra el régimen del FMI, su gobierno y las fuerzas políticas que pilotean esta transición para hacerle pagar a los trabajadores la factura de la crisis capitalista.
Para el Frente de Izquierda, así como para el conjunto de la izquierda y los sectores combativos de los trabajadores y los demás sectores populares, la disputa política adquiere un sentido estratégico: el eje de la etapa es separar a los trabajadores del nacionalismo burgués y de las fuerzas que se postulan para pilotear este recambio patronal, planteando una salida de los trabajadores y la izquierda, la ruptura con el FMI y el repudio al pago de la deuda, como parte de un programa de transición para que la crisis la paguen los capitalistas. Es, en ese sentido, que insistimos con nuestro llamado a firmar de inmediato un acuerdo integral del FIT e integrar a la izquierda a listas únicas, y convocar un Congreso para que la vanguardia obrera y popular se movilice políticamente y sea protagonista de la campaña, con un método de lucha de clases. A 50 años del Cordobazo, sería nuestra mejor reivindicación y homenaje.

Gabriel Solano

El mundo contra Trump

El Presidente Trump consolida su liderazgo en el partido republicano, luego de que el Consejero Especial de EEUU, Robert Mueller, entrega al Fiscal General, William Barr, el informe final de la investigación sobre la presunta interferencia del Kremlin en el proceso electoral estadounidense de 2016, que le habría permitido a Trump llegar a la Casa mediante colusión con el Presidente Putin; esto Mueller no logra demostrar. La inocencia de Trump pone fin a lo que llama “caza de brujas” y le garantiza ser candidato republicano en la próxima elección presidencial, con una alta probabilidad de triunfo.
En estas circunstancias, Trump reconoce la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, territorio sirio ocupado por Israel a partir de la guerra de los Seis Días, lo que permite que Netanyahu sea reelecto en Israel y que el AIPAC, agrupación judía que realiza tareas de presión en todos los ámbitos de EEUU y sobre la que Netanyahu tiene influencia, le brinde su apoyo en la próxima elección. Con todos estos ases bajo la manga, Trump comienza una inexplicable guerra contra el mundo.
Sólo si se toma en cuenta que el Pentágono planifica el retiro de sus tropas del Medio Oriente para afianzarse en la Cuenca del Caribe, se explica por qué Trump enfile sus cañones contra la patria de Bolívar, que considera fácil de derrotar. Si hubiera arrojado a Maduro del poder, habría obtenido un logro político para su administración, pues hubiera controlado la producción de petróleo de Venezuela y, luego de bloquear el ‎acceso de Irán al mercado petrolero mundial, hubiera dominado el comercio global de gas e hidrocarburos. De ahí que Venezuela y la Revolución Bolivariana jueguen un rol fundamental para que EEUU prolongue su actual hegemonía.
Así las cosas, su gobierno amenaza invadir Venezuela, algo de difícil ejecución porque la debilidad de EEUU en esa zona se hace patente por la debilidad de sus colaboradores locales, que se oponen a cualquier intervención militar; incluso, sus aliados europeos la rechazan. Federica Mogherini, representante diplomática de la UE, declara: “Los recientes acontecimientos confirman la urgente necesidad de un proceso político que lleve a una solución democrática enmarcada en la Constitución de Venezuela.” Por lo visto, EEUU se juega en ese país su preponderancia mundial y Trump, de tener un duro revés, la reelección presidencial.
