jueves, junio 04, 2020

Estados Unidos-China, de la guerra fría a la caliente



A medida en que la Guerra Fría entre China y Estados Unidos se hace más definida, mayor es el riesgo de que de ella pueda saltarse a una guerra caliente.
La primera posibilidad de que ocurriese derivaría de que alguno de los tantos temas conflictivos puntuales que los enfrentan, escalase a un conflicto a gran escala. La segunda posibilidad, mucho más significativa, radicaría en que alguna de las dos partes se adentrase en la guerra de manera calculada y racional. Con frecuencia los conflictos puntuales se insertan dentro de un calculo preexistente de costos y beneficios en donde la opción de ir a la guerra ya ha sido asumida.
Un enfrentamiento calculado podría a su vez derivar de dos opciones. Una encuadrada dentro de la llamada trampa de Tucídides. Otra, enmarcada dentro de la denominada Teoría de Transición de Poder. Tal como señala el historiador John Lewis Gaddis: “Tucídides repite ‘el crecimiento en el poder de Atenas y la alarma que ello inspiraba en Esparta hicieron la guerra entre los dos inevitable’. (…) Tucídides insiste en hacernos comprender que el miedo inspirado por el crecimiento de Atenas fue responsable de la Guerra del Peloponeso” (On Grand Strategy, London, Penguin Books, 2019, pp. 59 y 66).
Desde la Guerra del Peloponeso hace más de dos mil cuatrocientos años el nombre de Tucídides, su gran cronista, es asociado a la siguiente noción: Cuando un Estado en ascenso amenaza la preeminencia de una potencia dominante, ésta tiende a desencadenar una guerra preventiva mientras aún dispone de superioridad militar. De allí el término trampa de Tucídides. Graham Allison ha identificado dieciséis guerras mayores desde finales del siglo XV, que claramente han caído dentro de este marco (Destined for War, Mariner Books, Boston 2018). No en balde Martin Jacques señala: “El gran peligro no es el ascenso de China sino cómo Estados Unidos reacciona frente a este ascenso y a su consecuente pérdida de primacía” ( “Can the West’s democracy survive China’s rice to dominance?”, The Economist, June 14, 2018).
Una segunda opción de guerra calculada derivaría de la Teoría de la Transición de Poder. Esta fue desarrollada por A.F.K. Organsky y luego expandida por otros autores como Douglas Lemke. Dicha teoría busca explicar las tendencias que han signado las guerras en los últimos quinientos años. De acuerdo a la misma es la potencia más débil, y no la más fuerte, la que suele iniciar un conflicto bélico. Poderes ascendentes insatisfechos con el statu quo son, bajo esta óptica, los más proclives a iniciar hostilidades. De acuerdo a esta perspectiva sería China, y no Estados Unidos, quien se sentiría más tentada a desatar una guerra. Esto coincidiría, por lo demás, con la doctrina militar China, la cual valora altamente las ventajas de un ataque sorpresivo cuando la adecuada configuración de factores se materializa.
Así las cosas, bajo la primera aproximación sería Estados Unidos el candidato natural a desencadenar un conflicto bélico, mientras que en virtud de la segunda lo sería China. Fuese como fuese el salto a la guerra caliente, lo que realmente importaría sería la manera en que esta se desarrollaría. Aquí entran en consideración dos factores: amplitud y duración. Es decir, cuántos beligerantes se involucran en el conflicto y cuánto duraría este. El escenario más benigno (o menos destructivo) en términos de amplitud, sería el de una confrontación circunscrita a sus dos participantes originales: Estados Unidos y China. Las alianzas tienden a complicar las cosas, introduciendo agendas y agravios adicionales. El peor escenario, bajo esta perspectiva, sería el de una alianza militar entre China y Rusia. Ello por tres razones. Primero, la condición de superpotencia nuclear de Rusia podría incrementar el riesgo de escalada a ese nivel. Segundo, porque Moscú tiene una larga lista de agravios contra Occidente desde el colapso de la Unión Soviética, así como el deseo de proveerse de un esfera de influencia propia. Tercero, porque el involucramiento de Rusia desencadenaría a su vez el de la OTAN.
La duración de la contienda podría asumir diversas variables. El menos malo de los escenarios sería el de una guerra corta seguida por la firma de un tratado que definiese reglas mutuamente convenidas. El peor escenario sería el de una guerra larga o, alternativamente, el de un estado de beligerancia no resuelto que desataría conflictos armados periódicos. De acuerdo a la Teoría de Transición de Poder, los lapsos de predominio hegemónico suelen durar entre 60 y 90 años, mientras que los conflictos que conducen a una reconfiguración del poder hegemónico suelen durar aproximadamente 20 años. Los dos capítulos de la larga guerra que tuvo lugar entre 1914 y 1945, en la cual Alemania intentó posicionarse como la potencia europea predominante, ejemplifican este tipo de conflicto. Bajo esta óptica, la peor opción sería que China y Estados Unidos se enfrascaran en un enfrentamiento continuo o de emergencia periódica de larga duración.
Ojalá que el salto de la guerra fría a la guerra caliente nunca se produzca, sin embargo al mundo le espera a no dudarlo una montaña rusa cargada de sobresaltos.

Alfredo Toro Hardy, escritor y diplomático venezolano

Rebelión en el imperio: Fuera Trump



Las protestas por el asesinato de George Floyd en manos de la policía de Minneapolis se han transformado en una verdadera rebelión en Estados Unidos. Han confluido con los familiares y comunidades de víctimas de crímenes policiales anteriores, algunos muy recientes. Pero rápidamente se sumaron muchísimos más.
Una rebelión popular toma esta dimensión cuando madura la impugnación a todo un régimen político, económico y social. Se enfrenta al Estado que ampara la policía brava, que humilla y golpea a negros, latinos y jóvenes.
Pero también al que rescata al gran capital con fondos millonarios, mientras condena a la miseria a las mayorías populares.
Se repudia al Estado que se complota con los empresarios para forzar la vuelta al trabajo, sin importar el costo en vidas humanas que pueda significar.
Se rebelan contra el Estado que ha permitido despedir de su trabajo a un cuarto de la población en tres meses, una verdadera masacre social.
Se rebelan contra un régimen político que niega el acceso a la salud pública, incluso ante la muerte de 100 mil habitantes.
Reclaman abolir la policía luego de que los reformadores y progres hayan perfeccionado el aparato de opresión junto a los derechistas.
Mientras Trump convoca el ejército y refuerza la represión, la rebelión se ha extendido a cada esquina del país y ha despertado una enorme solidaridad internacional.
La rebelión en el imperio golpea a los saqueadores capitalistas a nivel internacional, sea el FMI o los BlackRock, que extorsionan con ajustes a todos los pueblos del mundo.
Es un golpe a la política de Alberto Fernández y CFK, de buscar el apoyo de Trump para reestructurar la deuda usuraria.
Se impone una conclusión elemental: apoyemos al pueblo de Estados Unidos, haciendo nuestra propia rebelión contra los compinches de Trump, estableciendo el no pago de la deuda y la nacionalización de la banca.
Los trabajadores y explotados del mundo entero tienen los ojos puestos en la lucha de los trabajadores y jóvenes de Estados Unidos. Su triunfo será una señal de avance contra el imperialismo y el capital, en momentos de la crisis más severa de su historia.

Prensa Obrera

Los nombres de estatuas, escuelas y placas homenajean un pasado oscuro



La estatua de Nathan B. Forrest en Memphis, sobre el memorial donde fue enterrado.

Los nombres de estatuas, escuelas y placas homenajean un pasado oscuro
El legado esclavista en Estados Unidos: Monumentos al racismo del sur
Cientos de obras rinden pleitesía a situaciones o personajes del sur esclavista como Henry Wirz o Nathan B. Forrest.

En Estados Unidos la serpiente no se incuba en un huevo. El racismo tiene sus entrañas a la vista desde el siglo XIX. Está en cada rincón del país en mayor o menor medida. En las multitudinarias movilizaciones que hoy lo rechazan, saben que no solo se expresa en la brutalidad policial. Pervive en el Ku Kux Klan, una caricatura de lo que fue – en la década del 20 tenía unos cuatro millones de adherentes -, aunque su músculo vital es el nacionalismo blanco, mucho más dinámico y amplio que los fantoches con bonete y túnica que persiguen y asesinan a los negros desde que se rindieron en la Guerra de Secesión. Las garras de ese fanatismo todavía conservan una galería de símbolos – escuelas, estatuas, placas con nombres de políticos o militares esclavistas- en la extensa geografía de EE.UU y sobre todo en los estados del sureste.
A junio de 2018 el Southern Poverty Law Center (SPLC), una ONG de abogados de Alabama, había revelado que 772 monumentos que reivindican a los Estados Confederados del Sur sobrevivían sobre sus pedestales. Aunque había más símbolos hasta completar 1.728. Uno de ellos, casi desconocido y olvidado, rinde homenaje al único militar condenado y ejecutado en Washington por crímenes de guerra en 1865. Henry Wirz fue un capitán médico de origen suizo que tuvo a su cargo el campo de concentración de Andersonville, en Georgia, donde murieron 13 mil prisioneros. Su estatua – un obelisco con varias placas que reivindican su memoria – se levanta muy cerca de donde fueron asesinados o fallecieron de hambre y enfermedades aquellos soldados blancos y negros cautivos del ejército sureño. Una inscripción lo recuerda así: “En memoria del Capitán Henry Wirz, C.S.A. nacido en Zurich, Suiza, 1822, condenado a muerte y ejecutado en Washington D.C. el 10 de noviembre de 1865”.
Su sentencia se cumplió en la horca con la Casa Blanca como fondo – donde se levanta ahora el edificio de la Corte Suprema-, después de un juicio donde lo encontraron culpable de trece actos de crueldad y asesinato, como disparar a los prisioneros, ordenar a los guardias que lo hicieran, torturas y confinamiento insalubre. Casi un tercio de los 45 mil detenidos a su cargo murieron en Andersonville, hoy un pequeño pueblo. Ahí se mantienen el obelisco en honor al criminal de guerra, el campo de concentración y un museo como monumentos históricos.
La historia de Wirz se puede vincular con la del general Nathan Bedford Forrest, un prestigioso oficial de caballería para los confederados. Este militar tiene su propio monumento de granito en el cementerio de Selma, Alabama, donde el racismo se respira en cada calle de la ciudad. Su figura pasaría más inadvertida si no fuera porque se trató de un fundador del Ku Kux Klan, en el que llegó a su máxima jerarquía: Grand Wizard o Gran mago. En la película Forrest Gump, Tom Hanks, el actor que protagoniza al personaje principal, cuenta que le pusieron su nombre de pila en honor a su antepasado, el oficial que antes y después de la guerra salía a cazar negros. Primero a cara descubierta, después encapuchado y vestido con una túnica blanca.
¿Por qué lo hacía? Tenía una empresa (Forrest&Maples) en la cual vendía lo que consideraba su mercancía. La exhibía en lo que se llamaba el patio de esclavos de Forrest. El aviso que publicó en un periódico de aquella época decía: “Personas deseosas de comprar son invitadas a examinar el stock antes de comprar en otra parte. Ellos tienen a mano en el presente cincuenta Negros presumiblemente jóvenes, incluyendo Manos de campo, Mecánicos, Sirvientes de Hogar y Personales, etc” (las mayúsculas son del original).
El 1° de enero de 1863 se abolió la esclavitud en EE.UU durante la presidencia de Abraham Lincoln. Casi tres años después, el 24 de diciembre de 1865, se fundó el Klan en Pulaski, Tennessee. En los años 20 la organización llegaría a su apogeo. Con frecuencia se veía a miles de sus miembros reunirse al aire libre o desfilar en las ciudades del sur esclavista. Lo hacían sin que nadie los molestara. No como a los centenares de miles que hoy marchan contra las ideas que representan esos grupos supremacistas blancos que penetraron hasta lo más profundo de las instituciones del Estado.
La policía que hoy es repudiada por su racismo es la más expuesta. Su crueldad quedó retratada en el video donde se observa pedir clemencia a George Floyd antes de morir asfixiado bajo la rodilla de un efectivo. Pero la discriminación contra los negros tampoco es ajena a las fuerzas armadas. En 2017 la publicación Military Times publicó una encuesta sobre el tema. Lo hizo después del asesinato de una manifestante antiracista atropellada de manera deliberada con su auto por un supremacista blanco en una concentración en Charlottesville, Virginia. Los racistas protestaban contra el desmantelamiento de una estatua del general Robert E. Lee, el militar que comandó al ejército del Sur en la guerra de Secesión.
El estudio arrojó que un 40 por ciento de los militares negros habían visto ejemplos de racismo entre sus compañeros de armas. Además definieron al nacionalismo blanco como “una amenaza de seguridad nacional más grande que Siria, Irak y Afganistán” en su propia cosmovisión maniquea de las guerras que emprende a menudo Estados Unidos por el mundo. Eric Ward, referente del SPLC, escribió el lunes pasado en la página de la organización de abogados que luchan contra la discriminación desde Alabama: “Estados Unidos está en un precipicio. Si vamos al límite del abismo de un estado autoritario como toda regla o encontramos un terreno firme sobre el cual construir una democracia inclusiva, depende de lo que hagamos ahora. Necesitamos ser claros: cada palabra y cada acción tiene consecuencias”.
Obeliscos o estatuas que recuerdan a criminales de guerra como Wirz o el gran mago Forrest del KKK siguen en pie en EE.UU porque según el SPLC “hay estados que cuentan con leyes para evitar que estos monumentos sean removidos”. A junio de 2018 el recuento de la organización de abogados de Alabama daba que 1.728 obras rendían pleitesía a personajes o situaciones del sur esclavista. Su remoción avanza lenta pero está lejos de poder completarse. En esa perspectiva, el racismo estructural de Estados Unidos parece una batalla perdida.

