martes, agosto 03, 2021

Cinemateca Brasileira: un incendio largamente anunciado


La responsabilidad del gobierno de Bolsonaro. 

 En estos momentos el acervo público audiovisual más grande que conocí arde en el fuego del Estado brasilero. El viernes 30 de julio comenzó a viralizarse las imágenes de un incendio en un depósito de la Cinemateca Brasilera. Este organismo fue fundado en 1940 por el militante de izquierda Paulo Emílio Sales Gomes, por Décio de Almeida Prado, Antonio Candido de Mello e Souza, entre otros, bajo el nombre «Primer Club de Cine de São Paulo», cuyo objetivo era estudiar el cine como arte independiente por medio de proyecciones, conferencias, debates y publicaciones durante el gobierno de Getúlio Vargas, que al año siguiente a través del «Departamento de Prensa y Propaganda» mandó a clausurar el espacio y los forzó a operar de forma clandestina. En 1948 se asocia a la FIAF (Federación Internacional de Archivos de Films). Luego, en 1992 la Cinemateca Brasilera fue construida en el antiguo matadero municipal en Vila Mariana, un inmenso predio en la región de Zona Sur en la ciudad de San Pablo y recién en agosto de 2003, la Cinemateca Brasileira fue incorporada al Ministerio de Cultura nacional. Dos años más tarde, en 2005 se realiza un concurso para la restauración digital de la obra del cineasta Joaquim Pedro de Andrade, eran cuatro pasantías de distintas regiones de Brasil y cuatro pasantías de distintos países latinoamericanos, tuvimos el honor de participar técnicos audiovisuales de México, de Bolivia, de Chile y de Argentina. 
 La Cinemateca era un lugar imponente con un predio enorme donde había diversos edificios: el archivo, un laboratorio propio de revelado de films, una biblioteca inmensa, oficinas administrativas y una gran sala de cine con un hall de exposiciones. Esas películas mudas del nacimiento del cine a fines del siglo XIX se consumen en las llamas junto al «nuevo cine latinoamericano», una hoguera de nitrato de plata y acetatos planificada por el ajuste capitalista de un Estado criminal. 
 En la Cinemateca Brasilera descubrí que Glauber Rocha era solo la punta del iceberg del cinema novo; desde «Río cuarenta graus» que da inicio al movimiento del «Cinema Novo» y abordaba la vida de una familia obrera de la favela que luego fue censurada, hasta la película «Macunaíma» de JPA que ganó a «mejor película» en el Festival internacional de Mar del Plata de 1970; conocí directores increíbles, de Nelson Pereira dos Santos a Rogério Sganzerla, de León Hirszman a Joaquim Pedro de Andrade de quien experimentamos toda la restauración de su obra.
 De lunes a sábados vivíamos en la Cinemateca Brasilera, analizando la restauración de sonido y fotografía; el laboratorio era impresionante, un elefante enorme de metal revelaba interminables rollos de fílmico. Compañerxs de Brasil, México, Bolivia, Chile y Argentina confraternizábamos: café durante la jornada y con cerveza luego de finalizar la jornada. Debatíamos de cine, música y política. Participé de las inolvidables asambleas que realizaron sus trabajadorxs en la inmensa biblioteca, donde debatían cómo organizarse; allí compartí con ellxs la lucha del Museo del Cine de Argentina, ellxs también padecían la privatización y la precarización laboral, también enfrentaban los intereses del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), de las «Asociaciones de Amigos» y la misma aseguradora Mapfre. Participamos de proyecciones y debates políticos en la sala donde hice enojar a más de un panelista del PT cuando denuncié las tropas armadas que Lula y Kirchner enviaban en ese momento a Haití para relevar a los marines de Bush que precisaban irse de ahí para atacar Irak. 
 La sala de la Cinemateca era lugar de grandes debates, incluso los concursantes del proyecto de restauración llegamos a hacer una asamblea internacional para luchar por ciertos derechos de algunos compañeros. Es una de las mayores experiencias de unidad latinoamericana de clase en mi vida (por fuera del Festival Latinoamericano de la Clase Obrera). 

 Ajuste 

En medio de los ajustes y tarifazos al transporte público que en 2013 impulsó el gobierno de Dilma Rousseff, la Cinemateca sufrió una intervención del Ministerio de Cultura, que eliminó su junta directiva y su autonomía operativa. En 2020 el gobierno de Bolsonaro luego de cerrar el Ministerio de Cultura, llevó a la Cinemateca a una situación límite, asfixiándola, sin entregarle ni un centavo del presupuesto anual, cuyo monto era del orden de 12 millones de reales, lo que culminó en despidos masivos de trabajadorxs de todas las áreas del organismo. 
 Lxs trabajadorxs lucharon y se movilizaron contra los despidos y la destrucción de la Cinemateca, denunciaron el peligro que implicaba el carácter combustible (en el caso del acetato) y explosivo (en el caso del nitrato) del archivo fílmico que preservaban. Finalmente una parte de esa memoria audiovisual es ahora cenizas por obra del gobierno. La experiencia muestra que ningún gobierno es garantía para preservar y desarrollar la memoria audiovisual y las condiciones de trabajo, solo la organización independiente y lucha consecuente de lxs trabajadorxs. Transformemos la bronca en lucha y redoblemos los esfuerzos para sacar al gobierno criminal de Bolsonaro desarrollando una alternativa de independencia de lxs trabajadorxs, por el desarrollo las condiciones de vida y de su patrimonio cultural. 

 Nicolás Bartolucci

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