¿Qué pasó? Que le informaron mal al presidente Trump. Le proporcionaron una evaluación errónea sobre la realidad política y social de Venezuela, según la cual derrocar al gobierno de ese país era más fácil que chupar un helado de vainilla. Le informaron que Maduro se cae si se dice a los militares que no le apoyen. Trump les hizo caso. “Hoy tengo un mensaje para cada oficial que ayuda a mantener a Maduro en el poder... No debes seguir sus órdenes de bloquear la ayuda humanitaria, y si lo haces no encontrarás salida y lo perderás todo”, dijo, pero únicamente cuatro pelagatos le hicieron caso. Amenazas parecidas se escucharon por parte de otros miembros de su gobierno y nada cambió, pese a que lo intentaron tres veces.
Trump quedó frustrado ante semejante fracaso y se quejó de haber sido engañado por sus servicios secretos. ¿Qué hacer? Conversar sobre la crisis de Venezuela con el presidente Putin. Para ello envió a Pompeo a Sochi.
El ex Director de la CIA parecía un niño inocente cuando planteó: “Esperamos que el apoyo de Rusia a Maduro termine e insto a que mis colegas rusos apoyen al pueblo venezolano mientras devuelven la democracia a su país. Estados Unidos y más de cincuenta naciones coinciden en que ha llegado el momento de que Nicolás Maduro se vaya.” Hablaba como si desconociera la posición rusa, opuesta a todo tipo de intervencionismo. “Rusia está a favor de que el pueblo determine su futuro, y es de suma importancia que todas las fuerzas patrióticas responsables de la política de Venezuela inicien un diálogo entre ellas, en el marco del llamado Mecanismo de Montevideo. Y el gobierno de Maduro está dispuesto a ese diálogo”, le contestó Lavrov y añadió: “Las amenazas contra el gobierno de Maduro no tienen nada en común con la democracia.” Pompeo, intentando endulzar las estulticias cometidas por su país en las relaciones con Moscú, expreso: “El Presidente Trump está decidido a mejorar las relaciones con Rusia.” A lo que Putin contestó: “Hace unos días tuve el placer de hablar con el presidente estadounidense vía telefónica, y tuve la impresión de que él está dispuesto a restaurar las relaciones ruso-estadounidenses y resolver conjuntamente las cuestiones que representan un interés mutuo y nos gustaría también restaurar las relaciones plenamente, espero que se estén creando ahora las condiciones necesarias para ello.” Recalcó que Rusia está dispuesta a colaborar con Washington en la resolución de los problemas de Corea del Norte, el programa nuclear de Irán, el mercado energético mundial, los tratados de control de armas nucleares y otros asuntos estratégicos. Ahora sí, Venezuela depende de ella misma y del poder de resistencia de su pueblo. Es que EEUU es poderoso, pero no tan poderoso como cree.
Llegó la hora de que Estados Unidos finiquite la política de intimidar al prójimo y respete los acuerdos internacionales que firma, para que sean estables y eficientes los compromisos que adquiere con sus aliados y adversarios. Hasta ahora ha llevado una política de exigir ventajas sólo para sus empresas e imponer sanciones al que no acata sus órdenes y no le rinde pleitesía.