Gustavo Veiga
gveiga@pagina12.com.ar

miércoles, junio 03, 2020

La “nueva” grieta en salud mental: “anticuarentena” vs negacionistas



Tras el cruce entre Alberto Fernández y la periodista Silvia Mercado, del medio derechista Infobae, a propósito de la “angustia” derivada de la cuarentena obligatoria, se ha abierto un debate en distintos ámbitos de la salud mental. Distintas voces han expresado que alertar sobre los efectos de la misma en la psiquis resulta “funcional” a los planteos derechistas a propósito de la “infectadura”, así como a la militancia “anticuarentena”.

Salud mental durante el aislamiento: sin datos oficiales (todavía)

Desde el inicio de la cuarentena, el gobierno nacional no ha anunciado ningún programa de emergencia a través de su Dirección Nacional de Salud Mental (dependiente del Ministerio de Salud) para prevenir o atenuar los inevitables efectos y consecuencias del aislamiento preventivo, social y obligatorio sobre un sector de la población. Tampoco han sido relevados los datos epidemiológicos por jurisdicción, distrito o provincia a la hora de poder desplegar dispositivos de abordaje comunitario preventivos. Así las cosas, ha dejado el terreno para que la única institución que realice un estudio epidemiológico de relevamiento y publicación de datos sea el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Facultad de Psicología de la UBA, cuya gestión se encuentra en manos de la camarilla radical universitaria “anticuarentena” (que tomamos en el artículo sobre el cruce Fernández-Mercado).
Cabe mencionarse que profesionales de máxima relevancia y trayectoria en el campo de la salud mental, incluidos asesores gubernamentales, alertaron ya desde los primeros días del aislamiento sobre las consecuencias en la población. La profesora Alicia Stolkiner (profesora titular de la Cátedra Salud Publica y Salud Mental de la Facultad de Psicología-UBA y de la Universidad de Lanús) advirtió oportunamente que era “una falacia que el encierro pueda ser un componente para el bienestar subjetivo” (El Grito del Sur, 4/4). Semanas después, en el informe diario del Ministerio de Salud de Nación, Stolkiner sostenía entre otras opiniones que “a una primera etapa de “sobreexigencia por adaptarse a la situación” ahora puede sobrevenir “agotamiento” u otros “sentimientos, que no se pueden calificar como patologías” (29/4).

Los muertos “POR”

Habiendo pasado más de un mes de esos señalamientos, cualquiera puede suponer que la prolongación de la cuarentena –todavía por demás necesaria, ya que al momento de escribir el presente artículo nos encontramos con un récord de casos positivos diarios de Covid-19 en Ciudad de Buenos Aires y conurbano- podría estar agudizando el malestar subjetivo de la población. Ocurre que no ha habido ninguna política del Estado (ni desde el relevamiento epidemiológico ni desde la implementación de dispositivos o efectores comunitarios) para atenuar o amortiguar los efectos subjetivos y en salud mental de la población más afectada (especialmente por sector socioeconómico, etario o población “de riesgo” en el campo de la salud mental). En este sentido, el aumento de la pobreza, la desocupación y el hacinamiento habitacional como datos objetivos de la cuarentena también juegan sus cartas en la salud mental de la población, especialmente en los sectores más explotados -como lo anticipáramos en nuestro artículo a propósito de la campaña gubernamental-periodística “Quedate en casa”.
El peligro sanitario de no relevar el impacto de la cuarentena en este campo radica, además, en que el incremento en ciertos cuadros de malestares psíquicos y/o emocionales (lo que comúnmente la psiquiatría llama “trastornos de”) suelen ser efectores o potenciadores de enfermedades clínicas. Muchas veces, por ejemplo, los llamados “cuadros de ansiedad o depresión” en distintos sujetos con patologías clínicas de base de carácter crónica o aguda (hipertensión, enfermedades respiratorias, coronarias, diabetes) pueden llevar inclusive a la muerte. Los muertos (invisibles) “POR” el aislamiento no se cuentan en las cifras oficiales diarias de los muertos “DE” (y del) coronavirus.

Contra el desmantelamiento, centralización bajo gestión pública

De hecho, la mejor defensa sanitaria (y política) de la cuarentena desde el propio Estado debería ser el despliegue -desde el minutos cero- de medidas que aminoren el impacto en el campo subjetivo y de la salud mental del aislamiento. Nada de eso ocurrió. Lo más parecido es la reciente convocatoria de emergencia a profesionales y trabajadores de la salud mental de distintas disciplinas que está realizando el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires para intervenir en zonas de emergencia, ante “la explosión” del caso de Villa Azul en Avellaneda y Quilmes. El rol del Estado en las políticas en salud mental no debe limitarse al de “bomberos” en emergencias sino en la prevención. Eso hubiera implicado, desde los primeros días de la cuarentena, una reorganización del sistema de salud público y mental en coordinación intersectorial con hospitales y centros de salud mental (incluidos los de obras sociales y prepagas), priorizando el nivel primario (atención primaria, llevar el hospital al territorio) con equipos interdisciplinarios y apertura de centros en las zonas de mayor vulnerabilidad social y habitacional. Claro que solo se podría haber realizado bajo la centralización del todo el sistema de salud nacional bajo gestión pública y estatal. Y ya es sabido por todos en qué terminó la mera insinuación del propio Ministro de Salud de la Nación, Gines Gonzalez García, de llevar a cabo esta medida.
Pretender señalar una presunta militancia “anticuarentena” por advertir los efectos del aislamiento en la salud mental resulta al menos llamativo, por no decir ridículo. El abordaje científico y social en este campo también radica en advertir los efectos secundarios subjetivos de una medida única y necesaria (como la cuarentena) frente a una pandemia mundial. Como un médico intenta contrarrestar los efectos “adversos” de un medicamento oncológico (sin por eso oponerse a ese medicamento). Nada más funcional en este momento a la derecha “anticuarentena” que el negacionismo y el encubrimiento del desmantelamiento del sistema público de salud mental. Planteamos la urgente reorganización social del sistema de salud mental en sus distintos subsectores (hospitales, centros de salud, clínicas de obras sociales) con prioridad en el nivel primario (abordaje territorial) bajo gestión pública y de los trabajadores y profesionales en salud mental.

Hernán Scorofitz
Psicoanalista. Profesional de la Salud Mental

Aunque la represión se vista de seda: acerca de la “revalorización” de las FF.AA.



El gobierno nacional busca limpiar la imagen del Ejército.

“La pandemia es una oportunidad que tenemos para revalorizar a los militares.” La frase pertenece a uno de los jefes del Ejército, Agustín Humberto Cejas, en declaraciones del lunes pasado al portal Infobae. El grueso de la entrevista del reconocido medio virtual al “General de Brigada” trata la idea de que es necesario que “la sociedad” supere las “diferencias” con las FF.AA., que en tiempos de pandemia serían capaces de “dar un gran apoyo”. Cejas no ahorra elogios para la política del ministro de Defensa, Agustín Rossi, y al gobierno nacional, y resalta el nivel que las fuerzas de seguridad tienen para llevar adelante la “ciberdefensa”.

Coronavirus y embellecimiento de las FF.AA.

Las declaraciones no sorprenden ni son una posición aislada. Desde la llegada del coronavirus, las fuerzas de seguridad de todo tipo se desplegaron en una parte del territorio nacional (principalmente en las villas y los barrios más empobrecidos). Desde el propio gobierno nacional y los medios de comunicación de la burguesía (sean estos oficialistas u opositores) se buscó presentar esto como una “colaboración social” a fin de repartir alimentos y “ayudar a los más necesitados”. En ese sentido es que el esfuerzo discursivo para embellecer al Ejército no sorprende.
La realidad, sin embargo, supera al relato. Por un lado, la “ayuda alimentaria” en las villas no es tal, en la medida en que el trabajo de las fuerzas de seguridad es deficitario en comparación al de los comedores populares. Como hemos dicho en en el Informe Especial de Prensa Obrera: “el déficit a la hora del reparto de comida es indudable. Lo que reparten las Fuerzas Armadas está muy por debajo del trabajo que realizan los comedores que trabajan día tras día en cada barrio. En La Matanza, por ejemplo, el ejército supuestamente reparte a diario 24.000 raciones de comida (datos oficiales). Eso cubre solo al 1% de la población. En cambio, los 700 comedores populares que reciben alguna asistencia municipal realizan alrededor de 300 raciones de comida diaria cada uno, por lo que en total reparten algo más de 200.000 mil raciones. La diferencia es abismal en este municipio, pero esa lógica es la que se repite en todos los rincones del país”.
En contraste con el faltante de comida, lo que sí hay de sobra en los barrios son palos. Los casos de gatillo fácil aumentan a pasos agigantados. En los últimos días, casos como el brutal asesinato policial en la Isla Maciel, las detenciones arbitrarias en José C. Paz, el “cerco” en Villa Azul, la escalada represiva en el conurbano (San Fernando, Berazategui, José León Suárez), la desaparición forzada y el asesinato de Fernando Espinoza en Tucumán y demás casos en todo el país muestran un patrón determinado.
El objetivo de las FF.AA. no es ayudar a nadie más que al gobierno para poder hacer pasar el ajuste y que la crisis la paguen los trabajadores. Las fuerzas de seguridad juegan un papel de represión sobre todo en aquellos lugares en los que el “descontento social” crece fruto de la crisis, ya que el gobierno ha destinado poco y nada de recursos para las villas mientras le subsidia el sueldo a los funcionarios de Clarín y Techint y sigue pagando la deuda.
La apertura de la cuarentena (en la que el gobierno cede ante la burguesía y la derecha) y una crisis que es pagada indudablemente por “los que menos tienen” no pasa sin represión. La política de “disciplinamiento social” apunta a acallar y disuadir cualquier protesta. A eso apuntan las fuerzas de seguridad y el embellecimiento que el gobierno quieren hacer con ellas.

