El gobierno nacional avanza con el nuevo esquema tarifario para el consumo de gas, a aplicarse a partir del mes de mayo, con un rediseño de la composición de la tarifa con aumentos y una estructura del negocio del gas al servicio de las pretensiones de las petroleras de exportar la producción local, en un marco de suba del precio del gas por la guerra en Medio Oriente y de un gobierno que no impulsa ni una sola inversión ni obra pública para abastecer localmente la demanda interna.
La medida impulsada por Enargas incorpora el Precio Anual Uniforme -que promedia el costo del gas para todo el año-, aplica ajustes vinculados a la revisión quinquenal y las “diferencias” acumuladas en períodos anteriores, con los tarifazos en las facturas de gas y luz y la disparada de los subsidios en beneficio de las petroleras.
Este tarifazo del gobierno, que se hará sentir en los próximos meses con el crecimiento de la demanda de la época invernal pese al nuevo PAU, ocurre al mismo tiempo de una desinversión en materia de abastecimiento local, cuando las obras y el gasoducto licitado recientemente se encuentran previstos para la exportación de gas y para los negocios de las petroleras, y no para abastecer una demanda local que todos los inviernos requiere de la importación de GNL.
Esto fue reconocido por la propia secretaria de Energía de la Nación, María Tettamanti, quien manifestó que la Argentina tendrá que importar más de 20 buques de GNL durante el invierno, debido a la deficiencia y falta de transporte local para utilizar la producción de Vaca Muerta que se encuentra en alza, afirmando a su vez que resultaría “poco eficiente” invertir en obras que garanticen el abastecimiento interno para la temporada invernal, por lo cual se terminarán pagando los sobreprecios internacionales.
La lógica de la secretaria de Energía es solo válida para los negocios capitalistas, donde toda la obra e inversión está puesta en función de la exportación de gas, justamente para beneficiarse de esos precios internacionales y del ingreso de divisa extranjera –como ocurre con las carnes y otros bienes y servicios-y no en función de las necesidades sociales y productivas del país.
Esto se pondrá aún más de manifiesto cuando el gobierno deba pagar los buques de GNL importado a través de Enarsa, logística que preveía privatizar y trasladar directamente a la factura de las familias trabajadoras y que en el marco actual de disparada de los precios tuvo que dar marcha atrás. Lo que resta por verse es si, de todas formas, trasladará la totalidad de estos sobreprecios a las facturas, si lo hará parcialmente o si continuará la política de subsidios.
De conjunto, tenemos que no existe ninguna orientación en defensa de los trabajadores y consumidores, que establezca como punto de partida cuál es el precio real de producción del gas por parte de las petroleras, para que el precio final está vinculado a los costos reales de producción y no a la especulación capitalista ni a las vicisitudes de la guerra en Medio Oriente u otras contingencias.
Los servicios siguen subiendo en sintonía con otros rubros, como el transporte que ascenderá un 5,4% en el mes de mayo: 2 puntos porcentuales por arriba de la inflación de marzo. Todo se encarece en al vida de los trabajadores, mientras los salarios se derrumban con los techos paritarios del 2%.
Evitemos que Milei y las petroleras nos transfieran la factura de los negocios capitalistas, ahora con el gas. Que se garantice la provisión de la alta demanda de gas del periodo invernal a un precio que surja del verdadero costo de producción, lo que requiere del control obrero para garantizar que esto se cumpla, junto con las obras y la inversión necesaria para que la producción local pueda satisfacer la totalidad de la demanda de gas en invierno en el futuro inmediato.
Marcelo Mache

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