Tal es el caso de Irán. Rusia, EEUU, el Reino Unido, China, Francia, Alemania y la UE firmaron en 2015 el Plan de Acción Integral Conjunto, PAIC, que establece limitaciones al programa nuclear de Irán a cambio del levantamiento de sanciones internacionales en su contra. Pese a ello, el Presidente Trump rompe este acuerdo y comienza una política de sanciones contra Irán, por lo que Irán suspende parcialmente sus obligaciones en el marco del PAIC y exige que se levanten los embargos relacionados con la venta del petróleo y las sanciones bancarias que le impuso Estados Unidos.
Al envío de buques de guerra estadounidenses al mar Arábigo y a las amenazas de agresión contra Irán, Mohamad Yavad Zarif, ministro iraní de Relaciones Exteriores, responde: “Algunas personas en el Gobierno de Trump hacen esfuerzos para comenzar esta guerra que sería equivalente a un suicidio para ellos.” Habría que añadir que la falta de diálogo podría degenerar en algún grave incidente que conduzca a una conflagración armada. A buena hora, Moscú y Washington dialogan y como Trump le cree más a Putin que a sus órganos de seguridad, es de esperar que prime la cordura y ambas potencias logren, por sobre todas sus diferencias, encontrar una solución política al problema de Irán, que evite un conflicto armado en el golfo Pérsico.
La rivalidad de EEUU y China es lo más preocupante de la candente situación actual. Trump intenta compensar el déficit comercial de su país con China mediante una guerra de aranceles. Es muy difícil decir quién la va a ganar, mejor dicho, quién perderá menos en ese conflicto que involucra al mundo entero. China tiene a su favor que EEUU le debe 1.59 billones de dólares, o sea, el 27.8% de los 3.8 billones de dólares en letras del Tesoro, notas y bonos en poder de países extranjeros.
También, China produce cerca del 90 % de tierras raras, o sea, diecisiete elementos químicos escasos e indispensables para la producción de teléfonos inteligentes, superconductores y otras aplicaciones de alta tecnología, por lo que en ese rubro el mundo depende de China. La industria de defensa de EEUU adquiere en China más del 80% de tierras raras, lo que convierte a China en un riesgo significativo para la seguridad nacional de EEUU, que debe controlar esa amenaza antes de que China le supere en tecnologías avanzadas. Esto hace pensar que, previamente, EEUU ha almacenado tierras raras que le permitan sobrevivir a su industria militar hasta lograr en su provecho acuerdos comerciales con China.
Un ejemplo de este problema es Huawei, empresa China cuyos ingresos superan los cien mil millones de dólares y que es uno de los líderes mundiales en el sector de la tecnología de la información, redes de telecomunicación, Internet, inteligencia artificial y otros campos relacionados con tecnología avanzada, a la que EEUU le declara la guerra por considerarla “una amenaza para la seguridad nacional.”
Por otra parte, hay aristas de este conflicto de las que se conoce muy poco. ¿Qué país es más dependiente del otro? En otras palabras, de haber un boicot absoluto entre ambas potencias, ¿cuál resultaría ganadora? Evidentemente la que depende menos de su contrincante. Pero ambas denotan solvencia y seguridad y como se carece de datos reales, solamente queda especular.