La cuarentena no tiene la culpa

Cierto es, para ser justos, que la política para cambiar la imagen de las FF.AA. comenzó mucho antes de la pandemia. Ya el propio Alberto Fernández había pedido no condenar al Ejército por los “excesos” e “inconductas” del pasado (en referencia a la última dictadura militar). El operativo para “acercar” a las Fuerzas Armadas está en la agenda de este gobierno, como lo estuvo en todos los que tuvieron el poder desde 1983 hasta la fecha.
Es una iniciativa que apunta a reestructurar y recomponer a las fuerzas de seguridad para reafirmar su autoridad y, así, allanar un terreno para la represión, clave en tiempos de ajuste.
El sector progresista e incluso de izquierda que apoya y ha sido cooptado al gobierno no ha dicho una palabra de todo esto. Muchos que antes pintaban en las paredes murales del Che Guevara o de Camilo Cienfuegos hoy están con el Ejército. Estos sectores (Patria Grande, etc.), con la antropóloga Sabina Frederic a la cabeza, buscan lavarles la cara a los represores para que tengan una mejor imagen entre los trabajadores y la juventud. Por eso callan ante todos los casos de violencia institucional de los últimos días. Buscan vender una conciliación de algo irreconciliable: o se está con quienes luchan o se apoya a quienes reprimen.
Un hecho simbólico pero muy significativo sucedió el pasado viernes. Nadie del gobierno (lógicamente) criticó el tweet de Alberto Fernández que “saludaba” con énfasis al Ejército en su día con un video “emotivo” y la alegría del “compromiso con la democracia”. En la misma fecha se cumplió el aniversario del Cordobazo, sin que esto mereciera un recordatorio ni del presidente ni de ninguno de sus funcionarios. Dime qué reivindicas y te diré qué intereses defiendes. La juventud y los trabajadores deben estar explícitamente del lado contrario.

Santi Nuñez

Entrevista al economista especialista en deuda externa, Héctor Giuliano

«Los fondos buitres compraron los bonos al 30% en coordinación con los funcionarios del Gobierno de Macri»

M.H.: ¿A dónde estamos parados respecto de la negociación de la deuda?
H.G.: Una breve recapitulación, el gobierno a través del ministerio de Economía y del ministro Guzmán había puesto una fecha tope que venció el 22 de mayo. La Argentina desde que asumió el gobierno Fernández no interrumpió los pagos de deuda mientras negocia. Este es un tema muy controvertido, yo no estoy de acuerdo y lo he planteado y criticado porque cuando un país entra en negociaciones porque está en crisis de deuda porque no puede pagar, porque está diciendo que está en virtual default, porque está diciendo que no puede pagar nada hasta el 2023, porque el gobierno Macri le dejó una bomba de tiempo con vencimientos desde diciembre hasta febrero que tiene que andar reperfilando, que quiere decir pateando para adelante unos meses, no puede seguir pagando.
Macri tendría que haber pagado entre 12.500 y 14.000 millones de dólares de deuda en el segundo semestre del año pasado y cuando perdió las PASO empezó a reperfilar pateando la mitad a diciembre y la otra mitad a febrero de este año. Cuando adviene el gobierno Fernández, le guste o no, tuvo que reperfilarla a su vez a agosto/septiembre y eso es lo que viene haciendo, canjeando deuda, deuda que vence la canjea por deuda nueva. Emite deuda nueva y recoje deuda nueva.
Dentro de ese esquema la Argentina tuvo que entrar en una negociación con los acreedores porque no tiene plata para pagar, está en cesación de pagos o default, que es una palabra inglesa que significa incumplimiento. Usted cae en default cuando falla una cláusula de su contrato, como si hubiera firmado un pagaré, porque los bonos del Estado son pagarés públicos. Lo que significa que si tiene que pagar 100 y paga 98, ya está en default; o tiene que cumplir un pago en fecha, no lo hace y está en incumplimiento o default.
Eso significa que si no se paga se dispara la aceleración de la obligación. El acreedor cancela la operación por la falta de pago y entonces exige que se le liquide todo al contado, capital e intereses. Le hace un agujero financiero. Siempre que se lo pueda hacer, no es que el acreedor puede apropiarse del dinero público, tiene que hacer un juicio, pero el tema es que la mayoría de la deuda de arrastre del gobierno Macri se pactó con jurisdicción extranjera, entonces el tema es que el país va a ser llevado a los tribunales en la ciudad de Nueva York, como ya pasó durante el gobierno kirchnerista y vamos a tener el problema de que los jueces norteamericanos van a defender el interés de los acreedores, primero porque formalmente les corresponde, el acreedor siempre se presenta como damnificado, y después porque los fondos buitres son norteamericanos entonces están amparados por el gobierno y los jueces norteamericanos.
Vuelvo a la cuestión central, asume el gobierno Fernández y encara negociaciones con los acreedores, hace una oferta de canje que consistió en lo siguiente: cuando se habla de finanzas se habla de tres variantes claves, monto, plazo y tasa de interés. El deudor que no puede pagar le pide al acreedor algo del monto, es decir una quita, o le pide plazo, más tiempo para pagar, o una baja en el interés que está pagando. Esas son las tres variables financieras básicas y clásicas.
Ahí hay factores formales y también factores secretos, pero en lo básico lo que propuso el gobierno argentino es una quita solamente del 5.4%, reconociendo el capital, no pide rebaja, sino una quita mínima. Una fuerte concesión a los acreedores porque la Argentina no está hablando y negociando con los tenedores originales que compraron al valor total esos títulos, está hablando con fondos buitre que con la crisis de Macri de 2018 los compraron en el mercado al 30% de su valor y ahora se lo están reclamando a la Argentina al 100%.
Tienen el derecho legal de hacerlo. Yo hago siempre la siguiente comparación, si usted paga un pagaré por 100 y ese pagaré circula por endoso, pero como usted no va a poder pagar ese pagaré va perdiendo su valor y el último de la cadena es un usurero que lo compra a precio regalado por 30% de su valor pero después lo reclama por su valor nominal. Legalmente tiene razón porque es la obligación nominal que usted firmó, pero legítimamente no, porque usted es un especulador que compró un bono de un país que sabía que no podía pagar para especular con reclamárselo, con litigar.
La paradoja es que la ley norteamericana prohíbe este comportamiento que se llama “compra para litigar”. Es lo mismo que si usted va a una empresa quebrada o en cesación de pagos y compra acciones, porque sabe que esas obligaciones negociables van a perder valor entonces usted va a ir a un tribunal y va a querer que se lo paguen al 100%. La ley norteamericana lo prohíbe en EE UU pero lo permite para los países extranjeros. Eso se llama Doctrina Champerty, fue un caso típico de jurisprudencia con un país centroamericano, una hipocresía total porque se trataba de un fondo buitre que había comprado títulos de ese país y lo reclamaba. Los abogados adujeron la lógica, dijeron que este fondo buitre no es un pobre inversor estafado, compró cuando sabía que el país no iba a pagar, entonces se ampara en la ley norteamericana. Eso llegó a la Corte Suprema de Justicia y ahí emite ese fallo hipócrita, la Doctrina Champerty donde dice que sí, que esa regla es válida para los contratos suscriptos entre residentes norteamericanos pero no lo es para residentes extranjeros. Léase, la usura la frenan en su país, pero tienen carta libre para aplicar usura hacia otros países.
Lo que hizo el gobierno a través de Guzmán fue, primero una concesión muy grande a los fondos buitre que compraron bajo el gobierno de Macri, y no es solo que compraron para aprovechar una oportunidad, compraron en coordinación con los funcionarios del gobierno Macri. Porque el gobierno Macri, no solamente sabía lo que estaba pasando, sino que los compradores eran fondos de inversión, fondos buitre, con los cuales el gobierno estaba en contacto, Black Rock, que es el fondo más grande del mundo, Fidelity, Pimco, Gracelock, todos los que ahora están apareciendo, aunque la identidad de los inversores se mantiene en secreto.

Es una debilidad muy grande del gobierno haber aceptado negociar en secreto

Cuando empezaron las negociaciones, yo mandé una carta a título personal, donde pedí al ministerio de Economía que haga un censo de acreedores, a ver a quién le debía la Argentina y cuánto. No lo sabemos. Trasciende a través de la prensa, se sabe que aparece tal o cual fondo por un lado o por otro, pero no sabemos si queremos armar un cuadro de situación a quién y cuanto le debe la Argentina. Y eso es complicidad de los acreedores con el gobierno de turno, antes con Macri, ahora con Fernández.
Ahora están hablando y ya se firmó el acuerdo de confidencialidad, es un acuerdo de partes en donde acreedor y deudor, mientras negocian se ponen de acuerdo en no dejar trascender nada de las negociaciones. Eso tiene una lógica, por un lado si se está negociando con un acreedor no se ventila qué se negocia y que no, hasta ahí podría ser aceptable, pero cuando no se identifica el acreedor es distinto el tema, porque no se sabe qué se está negociando ni con quién. Es grave eso.
Por eso es una debilidad muy grande del gobierno haber aceptado esto, negociar en secreto con acreedores secretos, ahora le imponen los acreedores respetar el acuerdo de confidencialidad, porque bastó que el ministro Guzmán dijera que hubo una propuesta del fondo más importante, Black Rock, pero que la había rechazado porque no entraba dentro de los parámetros del gobierno, para que el fondo se declarara ofendido, entonces todos los acreedores le exigieron al gobierno que firme inmediatamente un acuerdo de confidencialidad.
El gobierno para salvar la ropa, invirtió la cosa, el ministerio de Economía sacó una invitación a los acreedores a firmar un acuerdo de confidencialidad.
La gran diferencia, y esto lo enfatizo porque hay que llamar las cosas por su nombre, no estamos negociando con caballeros o con financistas, estamos negociando con gángsters financieros, usureros, fondos buitre.

Macri hubiera caído en abril de 2018 sin el salvataje del FMI

M.H.: Es una partida de póker ilegal.
H.G.: Los fondos buitre ya entraron, no es que si la Argentina entra en default van a entrar los fondos buitres a comprar, no, eso ya pasó, de eso ya se ocupó el gobierno Macri que se puso de acuerdo con los fondos buitre para dejarle la bomba al nuevo gobierno y que el nuevo gobierno le guste o no iba a tener que negociar.
Macri vino a gobernar con deuda, en dos años llevó al país a la cesación de pagos, cuando fue la crisis de abril de 2018, en ese momento tendría que haberse hecho cargo de la negociación, pero en cambio le pidió el salvataje al FMI para que lo aguante, para que le preste plata para seguir pagándole a los acreedores y que le estire el financiamiento financiero y político para poder completar su mandato, sino Macri hubiera caído en abril de 2018.
Y hubiera caído desnudando la realidad, que había endeudado al país miserablemente, sin la más mínima capacidad de repago y hubiera tenido que hacerse cargo de la bomba que generó. En cambio, con la ayuda, el pulmón artificial del FMI sostuvo su situación.
Para mí la parte censurable del actual gobierno es que cuando era oposición no denunció esta maniobra, porque era visible, yo como analista individual no tengo otra representatividad que mi propio análisis, pero lo vengo diciendo desde que sucedió y soy un ilustre desconocido; en cambio todos los economistas del establishment se callaron la boca, todos saludaron la ayuda del FMI, porque supuestamente quería decir que el FMI nos tenía confianza. Invirtieron el discurso. La cuestión fue que Macri, en coordinación con los acreedores y con el FMI, prolongaron no solo su sostenimiento sino que generaron un condicionamiento total a la administración que viniera.
Por eso esto lo aceleran a partir de la derrota electoral en las PASO. El primer gran vencimiento que tuvo Alberto Fernández fue el 11 de diciembre, había asumido el 10. Así que el margen de negociación ante esta tormenta que dejó la administración anterior era nulo.
Cuando encara la negociación Alberto Fernández, a mi juicio entra con el pie izquierdo, porque cuando se produce una situación cesación de pagos, sea del Estado, sea de un acreedor privado, la ley, la lógica y el procedimiento normal, es que hay un endeudado que convoca a los acreedores a negociar, para ver cómo arregla el tema de su deuda. Pero en ese momento normalmente los pagos se suspenden, porque no se negocia una quiebra mientras se sigue desembolsando dinero. En cambio el gobierno Fernández para hacer buena letra mantuvo esta política de pagar mientras se negocia, y todavía lo ponderó, hablando de nuestra buena voluntad. Con ese chiste entre diciembre y hoy ya ha pagado más de 5.000 millones de dólares de intereses.
Es una postura, la del gobierno, demasiado débil y negativa para los intereses argentinos, porque si paga mientras negocia, el acreedor está en posición ganadora. Por ejemplo, la Argentina tendría que haber pagado unos 500 millones de dólares de intereses el 22 de abril, en la situación difícil que está como para presionar un poco dijo que no podía pagar en esa fecha, pero le corresponde un plazo de gracia de 30 días, entonces se prorrogó hasta el 22 de mayo. Venció el plazo y la Argentina no pagó, pero lo hizo con toda timidez a través del ministro Guzmán, diciendo que solo era por unos días porque se estaba esperando llegar a un acuerdo.
M.H.: ¿Tiene idea en qué consistiría ese acuerdo?
H.G.: No. Lo único lo sabemos porque es público. El resto son trascendidos. Lo que había ofrecido Argentina en su oferta de canje inicial era, primero, que en cuanto al monto se le hiciera un descuento del 5%. Si a un acreedor que compró un bono al 30% le ofrecés pagarlo al 95% descorcha champagne para festejar.
El segundo punto fue que el gobierno dijo que no podía pagar nada de nada, ni capital ni intereses hasta noviembre del año 2023, poco serio porque el gobierno termina en diciembre de ese año, quiere decir que el acuerdo que firme lo tiene que pagar el próximo gobierno.
Wall Street mandó a decir que esa propuesta era jocosa. Se le mataron de risa. Estos son trascendidos, no lo inventé, no quiero generar una imagen negativa, pero es la debilidad del gobierno. En ministro Guzmán junto con el Presidente, hasta el día anterior del vencimiento de la deuda dijeron ‘la Argentina no puede mover la oferta, la Argentina no se va a comprometer a pagar lo que no puede pagar’, etc. Les dijeron que no y automáticamente dijeron que la oferta era flexible y le exigieron que mejore la oferta. Mejorar la oferta quiere decir empeorar la oferta argentina. A la propuesta de pagar a partir de noviembre de 2023 les respondieron que tenían que empezar a pagar intereses en 2021.
En tercer lugar, en cuanto a la tasa de interés, la Argentina está pagando una tasa de interés del 7% promedio, pero no es así, en realidad está pagando alrededor del 9% en dólares, que es la tasa de interés en dólares más alta del mundo, porque en EE UU, los Bonos del Tesoro que se toman como referencia pagan una tasa de interés menor del 1%. Y en Europa pagan tasa cero y además en algunos casos pagan tasas negativas, eso significa que si se tiene un valor le descuentan en lugar de darle intereses.
Mientras tanto la Argentina paga la tasa más alta del mundo. La propuesta de la Argentina fue bajarla a un promedio del 2.33% que es muy baja obviamente, y empezando con una tasa de interés del 0,5% a partir de noviembre de 2023. Le dijeron que no de plano, que nunca le van a aceptar esa tasa a la Argentina porque el FMI que es el que tiene las tasas más baratas, es del 4.5%. Los países Iberoamericanos más pagadores, como Paraguay, Perú y Uruguay, renuevan deuda al 4.5/5%. Entonces la Argentina con los antecedentes que tiene no puede pedir el 2.33%. Le dijeron que no, que no la bajan a menos del 5 o 6%.
Esta es la vieja técnica del regateo llevada a un plano nacional. Pero esto es lo poco que se sabe. Las tres ofertas que hizo la Argentina, la quita del 5% del capital, no pago durante el gobierno Fernández y baja de la tasa de interés al 2.33%. Le dijeron que no a las tres y que presente otra oferta. Porque están en ganadores, y son poderosos para hacerlo pesar porque estos fondos están del lado del mostrador en donde reciben la oferta argentina, la miran con suficiencia y rechazan pateando la oferta y la Argentina ahora tiene que presentar otra oferta que está sujeta o no a la aprobación de los acreedores.
Se invierten los términos desde el punto de vista argentino, ya no es la Argentina la que pide que los acreedores le hagan llegar ofertas, sino que los acreedores le patean la pelota y le piden que mejore la oferta. La imagen es la de una persona en situación precaria y el acreedor lo vapulea al verlo así.
Esto que digo no es figurativo, y la prueba está en que Black Rock, que es el fondo de inversión más grande del mundo, tiene su sede en Nueva York, es un fondo de capitales judío-norteamericanos que dirigen dos grandes financistas de allí, uno es Larry Fink el otro es Robert Kapito, pero es un conjunto de socios que manejan activos, tienen un fondo común de inversiones, como una “vaca” de depositantes, el valor de esos activos es de 7 billones de dólares aproximadamente. Tienen más dinero que la Argentina y varios países juntos. Black Rock no solo tiene influencia financiera, tiene influencia política, están vinculados con el gobierno Trump y son aportantes a la campaña para la reelección de Trump. Así que los términos de relación son totalmente desparejos.
Trascendió a través de un medio importante, que no era el CEO, pero sí el jefe de Departamentos emergentes de Black Rock, el que se ocupa de las deudas con Iberoamérica, Gerardo Rodríguez, un mexicano, que cuando rechazaron la oferta argentina tuvo unas expresiones muy suficientes, de matón, con Martín Guzmán: “Ustedes no saben con quién están tratando, nosotros tenemos espalda para aguantar esto y llevarlos a los Tribunales. Así que tienen que modificar la oferta”.
Un amigo mío que se ocupa mucho de estos temas, Javier Llorens, me comentó que es el discurso de un mafioso, no un caballero que se dirige a un ministro de un país como corresponde. Lo peor es que este Martínez está denunciado por lavado de dólares de narcotráfico del Cartel de Juárez.
Hasta aquí lo que me preguntaba, en qué punto está la situación. Ahora hay que esperar al 2 de junio, que es la fecha que el gobierno prorrogó, para ver qué pasa.