Rodolfo Bueno

El fenómeno Bolsonaro podría ser breve

“En estos momentos, existen muchas posibilidades de que la presidencia de Jair Bolsonaro en Brasil, sea muy breve. La palabra impeachment ya forma parte del léxico corriente en los medios de comunicación y las redes sociales en el gigante suramericano”. Al menos así lo considera Andrés Ferrari Haines, profesor en la Universidad Federal de Río Grande de Sul (UFRGS), Brasil, en un trabajo que publicó el 21 de mayo el diario argentino Página 12 y reproducido en Rebelión [N. Ed].
Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente, alertó en Buenos Aires que una victoria electoral de Cristina Fernández de Kirchner supondría el riesgo de convertir a Argentina en otra Venezuela.
Curiosamente, dice el periódico, su padre está consiguiendo en Brasil lo que no pudo lograr el mercenario Juan Guaidó para Venezuela, de que surgieran en todas partes levantamientos y protestas que promuevan la oposición al mandatario.
La histórica marcha del miércoles 15 de mayo, en la que cerca de dos millones de personas salieron a las calles de 200 ciudades de Brasil para protestar contra los recortes presupuestales en la educación, fue un punto de inflexión en el rechazo al presidente Jair Bolsonaro, sus hijos y varias personalidades allegadas a él.
Quienes durante su campaña electoral pensaron que aquel estilo violento y belicoso constituía parte de una estrategia electoral para atacar a sus opositores, están percibiendo que se trata de una faceta de su personalidad. Da la impresión de que su capacidad de diálogo es nula, y que sólo sabe expresarse de manera agresiva –aun cuando ello pudiera no ser su intención–. Pareciera que Bolsonaro, con sus hijos, trató de fortalecer su imagen en una relación directa con su base electoral, desprestigiando a sectores que formaban parte de la coalición de gobierno, tales como los militares, que ocupan varios cargos en partidos políticos aliados.
Más grave aún, en el campo de la economía, ha sido el nombramiento de su “superministro” Paulo Guedes, una opción extremadamente neoliberal y sumisa a capitales estadounidenses, en especial a los que pretenden la explotación extrema de recursos naturales y al control de instituciones financieras estatales y de empresas tales como Petrobras.
En esta estrategia, Guedes colocó todas sus fichas a favor de la aprobación de una brutal reforma enfocada a prevenir una “inevitable” catástrofe económica, en lo que encuentra gran resistencia dentro y fuera del parlamento.
Se trata de una estrategia de sumisión a la actividad privada que culminó el ministro de Educación Weintraub quien, convocado por el Congreso en medio de una protesta estudiantil, dejó bien en claro que el objetivo no era recortar el presupuesto educativo, sino extinguir del sistema educativo público. En línea con su presidente, el ministro descalificó a los estudiantes y afirmó que “los egresados de las universidades públicas brasileñas no saben nada”.
La realidad, sin embargo, ha demostrado que, por el contrario, las escuelas públicas son las que ocupan los primeros puestos en el ranking nacional –con sólo dos o tres de las privadas– en el pelotón de proa, e incluso las públicas están entre las primeras en cotejos con países emergentes. Además, algunas de las públicas tienen respetables colocaciones a nivel internacional. Así, queda claro que no tiene fundamento alguno el proyecto gubernamental destinado a desmantelar la educación pública en beneficio de la privada que el ministro tanto elogia.
Por su parte, el canciller Ernesto Araújo alineó la política externa de Brasil a Estados Unidos en una cruzada moralista que identifica la “globalización” como un proceso manejado por el “marxismo cultural” y a los riesgos climáticos con una “conspiración comunista”, aun a costa de perder mercados externos importantes.
Mientras tanto, la economía se paraliza, la bolsa cae y el dólar se dispara. Además, se ha conocido que la consultora A.T. Kearney sacó a Brasil, por primera vez, de los 25 principales destinos para los inversores de Estados Unidos. Durante el gobierno de Dilma Rousseff estaba en tercer lugar.
Bolsonaro fue perdiendo tanto apoyo en la última semana que incluso su “gurú”, el astrólogo Olavo de Carvalho, pronosticó que él abandonará la política de Brasil. El Movimiento Brasil Libre, gran participante de la caída de Rousseff y en la ola anti-PT, también anunció su ruptura con él. Los estudiantes están convocando una movilización mayor para el 30 de mayo y, además, se han sumado a la Huelga General del 14 de junio contra la reforma de Bolsonaro.
Los tres medios principales, O Globo de Rio y Folha do Estado de Sao Paulo, en sus editoriales son muy críticos sobre los manejos políticos del presidente y de sus ataques a la democracia. Las investigaciones de corrupción y asociación ilícita sobre otro de sus hijos, Flavio, crecen cada día y afectan a casi cien personas que estuvieron contratadas o movieron fortunas en relación con su oficina, incluyendo a la mismísima esposa del mandatario.

Manuel E. Yepe
Por Esto! (México)

La Revolución Bolivariana y el belicismo de los “pacifistas”