Mario Hernandez | 03/06/2020

Cuba condena el terrorismo y la manipulación política

Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores

El Ministerio de Relaciones Exteriores expresa su enérgico rechazo a la calumniosa inclusión de la República de Cuba en una lista del Departamento de Estado de los Estados Unidos referida a países que supuestamente no cooperan plenamente con los esfuerzos estadounidenses contra el terrorismo, hecha pública el 13 de mayo de 2020, que fue contundentemente rechazada por el Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez.
Se trata de un listado unilateral y arbitrario, sin fundamento, autoridad o respaldo internacional alguno y que, como se sabe, solo sirve a propósitos de difamación y coerción contra países que se niegan a acatar la voluntad del gobierno de los Estados Unidos en sus decisiones soberanas.
El principal argumento utilizado por el gobierno de los Estados Unidos fue la presencia en el territorio nacional cubano de miembros de la delegación de paz del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia.
Como es ampliamente conocido, la delegación de paz del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia está en nuestro territorio porque, en virtud del abandono repentino de Ecuador de su condición de sede y a solicitud del gobierno colombiano y del ELN, el proceso de paz se trasladó a La Habana en mayo del 2018.
Este diálogo de paz había comenzado el 7 de febrero del 2017 en Quito. Cuba, junto a Brasil, Chile, Ecuador, Venezuela y Noruega, ha fungido como Garante del proceso de paz, por petición de las partes.
A partir de la llegada del Sr. Iván Duque Márquez a la Presidencia de Colombia el 7 de agosto del 2018, representantes de ese gobierno sostuvieron, desde el 8 de agosto de ese año, hasta enero del 2019, varios intercambios con Cuba y con la delegación de paz del ELN con el propósito de continuar los diálogos que habían comenzado durante el mandato del Presidente Santos, proceso en el cual nuestro país actuó con la debida discreción y riguroso acatamiento de su papel de garante.
Tras el atentado en la Escuela de Cadetes de Policía de Bogotá, del 17 de enero de 2019, el Presidente de la República de Cuba y el Ministro de Relaciones Exteriores expresaron de inmediato sus condolencias al gobierno y pueblo colombianos, en particular a los familiares de las víctimas del atentado, y reiteraron la firme posición de nuestro país de rechazo y condena a todos los actos, métodos y prácticas terroristas en todas sus formas y manifestaciones.
El gobierno colombiano tomó entonces acciones políticas y legales contra la delegación de paz del ELN que se encontraba en territorio cubano y rompió el diálogo de paz. Adicionalmente, decidió desconocer el Protocolo de Ruptura, en franco abandono y quiebre de los compromisos adquiridos por ese Estado con otras seis naciones firmantes del mismo.
El Protocolo de Ruptura se firmó en el marco de las negociaciones de paz por el Gobierno de Colombia, el ELN y los países Garantes, el 5 de abril de 2016. En él se establece el regreso seguro de la delegación guerrillera a Colombia en caso de romperse el diálogo.
El gobierno cubano sostuvo y sostiene hoy que lo que corresponde, según los documentos acordados, es la aplicación del Protocolo. Esta postura, respaldada ampliamente por la comunidad internacional y sectores comprometidos con la búsqueda de una solución negociada al conflicto armado colombiano, es una práctica universal reconocida y ratificada reiteradamente por apegarse al Derecho Internacional y a los compromisos del País Garante y Sede de los diálogos. Debido a la no aplicación de este Protocolo, es que aún permanecen en el país los miembros de la delegación de paz del ELN.
El gobierno colombiano ha incursionado en una serie de acciones hostiles contra Cuba, que incluyen declaraciones públicas, amenazas y emplazamientos, mediante la manipulación, ingrata y políticamente motivada, de nuestra inobjetable contribución a la paz en Colombia. Entre estas acciones, se registró la modificación de la postura histórica de Colombia de apoyo a la Resolución que cada año aprueba la Asamblea General de las Naciones Unidas en demanda del fin del bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos que provoca daños y sufrimiento al pueblo cubano. Esta acción cambió ostensiblemente la posición consistente e invariable de todos los gobiernos colombianos desde 1992.
El mismo día que EE.UU. anunció la inclusión de Cuba en la lista de países que supuestamente no cooperan plenamente con los esfuerzos estadounidenses contra el terrorismo, el Alto Comisionado para la Paz del gobierno de Colombia, Sr. Miguel Ceballos Arévalo declaró públicamente que la decisión del Departamento de Estado de incluir a la isla era un “espaldarazo” al Gobierno de Colombia y a su “insistente solicitud” para que Cuba le entregara a los miembros de la delegación de paz del ELN.
Estas declaraciones del Sr. Ceballos han sido criticadas en Colombia por amplios sectores comprometidos con la paz y varios políticos colombianos han demandado del gobierno una explicación sobre las mismas y acerca del desconocimiento del Protocolo de Ruptura.
El Ministerio de Relaciones Exteriores rechaza, en términos enérgicos, las declaraciones del alto funcionario colombiano.
Lo que se desprende de los comentarios del Alto Comisionado para la Paz es que la conducta del gobierno de Colombia ha servido y facilitado los argumentos para los propósitos agresivos de los Estados Unidos contra nuestra Nación y que ha brindado su “espaldarazo” a las infamias estadounidenses contra una nación de América Latina y el Caribe.
La presencia de representantes del ELN en nuestro territorio, en la que descansa la acusación estadounidense, no es más que un pretexto endeble y deshonesto, carente de sentido y facilitado por la actitud ingrata del gobierno de Colombia, si es que algún crédito merecen las declaraciones del Sr. Ceballos.
En cualquier caso y aún con esa supuesta ayuda del gobierno de Colombia, la acusación de los Estados Unidos es totalmente infundada. Existen evidencias concretas, algunas de ellas muy recientes, de nuestra colaboración bilateral con los Estados Unidos en el combate contra el terrorismo y en esfuerzos conjuntos de aplicación y cumplimiento de la ley, en acciones de particular interés para este, lo que convierte la calificación anunciada por el Departamento de Estado en un acto deliberado de distorsión de la verdad.
Debe recordarse que Cuba es un país que ha sido víctima de numerosos actos terroristas organizados, financiados y ejecutados desde territorio de los Estados Unidos, por parte de grupos e individuos que han disfrutado allí de tolerancia y protección gubernamental, realidad que es de dominio público. Fue víctima también, en el pasado, del terrorismo de Estado perpetrado directamente por el gobierno de los Estados Unidos, que actuó en ocasiones en contubernio con el crimen organizado de ese país. Por acciones de este tipo han muerto 3478 cubanos y 2099 sufren o han sufrido algún tipo de discapacidad.
El pasado 30 de abril, nuestra Embajada en los Estados Unidos fue objeto de una agresión terrorista. El gobierno estadounidense mantiene desde entonces un silencio cómplice, sin condenar o siquiera rechazar el hecho, y se abstiene de tomar acciones contra personas y grupos terroristas radicados en territorio estadounidense que incitan a la violencia contra Cuba y sus instituciones.
Como consecuencia, tras el atentado terrorista contra nuestra Misión Diplomática en Washington, se han producido amenazas contra la integridad de diplomáticos y Embajadas cubanas en los propios Estados Unidos, así como en México, Costa Rica, Antigua y Barbuda, Canadá, Chipre, Austria y Angola, todo lo cual se ha informado a los respectivos gobiernos.
La actitud de manifiesta complicidad del gobierno de los Estados Unidos conlleva el peligro de ser asumida como un endoso al terrorismo. Es consecuente con la intensificación de la política de agresión e instigación a la violencia contra Cuba, llevada incluso a los países donde labora personal cubano de la salud en programas bilaterales de cooperación.
El compromiso de nuestra Nación con la actuación enérgica y la condena del terrorismo está recogido en la Constitución. Es absoluto y categórico contra cualquiera de sus formas y manifestaciones, en particular el terrorismo de Estado, y está respaldado por la debida legislación. Existen sobradas razones para dudar de que el gobierno de los Estados Unidos pueda emitir una afirmación tan categórica sobre su posición frente al terrorismo.
Cuba ha mantenido de manera invariable su apoyo a la paz de Colombia y ha trabajado desde su condición de Garante en la implementación del Acuerdo de paz entre el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), a pesar de que el Gobierno colombiano no ha garantizado la protección de dicho Acuerdo y no ha asegurado su estricto cumplimiento.
Como se ha planteado por vías diplomáticas, el Ministerio de Relaciones Exteriores solicita al gobierno de Colombia conocer cuál es su postura sobre la condición de los Garantes en el proceso de Paz de Colombia, en particular el de Cuba.
Igualmente, requiere conocer cuál es la posición del gobierno sobre la aplicación y el cumplimiento del Acuerdo de Paz entre el Gobierno de Colombia y la FARC-EP.
El Ministerio de Relaciones Exteriores insta al Gobierno de Colombia a que declare su posición oficial acerca de las razones que le atañen para la inclusión de Cuba en la lista elaborada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos y aclare cuál fue el papel y la postura de sus funcionarios en los intercambios previos realizados con los Estados Unidos al respecto.
Como país que ha sido víctima del terrorismo, Cuba deplora toda manifestación de manipulación y oportunismo político al tratar un asunto tan sensible.

La Habana, 1 de junio del 2020

Estados Unidos: ¿es una “protesta”? No, es una rebelión popular



La burguesía norteamericana está sacudida sólo como lo registró la historia de EE.UU. pocas veces. “Joe Lockhart, ex secretario de prensa de la Casa Blanca, tuiteó el lunes por la noche: ´Viví a través de MLK (Luter King) y Bobby (Kennedy) asesinados, nuestras ciudades en llamas, Watergate, el 11 de septiembre y otras tragedias nacionales. Nunca he estado tan asustado por nuestro país como lo estoy esta noche. Trump tiene que irse ahora" (The Guardian, 2/6).
No se recuerda en EE.UU. que un presidente sea tratado de “dictador” (Kamala Harris, senadora demócrata por California) o de acusarlo de recurrir al “discurso fascista” (Ron Wyden, senador demócrata por Oregón) en referencia a Trump. Robert Reich, ex secretario de Trabajo de Clinton escribió: “Él ya no es presidente. Cuanto antes dejemos de tratarlo como si lo fuera, mejor” (ídem, 31/5).
El gobierno de Trump es considerado ya como el peor desde Herbert Hoover, el mismo con el que EE.UU. entró en la bancarrota de Wall Street de 1929. Su presidencia es considerada una 'escribanía', donde sólo se escucha a los aduladores y al dueño de la cadena oficialista (Fox), luego de haber despedido o “perdido” a los consejeros 'sensatos'. (ídem).
La burguesía se pregunta: ¿podrá llegar Trump a noviembre?

Militarización

“La magnitud de las protestas –editorializó The Guardian, 1/6– por el asesinato de Floyd (romper los toques de queda y desafiar a las tropas de la guardia nacional, durante seis días y en casi 40 ciudades estadounidenses) sugiere que esta muerte puede ser un punto de inflexión”.
Trump mientras tanto persiste. Alrededor de la Casa Blanca “hay vehículos blindados y tropas afuera de las estaciones de metro de Washington. Hombres con equipo de combate que portaban rifles de francotirador fueron vistos encaramados en la puerta abierta de un helicóptero volando bajo sobre el distrito comercial. Un helicóptero militar se acercó tan cerca al suelo para dispersar una manifestación que mucha gente fue azotada por el viento del motor, una técnica de dispersión aprendida en contrainsurgencias en el extranjero. El lunes, una protesta totalmente pacífica fue expulsada de una plaza de la ciudad frente a la Casa Blanca con gases lacrimógenos, a bastonazos y policías montados, para que Trump pudiera posar frente a una iglesia con una Biblia” (The Guardian, 2/6).
Ese día “entre la pandilla de funcionarios que caminaban detrás de Trump para su sesión de fotos bíblica estaban el secretario de defensa, Mark Esper, y el general más importante del país, el jefe del Estado Mayor Conjunto, Mark Milley, vestido con uniforme de combate. Su presencia en Lafayette Square, caminando en medio de los destrozos que dejaron los manifestantes que huían, pasó por encima de la línea que supuestamente separa al ejército de EE. UU. de la política interna y echó lastre a las imágenes de Trump de una guerra justa contra un enemigo pernicioso en su interior” (ídem, 3/6).
Al día siguiente, sin embargo, Esper y Milley calificaron a una intervención del ejército como inconstitucional.
Rechazaron en forma expresa la aplicación de la Ley de Insurrección de 1807, como amenazó hacer Trump. Estamos ante una insubordinación del jefe del Pentágono, que obviamente no hablo por cuenta propia.
"Cuando comienza el saqueo, comienza el tiroteo" había tuiteado Trump pocas horas después de las primeras manifestaciones. La prensa destaca que la policía no detiene a los saqueadores, lo que ha llevado a muchos a suponer que son pandillas organizadas por la misma policía. Un estilo de acción que aplica Bolsonaro, con lujo de detalles.
“Desde su defensa de los manifestantes de extrema derecha en Charlottesville hasta el ataque a los jugadores de fútbol negros que se niegan a cantar el himno nacional, Trump ha exacerbado la división racial y la ha explotado para apuntalar su base de votantes blancos. Entre ahora y noviembre, existe el peligro de que el presidente intente actuar sobre los matices autoritarios de su discurso inaugural en 2017” (íd.ant.).

Algo que no se vio ni en 1968

Aunque las movilizaciones tienen su epicentro en las ciudades con importantes poblaciones negras, el estallido social es multirracial.
El movimiento Black Lives Matter nació después de que el asesino de Trayvon Martin, un joven desarmado de 17 años fuera asesinado por un policía de Florida en 2012, fura absuelto por el jurado. En varias ciudades, BLM juega un rol protagónico.
Otro dato destacado son algunas manifestaciones de solidaridad de la policía con las manifestaciones. The Guardian escribe que los policías de “Nueva Jersey marcharon con los manifestantes, o que el jefe de policía en Atlanta condenó el uso de Tasers por parte de sus agentes y salió a la calle a escuchar a los manifestantes” (3/6); lo mismo sucedió “en la ciudad de Coral Gables (Florida)” y en Michigan, donde “un 'sheriff' de EE.UU. y sus agentes bajan las armas y se unen a una protesta por la muerte de Floyd” (www.actualidad.rt.com, 31/5).

Norberto Malaj
03/06/2020

La chispa de las brigadas médicas cubanas



A lo largo de casi seis décadas, millones de personas de diferentes continentes se han beneficiado con la ayuda médica cubana.
Esa lucha por la salud y la vida en otras partes del mundo tuvo la chispa inicial el 23 de mayo de 1963, cuando salió desde Cuba hacia la recién liberada República de Argelia la primera brigada internacionalista cubana.
De sus 55 integrantes iniciales, que en total llegaron a 57 contando a otros dos jefes de brigada que rotaron en esa etapa y a un médico que se les integró, ya solo quedan vivos una decena. El tiempo pasa implacable por nuestras vidas y no ofrece perdón.
Por eso me resultó muy agradable localizar al doctor Pablo Resik Habid, quien fungió como jefe de esa primera brigada médica, aunque se incorporó unos meses más tarde, en enero de 1964, a solicitud del entonces ministro de Salud, José Ramón Machado Ventura.
Resik, que nació en Santa Clara el 21 de octubre de 1930, terminó la carrera de medicina en 1957, dos años antes del triunfo de la Revolución. Tras graduarse laboró como anestesiólogo en varios hospitales. Desde el triunfo de la Revolución se incorporó a trabajar en la organización de la Salud Pública, y cuando partió hacia Argelia era subdirector de Asistencia Médica de La Habana.
A pesar del largo tiempo transcurrido, Resik mantiene muy claros sus recuerdos de aquella epopeya, los que narra con soltura.
La situación de Cuba en 1963 no era muy halagüeña, explica, pues de los 6 000 médicos existentes antes de la Revolución, ya había emigrado la mitad, entre ellos muchos profesores de la única escuela de medicina. Se habían iniciado las agresiones militares, políticas y económicas de Estados Unidos contra la Isla y eran momentos difíciles. Pero la situación de Argelia era peor, pues tras zafarse de las cadenas del colonialismo, se quedó prácticamente sin médicos y con su economía desbaratada.
La decisión de Fidel y del gobierno fue genial, agrega, y demuestra la sensibilidad y la valentía política desde los inicios de la Revolución. Hoy, 57 años después, comprendo y valoro más estos principios.
Debo significar que aquella misión se estableció bajo el concepto de la voluntariedad, pues nadie fue presionado ni obligado a participar, concepto que ha primado en todas las misiones internacionalistas. Muchos más de los que fuimos estaban dispuestos a cumplir con la tarea.
La brigada se conformó sobre la base de las necesidades más urgentes planteadas por las autoridades argelinas. Fueron 54 compañeros, 42 hombres y 12 mujeres (posteriormente se integró uno más para hacer el cómputo de 55). O sea, 29 médicos de variadas especialidades; 14 enfermeros; 7 técnicos (RX, optometría, laboratorio, anestesia) y 4 estomatólogos.
Viajamos hacia Argelia en un antiguo avión Britania. Al frente iban el doctor José Ramón Machado Ventura, entonces ministro de Salud Pública, y el doctor Gerald Simon, quien era viceministro de ese organismo. Después de ubicar a los internacionalistas, Machado regresa y Simon permanece allá para acabar de asentar los coloboradores. Más tarde fue sustituido por el doctor Mario Escalona, ya fallecido, quien se mantuvo hasta enero de 1964, cuando yo viajo a Argelia en avión, vía Gander, y me hago cargo del destacamento. Esa primera misión regresa a mediados de 1964 y yo me quedo hasta agosto para ubicar a la segunda delegación.
Al preguntarle cómo evaluaría esa misión después de 57 años, inmediatamente responde: Siempre digo que dejamos atrás la gran patria: Cuba y la pequeña familia. Y allá formamos una pequeña patria, con todos los cubanos que estuvimos, y una enorme familia porque, constantemente, todos nos preocupábamos por todos.
La misión tuvo una profunda significación en cuatro aspectos. El humano: al dar esa ayuda con un sentido de fraternidad, de humanismo, comprender la necesidad que tenía ese pueblo y brindarle nuestro aporte desinteresado. A mí me dejó con una gran satisfacción interna, con la felicidad de dar, que es mucho mayor que la de recibir. El político: conociendo a Argelia y su situación, pudimos comprender en la práctica lo que fue el colonialismo para las grandes masas del pueblo argelino. El cultural: pues para muchos de los participantes resultó la primera salida al exterior, y aprendimos cosas en un medio muy diferente al nuestro, con un clima desértico, sahariano. Diferencias culturales relativas al idioma, la comida, costumbres, religión, hábitos. El científico: nos ayudó a completar nuestra formación profesional, pues trabajamos en un medio extraño, con tremendas dificultades, sin las posibilidades técnicas que teníamos en Cuba, y con enfermedades nuevas que no conocíamos.
Por eso, concluye Resik, aun me emociono mucho al recordar cómo lloraban los habitantes argelinos cuando regresaron los primeros integrantes de la brigada internacionalista.

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano.

Uruguay: El consenso empresario, la coalición gobernante y la izquierda



Caída en picada de los índices económicos y una profundización de la miseria social, son las consecuencias del manejo de la crisis por parte del gobierno de derecha. Un recorrido por las políticas gubernamentales desde la emergencia sanitaria y el debate sobre qué izquierda construir.

El alto acatamiento de la sociedad a los exhortos de aislamiento voluntario por parte del gobierno contribuyó de manera decisiva (hasta antes de los nuevos casos en Rivera) para aplanar la curva epidemiológica. Pero la economía se detuvo y se dispararon las otras curvas, las de la inflación en los alimentos de primera necesidad y el seguro de paro. Se disparó la curva de las ollas populares y las miles de personas que viven de trabajos informales se hicieron visibles por primera vez en mucho tiempo, poniendo en cuestión la calidad del trabajo creado en los últimos 15 años.

Condiciones para una extorsión

Esta situación de extrema necesidad a la que está siendo sometido un sector importante del pueblo trabajador, constituye un problema para el gobierno, pero también puede significar una ventaja para comenzar a imponer una de las discusiones importantes entre el empresariado: el salario.
Existe un gran consenso entre los empresarios y analistas económicos que radica en acelerar los pasos hacia la “nueva normalidad” y buscar salir de la crisis con un abaratamiento en el costo de la fuerza de trabajo. Son varias ya las declaraciones de prensa y artículos en distintos medios que plantean la gran disyuntiva en términos del liberalismo económico: ¿empleo o salario? El ex Ministro de Economía de Lacalle Herrera, Ignacio de Posadas fue uno de los primeros en plantear el problema desde las páginas de El País con una nota titulada Es tiempo del empleo. Por su parte, la directora de Política Económica del MEF, Marcela Bensión (e hija de Alberto Bensión) señaló hace algunas semanas en El Observador que “Tenemos que ser todos muy maduros: empresarios, trabajadores y Poder Ejecutivo en buscar la mejor solución para la sociedad en conjunto. En particular, el tema que nos preocupa y nos desvela y en el que estamos enfocados es el empleo. Confío en que en esa negociación haya sensatez de todas las partes para poner sobre la mesa el tema que hoy es más urgente y acuciante, que es mantener el empleo (…)”. Así, se plantea la discusión en términos de “más salario, menos empleo”, echando mano al factor de la desocupación como elemento de presión sobre los que aún conservan su empleo.
La propuesta del Ministerio de Trabajo está a tono con los reclamos empresarios, es decir, bajo el pretexto de la pandemia se busca un acuerdo de postergación de la ronda salarial hasta 2021. ¿Irá el gobierno hacia un ajuste del salario con aumentos por debajo de la inflación o su congelamiento? En cualquiera de estas dos opciones, el ajuste se dará mediante la pérdida de salario real por vía inflacionaria.
Tras días de homenajes y evocaciones al economista británico John Maynard Keynes, el equipo económico volvió sobre sus pasos y Lacalle Pou colocó a Isaac Alfie a comandar la salida hacia la “nueva normalidad”. El director de la OPP encarna el ala liberal más ortodoxa dentro del gobierno y las restricciones en el gasto público son su principal preocupación.
Después de los primeros momentos de demagogia y de decir que “el gobierno gastará lo que deba para cuidar la salud de los uruguayos” (cuestión que tuvo más de discurso que de realidad), el gobierno retoma de lleno su agenda de recuperación de la rentabilidad para el capital. La metáfora sobre los “malla de oro” no podría haber sido una mejor explicación del pensamiento del presidente y de todo el ejecutivo, ya que un recorte impositivo para que los grandes capitales “pedaleen” más rápido, no mejora la condición del pelotón, sino que agranda la distancia, es decir, la desigualdad social.
Bajo la explicación de querer mantener la liquidez en la economía, el gobierno habilitó medidas que favorecieron a los empresarios. Una muestra de eso fue la flexibilización y generalización de las condiciones para el envío al seguro de paro especial. La contrapartida por el lado de los trabajadores informales fue el otorgamiento de una canasta de $1200, una suma vergonzante con la que una persona no puede alimentarse más allá de unos pocos días.