“¡Estoy en contra de la intervención militar!”, afirma una narrativa estadounidense como pretexto ante una declaración sobre Venezuela. Tal “negativa” consuela las conciencias liberales y se esfuerza por mantener las deseables −pero cada vez más ilusorias− credenciales del “progresismo” académico, periodístico y político de los Estados Unidos. Eso nada tiene que ver con el anunciado gesto de Noruega para buscar una solución diplomática.
Esa narrativa “pacifista” tiene origen en los proprios belicistas de Washington. El 1º de mayo, por ejemplo, Mike Pompeo, el Secretario de Estado, uno de los principales arquitectos de la palabrería “pacifista”, junto a Bolton y Trump, declaró que “es posible la acción militar. Si se requiere, Estados Unidos lo hará. Tratamos de hacer todo lo posible para evitar la violencia. Preferiríamos una transición pacífica de gobierno”.
Tan sólo por una razón Estados Unidos no ha implementado la opción militar hasta ahora. No es por cualquier reparo a la invasión militar de otro país. Es por el fracaso de su intento de romper la alianza cívico-militar, ruptura que sería la condición previa necesaria para la opción militar en el momento.
Para Washington, la guerra económica siempre ha estado sobre la mesa y ha sido aplicada ferozmente. Luego de la elección de Maduro en 2013 tras de la muerte de Chávez, Estados Unidos provocó y apoyó una violenta oposición contra esa legítima elección, como pretexto para que la legislación del presidente Obama hacia Venezuela pudiese sancionar a individuos de la República Bolivariana como castigo económico, buscando así crear obstáculos a los funcionarios chavistas y a miembros del Estado.
En marzo de 2015 Obama endureció esta política al declarar a Venezuela una “amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos”, abriendo así la puerta a sanciones individuales adicionales. Trump amplió las sanciones económicas hacia sanciones colectivas y la plena guerra económica. Como lo señaló el escritor y académico internacional Vija y Prashad, influyente en la izquierda estadounidense: “Obama forjó la lanza; Trump la lanzó al corazón de Venezuela”.
La guerra económica dirigida por Trump contra Venezuela golpea especialmente la industria petrolera. Según un estudio publicado en Estados Unidos en mayo de 2019 por los destacados economistas estadounidenses, Mark Weisbrot y Jeffrey Sachs, éstas y otras sanciones económicas “han infligido y progresivamente infligen daños muy graves a la vida y a la salud humanas, incluidas más de 40.000 muertes entre 2017 y 2018. Tales sanciones encajarían en la definición de castigo colectivo de la población civil, tal como se describe en las convenciones internacionales de Ginebra y La Haya, de las cuales Estados Unidos es signatario.”
La guerra contra Venezuela incluye además tres sabotajes a la red eléctrica durante el mes de marzo de 2019. Además, tuvieron lugar tres intentos de golpe de Estado, entre el 23 de enero y el 30 de abril, junto con múltiples y amplias acciones de oposición contra los intentos por adherentes al chavismo que defienden la revolución en las calles. Es posible imaginar cómo estas acciones de masa afectan la ya golpeada economía y el funcionamiento de lo que ha llegado a ser una vida muy difícil.
La guerra mediática liderada por Estados Unidos contra Maduro, el chavismo y sus partidarios, es además uno de las más feroces de la historia reciente.
El 16 de mayo, tras un mes de enfrentamientos físicos, la administración Trump ordenó a la policía invadir la Embajada de Venezuela en Washington, mientras los “pacifistas” mantuvieron silencio acerca de esta guerra en la misma ciudad donde viven y trabajan muchos de ellos.
¿Qué viene luego de la narrativa “pacifista” en oposición a una eventual intervención militar y a favor de una “transición pacífica”, a la vez que mantienen silencio acerca de la actual guerra multifacética?
La narrativa liderada por Estados Unidos para restringir la oposición a su política hacia Venezuela exclusivamente a los estrechos confines de una intervención militar, mientras ignora por completo la guerra contra Venezuela, sólo sirve para ganar tiempo. Su objetivo es provocar una implosión en Venezuela con el fin de tomar el control, sin jamás haber puesto una bota en suelo venezolano. ¿Es ésta la nueva guerra? De serlo, no es tan nueva. ¿No fue este su objetivo en 1960, por medio del bloqueo contra Cuba, buscando generar “el desencanto y el desaliento basados en la insatisfacción y en las dificultades económicas”, para provocar la revuelta del pueblo contra el gobierno?
Estados Unidos no aprende de la historia.

Arnold August
Cubasí

Fuente: Cubasí
http://cubasi.cu/cubasi-noticias-cuba-mundo-ultima-hora/item/93306-la-revolucion-bolivariana-y-el-belicismo-de-los-%E2%80%9Cpacifistas%E2%80%9D

* Arnold August: Periodista y conferencista canadiense, es autor de Democracy in Cuba and the 1997–98 Elections, Cuba y sus vecinos: democracia en movimiento, y Relaciones Cuba-Estados Unidos: ¿Qué ha cambiado? Como periodista colabora con sitios web y la televisión en América Latina, Cuba, Europa y América del Norte y Medio Oriente. Twitter, Facebook. Su sitio web es: www.arnoldaugust.com