Las batallas que ganó el gobierno y la oposición del Frente Amplio

Desde que se declaró la emergencia sanitaria el 13 de marzo el gobierno pasó por distintos momentos de incertidumbre y afirmamiento. Desde el punto de vista político se anotó algunos triunfos en las batallas que se planteó. En lo que refiere a la situación sanitaria, primariamente el gobierno contra buena parte de la opinión pública y del mismo Frente Amplio y el Sindicato Médico, decidió no decretar la cuarentena general e ir por el camino del aislamiento social voluntario. “Hacer buen uso de las libertades” fue el eje estructurante de un discurso liberal que funciona en situaciones como la actual, pero tiene problemas para tratar con la disidencia política y la protesta social.
El cierre de fronteras y el anuncio temprano del estado de emergencia sanitaria, junto a la ampliación de la capacidad de testeo - gracias a los científicos del Instituto Pasteur - decantó en un control sobre los focos infecciosos que hizo que el virus no se propagara. Evidentemente Lacalle tuvo un toque de suerte, ya que la situación podría haberse descontrolado, siendo que el cierre de fronteras fue tarde y no aumentó el presupuesto para la salud. Ahora, la aparición de al menos tres focos en Rivera, pone sobre la mesa de nuevo el problema sanitario y el peligro latente de propagación, que tiene relación directa con la situación política brasileña y la crisis política y sanitaria de ese país.
El video de Manini marcó un perfil y un discurso al interior de la coalición, planteándose como alternativa en lo económico a Alfie o Arbeleche, haciendo uso de la retórica artiguista de “protector de los débiles”, contra la especulación con los precios y pidiendo al gobierno mayor “sensibilidad social” con respecto al reclamo por la suba de las tarifas públicas. Sin embargo, fue una intervención que no pateó el tablero, ya que una salida de Salinas hubiera impactado sobre la coalición de gobierno, y sobre todo sobre la figura de Manini Ríos, que se plantea como candidato en la coalición de derechas hacia 2024.
El impuesto a los trabajadores públicos con salarios líquidos mayores a 80 mil pesos fue también una hábil jugada para plantear una serie de divisiones entre los trabajadores estatales y los privados en seguro de paro, o entre estatales e informales que quedaron sin ingresos. Poniendo la cuña entre los trabajadores y no entre capital y trabajo.
El #QuedaEnCasa como eslogan repetido hasta el hartazgo, junto a medidas que fueron bien tomadas por las capas medias de la sociedad (impuesto a los públicos) y armonizaron con su sentir, y la sensación generalizada abonada por el gobierno y los grandes medios de comunicación de estar “cuidando de la salud de los uruguayos”, así mismo como los shows de Ernesto Talvi en el aeropuerto recibiendo repatriados o atendiendo a los varados dentro del crucero Greg Mortimer; generó altos niveles de aceptación del gobierno del 65% a mediados de abril. El gobierno fue afirmándose entre sus votantes y durante algún tiempo amplió sus bases de sustentación hacia sectores sociales medios que habían votado por el Frente Amplio.
Uno de sus logros más importantes en materia política quizás haya sido neutralizar al Frente Amplio como oposición. En el ex oficialismo, desde el comienzo de la crisis sanitaria ha seguido operando una lógica de “disputa del centro”, lo que termina siendo un facilitador de la “unidad nacional”, que marcó la situación política desde comienzos de la crisis sanitaria hasta, al menos, la introducción de la LUC.
Mientras el gobierno iba aumentando su popularidad con la pandemia y aislaba al PIT-CNT, el FA quedó desorbitado. Fue a la Torre Ejecutiva a aconsejarle al gobierno que hiciera uso de líneas de crédito de los organismos multilaterales. En medio de la pandemia, el cacerolazo extendido organizado por la Intersocial y el PIT-CNT ante el aumento de las tarifas públicas fue contundente, aunque insuficiente para enfrentar el ataque al salario y al empleo.
Pero cuanto más se siente el daño económico en el bolsillo de los que viven de su salario, y cuanto más lejos queda la percepción del peligro pandémico, el gobierno comienza a replegarse sobre las bases sociales de la coalición multicolor y, aquí, el papel de los aliados adquiere su peso específico. La entrada de la LUC al parlamento recompuso parcialmente la polarización entre frenteamplistas y multicolores, y a su vez, las modificaciones de la LUC en comisión marca algunos de los límites en los acuerdos de los partidos que componen la coalición. Quizás haya sido este uno de los factores que Lacalle estimó para enviar la ley al parlamento, haciendo un equilibrio entre los costos políticos en la opinión pública y los tiempos de vida que le queden a la coalición.

Una movilización, dos izquierdas

La movilización del pasado jueves 14 de mayo contra la Ley de urgente Consideración demostró que frente a la izquierda que tiene como centro de su accionar político a la negociación parlamentaria, surge otra izquierda que gana nuevamente las calles.
Vuelve con más vigencia el debate acerca de cuál debe ser la estrategia de las fuerzas de izquierda para enfrentar esta brutal transferencia de recursos a los sectores empresariales: una izquierda de la negociación parlamentaria, de oposición parcial y discursiva a la LUC, o una izquierda que plantee que la lucha contra la LUC es ahora y ponga el centro de gravedad de su política en la movilización.
Desde las páginas de La Izquierda Diario bregamos por la conformación de una izquierda política y social que luche por organizar a la clase trabajadora democráticamente, apuntando a sus métodos de lucha para imponer una salida propia en esta debacle económica, sanitaria y social. Una izquierda que se plante contra las medidas pro empresariales del gobierno, y que se proponga cuestionar al capitalismo, el verdadero virus que mata y que merece perecer.

Damián Recoba
Martes 2 de junio | 09:21

Aclaración: El presente artículo fue elaborado antes de los sucesos acontecidos con el asesinato de los tres miembros de la Armada Nacional.

Brasil: las marchas antifascistas y la evolución de la crisis política



Este fin de semana, las calles brasileñas fueron escenario de movilizaciones y confrontaciones entre seguidores del presidente Jair Bolsonaro y opositores. Frente a los actos prooficialistas que vienen reclamando el cierre del Congreso y una intervención militar, las hinchadas organizadas de algunos de los principales clubes de fútbol (Corinthians, Palmeiras, San Pablo, Santos) promovieron acciones antifascistas y antigolpistas que resultaron más numerosas. En San Pablo, la policía reprimió a las hinchadas y se produjeron choques entre ambos bandos. En Rio de Janeiro, las protestas a favor y en contra quedaron apenas separadas por un cordón policial. Aquí también, la policía cargó contra los opositores. A su vez, frente al Palacio Guanabara, sede del gobierno estadual, hubo una concentración de “Favelas en Lucha” que denunció el aumento de los crímenes racistas en el Estado y se solidarizó con George Floyd, asesinado en Minneapolis . Mientras tanto, Bolsonaro acompañó a caballo la protesta de sus acólitos en Brasilia.
Para el domingo 7 están previstas nuevas movilizaciones opositoras. Temeroso de un desborde, el gobernador de San Pablo, Joao Doria, quiere impedir que marchas a favor y en contra ocurran un mismo día.
Estos hechos marcan el calentamiento del clima político en Brasil, que también ha experimentado estos días agudos choques “por arriba”. Algunos gobiernos estaduales, entre ellos el de Rio, sufrieron operativos de la Policía Federal la semana pasada, en una investigación por corrupción en la compra de materiales para enfrentar la pandemia (que ya tiene al país como el segundo en el mundo con mayor número de infectados y el cuarto con mayor número de muertos). El gobernador de Rio acusó a Bolsonaro por los allanamientos y reclamó la cárcel para uno de los hijos del presidente.
Pocos días después, con el aval de la Corte, hubo nuevos allanamientos, pero esta vez contra empresarios y seguidores de Bolsonaro, por amenazas contra jueces y por una red de “fake news”. Hay agudos choques en el aparato estatal y cada agresión encuentra su réplica.
Días antes, Brasil se había visto conmovido por la difusión del video -autorizada por la Corte Suprema, a pedido del exministro Sergio Moro- de una reunión de gabinete del 22 de abril, en que Bolsonaro reconoce sus intenciones de copar la Policía Federal para bloquear las investigaciones judiciales en su contra. Por este último motivo, Bolsonaro está siendo investigado por la justicia y podría ser destituido.
Para neutralizar un potencial impeachment y las investigaciones de la Corte (cuyo avance requerirían en algún momento un aval parlamentario), Bolsonaro se ha lanzado a una conquista del llamado “centrao” político, que posee cerca de 200 diputados, número capaz de bloquear un juicio político. Para ello, les está otorgando todo tipo de cargos políticos.
Paralelamente, refuerza sus lazos con las Fuerzas Armadas, que tienen más cargos en el gobierno y se han transformado en un factor clave de la situación. Ni la destitución de Bolsonaro ni un autogolpe (cierre del Congreso) pueden ser descartados.
Mientras tanto, Bolsonaro sigue tratando de abanderar a la burguesía detrás de un planteo anti-cuarentena. Los gobernadores, que lo critican, están flexibilizando ellos mismos las medidas de aislamiento bajo la presión empresaria. Se estima que el 75% de las empresas en San Pablo están en funcionamiento.
Pero Brasil sufrirá severamente el impacto de la crisis, dirigiéndose a la peor recesión de su historia, según el Deutsche Bank. Esto provoca divergencias acerca del rumbo económico. En el famoso video de la reunión de gabinete, el ministro de Hacienda, Paulo Guedes, partidario del recorte del gasto público y las privatizaciones masivas, hace una crítica lapidaria del plan Pro-Brasil de inversiones públicas y subsidios, que es promovido por el general y jefe de gabinete, Walter Braga Netto.

Las masas

No obstante las divisiones y choques “por arriba”, hay una coincidencia en el ataque contra las masas. Bolsonaro ha pactado con los gobernadores el congelamiento del sueldo de los empleados públicos y más de 7 millones de trabajadores ya sufren recortes salariales por suspensiones en medio de la pandemia.
El PT, el PCdoB, el Psol y numerosas organizaciones sociales han presentado un pedido de impeachment contra Bolsonaro (al que se sumó también el PSTU). Este pedido de impeachment no está concebido como un auxiliar de la lucha de las masas, sino como un recurso para encapsular la crisis en las vías institucionales. Es funcional a una salida ordenada y a un relevo patronal.
La crisis brasileña no se dirimirá en el terreno institucional, como lo muestran las conspiraciones y choques que se ven en las cumbres políticas. La CUT debe romper su política de colaboración de clases y lanzar un plan de lucha, en la perspectiva de la huelga general para echar a Bolsonaro-Mourao. Frente a las amenazas de Bolsonaro y las bandas derechistas, planteamos el frente único y la organización de la autodefensa de los trabajadores y luchadores.
Al régimen político corrupto, incluyendo el Congreso y la justicia, le oponemos el planteo de una asamblea constituyente libre y soberana que reorganice el país sobre nuevas bases sociales.

Gustavo Montenegro

H.G. Wells describe escenas que llegarían a ser realidad años después

Entre confinados del mundo entero solemos decir que la realidad se ha pasado de frenada, superando a las mejores novelas de ciencia-ficción.
Nuestro compañero Alejandro Luque, refugiado en Cádiz, ciudad-madre que lo acoge en su cuna mecida por los mares, ha confirmado tal intuición con novelistas gaditanos de Sci-Fi para Eldiario.es.
Quizás algún gaditano sea el próximo Mozart de la ciencia-ficción. Dalí se equivocó al situar el centro del mundo en la estación de ferrocarriles de Perpiñán (esos catalanes…). Desde luego, el padre de todos, el Leopoldo, era el inglés Herbert Georges Wells.
El filosofo francés Louis Althusser escribió que el siglo XIX había traído figuras que no se esperaban: Freud, Marx, Nietzsche… Centrado en la aportación filosófica germánica, omitió completar su letanía con Darwin, Mary Shelley, Stevenson, Wells… todos británicos.
De aquel siglo victoriano de masiva revolución industrial e imperialismo mundial con exquisita educación so british, con Londres ciudad-mundo de calles llovidas, esas figuras pusieron patas arriba la ciencia, la fantasía, los sueños y las pesadillas de la Humanidad.
El colmo ha sido Darwin: observando bichos y pajaritos, vaya si la ha armado —más aun que Copérnico o Galileo— y para siempre. Mary Shelley, la primera en el siglo, nos ha dado el monstruo de Frankenstein, luego Stevenson el Dr. Jekyll y Mr. Hyde (también el pirata de la pata de palo). Como las de Shelley y Stevenson, las novelas de Wells han marcado nuestros imaginarios: la maquina del tiempo, el hombre invisible, los primeros hombres en la Luna, la isla del Dr. Moreau y la invasión extraterrestre con La guerra de los mundos en 1898.
De su obra prolífica (es además el inventor del ‘wargame’), sus novelas de anticipación son las que han tenido múltiples adaptaciones cinematográficas. Destaca la estupenda “maquina del tiempo” de Georges Pal de 1960. En la versión de 1979 de Nicholas Meyer, el héroe es el mismísimo H.G. Wells, y persigue a Jack el Destripador quien, huyendo de la policía, se fuga en el tiempo con la maquina que Wells tiene montada en su sótano. Solo falta Sherlock Holmes.
En tiempos de pandemia que mantienen en vilo nada menos que toda la Humanidad, vale detenerse en La guerra de los mundos. Vale la pena volver a la literatura, a esa novela que trata por primera vez una catástrofe mundial que de repente le cae encima a la Humanidad, amenazando con el caos y el derrumbe de la sociedad.
La novela cuenta la invasión marciana de Londres en tiempo real, vista por el héroe cuyos recuerdos estamos leyendo. El cine no existía cuando Wells escribió, pero la escritura es asombrosamente cinematográfica.
Cuando empieza el ataque marciano, Wells describe escenas que llegarían a ser realidad en Europa algunos años después: un éxodo masivo y precipitado por las carreteras, ataques con armas químicas y con maquinas de guerra superpotentes, artefactos voladores… La primera y segunda guerra mundial parecen anticipadas en la novela.
Wells ha inventado los ‘patlabor’ de los mangas japoneses. Su descripción de los marcianos aun domina las imágenes de extraterrestres propuestas por las películas y en el bulo del hombre de Roswell. Cuando describe el resultado del ataque marciano sobre la región de Londres, sus visiones fantásticas parecen de Dalí o Masson, antes de que las pintaran.
La novela no dice nada de gobiernos desamparados e improvisando. Sí muestra como, en los primeros días, a poca distancia de los primeros acontecimientos, la gente no se lo toma en serio y pretende seguir viviendo normalmente. También que lo que publican los periódicos no se corresponde con los hechos y minusvalora su gravedad.
En el acelerado derrumbe del mundo ante la fuerza marciana quiebra la iglesia: el héroe se encuentra a un vicario con el que se esconde unos días en una casa en ruina. El vicario, además de cobarde y egoísta, enloquece con proclamaciones apocalípticas, y el héroe acaba matándolo para callarlo. Y no se considera un criminal: no tenia otra opción. Cuando la dominación marciana parece definitiva, un personaje predice: “Las jaulas estarán llenas de salmos, cánticos y piedad”.
En su recorrido, el héroe se encuentra con un artillero perdido con quien comparte refugio. Incluso se entretienen jugando a las cartas o al ajedrez, sorprendiéndose al gozar de pasatiempos, como todo buen confinado de antes de internet. El militar expone un proyecto político ambicioso: seleccionar a hombres y mujeres para fundar en los subterráneos una sociedad de raza superior, educada con disciplina, nada de poemas, arte ni fantasías, que son debilidades.
El héroe, a pesar de ser culto y con buen espíritu critico, siente como el miedo, la angustia y la desesperación le hacen receptivo a tal proyecto. Sobre el caldo de cultivo producido por la guerra de destrucción masiva, la ideología de raza superior culmina como proyecto político-social, no ya en tierras remotas, sino en el seno de la mismísima sociedad “avanzada”.
La semejanza del personaje del artillero con Hitler, décadas después de publicarse la novela, es pura casualidad (solo los Simpson previeron Trump presidente). Pero en aras de la “nueva normalidad”, la literatura nos deja ya, desde una distancia de 122 años, un buen aviso a navegantes…
Por supuesto, un siglo después de que se publicara, vemos como lo que se podía considerar anticipación creíble es obsoleta. Hoy sabemos que nadie vive en el planeta Marte, por lo que queda libre para alquilar. También, desde que Einstein (otro que ha la armado bien) demostrara que E=mc2, sabemos que ninguna civilización extraterrestre, de existir, puede saltarse las distancias para conectar con nosotros para bien o para mal.
El narrador de la novela es de su época, y apunta su machismo “natural” en una frase. También reza y cree en dios, por lo que no podemos considerarlo como expresión de las ideas de Wells, que era socialista y fue pareja de dos destacadas activistas feministas.
Wells vivía en un mundo donde el automóvil y la aviación no existían, y parecían fantasías atrevidas… pero en la novela, la tecnología marciana permite a los humanos descubrir el secreto de volar.
La novela no anticipa la era de las multinacionales, como la farmacéutica Gilead, que actúa durante la pandemia con todas sus capacidades de influencia para ganar la posición dominante en el nuevo mercado planetario de la Covid-19. Porqué si está claro que los gobiernos van tanteando, actores como este saben moverse con gran precisión y sin equivocarse.
Evidentemente, los extraterrestres suelen apuntarse al centro del mundo, por lo que hoy Londres les importaría un bledo y se irían directamente a Estados Unidos… salvo cuando sufren avería y acaban en el Johannesburgo del apartheid, como lo cuenta la estupendísima peli District 9 de Neill Blomkamp.
De La guerra de los mundos, solo conocía las adaptaciones al cine. También hay series televisivas, pero eso de sacar varias temporadas exprimiendo cual limón a novelas que, como mucho, pueden estirarse en cuatro capítulos de miniserie, produce desastres: véase The Man in the High Castle (o mejor, no lo vean, lean la novela de Philip K. Dick).
La adaptación de La guerra de los Mundos para la radio americana, en 1938, hizo de repente famoso a su autor e interprete, Orson Welles (homónimo del escritor): interrumpía la música difundida imitando un locutor de noticias: ¡Breaking news! ¡Los marcianos nos están invadiendo! Eso provocó, se cuenta, que hubo quien salió espantado de su casa en la noche al creer que eran noticias.
De películas, destacan la de 1953 y la de 2005 de Spielberg con Tom Cruise. Sin olvidar la versión supercachonda de Tim Burton, la cultísima Mars Attacks de 1996. Esa es estupenda. Las otras son llanamente una traición a la novela; borran el episodio del militar prenazi y el ataque a la Iglesia, pues ¡imagínense como lo ha tratado Hollywood! En la versión cine de 1953 la prometida del héroe se acoge a la iglesia; en 2005 el vicario es un tío bueno…
Sobre todo, esas adaptaciones americanas borran lo que es el corazón de la novela.
En tiempos de H.G. Wells, Londres era epicentro de la revolución industrial mundial y a su vez del imperialismo británico. Proyectaba su potencia material y militar para someter pueblos del mundo entero, considerándolos como inferiores y quedándose con sus recursos naturales. Les imponía idioma, ciencias y religión, pretendiendo implementar su civilización avanzada, tal como se percibía a sí misma la superpotencia inglesa, compitiendo principalmente con el imperialismo francés, mientras la potencia española seguía agonizando.
Siguiendo la senda de los grandes imperialismos de la Historia – del romano al árabe – las potencias occidentales cometían por África y por Oriente crímenes de masas con la tranquilidad que conlleva la convicción de que la gente sometida es de raza inferior.
Entonces, H.G. Wells les cuenta: ¿Qué pasaría si a ti, triunfante inglés, se te cayera encima un ejército dotado de una superioridad material aplastante, barriendo humanos como si de hormigas se tratara? También tu sociedad, que crees culminante, un buen día podría enfrentarse a una fuerza infinitamente superior, y sí: como las sociedades africanas y orientales, tu sociedad puede derrumbarse.
La novela es, pues, radicalmente antiimperialista. En esa época, el autor se posicionó con valentía, rotundamente a contracorriente, con una obra potente de literatura popular. Maestro H. G. Wells.
Y ahora viene la ironía que la realidad le da, 122 años después, al desenlace de la novela. Alerta, a partir de aquí: spoiler.
La conquista de los marcianos es inesperadamente interrumpida por… un contagio. Los marcianos, sin inmunidad, fallecen al cabo de un par de semanas al enfermar por una bacteria (en 1898 no se conocían los virus).
Al contrario de la invasión española en tierras americanas, donde las poblaciones invadidas fueron arrasadas por enfermedades importadas, en la novela de Wells los invasores pierden la guerra sin enterarse.
Y mira que venían con superioridad aplastante. Quizás, en Marte, algún científico alertara sobre los riesgos de encontrarse con un ambiente biológico desconocido. Pero, a semejanza de las autoridades chinas de Wuhan, los jefes marcianos, convencidos de ser invencibles, lo habrán mandado a freír espárragos con sus dudas derrotistas.
Y aquí tenemos, 122 años después de la publicación de La guerra de los mundos, un golpe de efecto dramático que sin duda habría gustado a H.G. Wells: la potencia que puede acabar con las sociedades no viene del infinitamente grande. No es un invasor dotado de monstruos mecánicos en forma de trípode.
Viene del infinitamente pequeño, y además no tiene ningún proyecto guerrero ni civilizador ni la menor voluntad propia. Y eso sí que nos pilla desprevenidos.

Alberto Arricruz

«EE.UU. corre hacia el precipicio»

Entrevista al pensador Noam Chomsky

El influyente intelectual de 91 años, autor de más de 100 libros y actualmente profesor de la Universidad de Arizona, habló sobre lo que cree que viene para el mundo poscoronavirus.
Estados Unidos corre hacia el abismo sin un plan federal para enfrentar la pandemia de coronavirus, retirando financiación a la salud pública mientras ignora el inexorable avance del calentamiento climático, dijo a la AFP el filósofo estadounidense Noam Chomsky, considerado el fundador de la lingüística moderna.
Estos son extractos de una entrevista con el influyente intelectual de 91 años, autor de más de 100 libros y actualmente profesor de la Universidad de Arizona, confinado hace dos meses en Tucson junto a su esposa brasileña Valeria, su perro y un loro que dice «soberanía» en portugués.
Pregunta: ¿Cómo interpreta lo que está sucediendo en Estados Unidos, que se ha convertido en el país más golpeado por el virus en el mundo?
Respuesta: No hay un liderazgo coherente. Es caótico. La Casa Blanca está en manos de un sociópata megalómano que solo está interesado en su propio poder, en sus perspectivas electorales, y al cual no le importa lo que pasa en el país, ni en el mundo.
Debe mantener el apoyo de su base electoral, que es la gran riqueza y el poder corporativo.
Hay 90.000 muertes y habrá más, porque no hay un plan coordinado.
P: ¿Cómo emergerá el paisaje político estadounidense y mundial tras la pandemia? ¿Nos inclinaremos hacia un mundo más cooperativo, democrático, o veremos un alza del extremismo, del nacionalismo?
R: En cuanto (Donald) Trump llegó al Gobierno lo primero que hizo fue desmantelar toda la maquinaria de prevención de pandemias, desfinanciar los Centros para el Control de Enfermedades (CDC, la mayor institución gubernamental de salud pública del país). Cancelar programas que trabajaban con científicos chinos para identificar potenciales virus. Estados Unidos estaba particularmente mal preparado.
Esta es una sociedad privatizada, muy rica, con enormes ventajas (…) pero dominada por el control privado. No hay un sistema de salud universal (…) absolutamente crucial ahora. Es el máximo sistema neoliberal.
Europa en muchos sentidos es peor, porque los programas de austeridad amplifican el peligro, por el severo ataque a la democracia y la transferencia de decisiones a Bruselas y la burocracia de la troika no electa (n. de la r.: la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional). Pero al menos tiene el residuo de cierta estructura socialdemócrata que otorga algún apoyo, que es lo que pienso que falta en Estados Unidos.
Con todo lo grave que es esta pandemia, no es el peor problema. Habrá una recuperación de la pandemia, a un gran costo. Pero no habrá ninguna recuperación del derretimiento de los casquetes polares y el alza del nivel del mar y los otros efectos letales del calentamiento climático.
¿Qué estamos haciendo sobre esto? Cada país está haciendo algo, no lo suficiente. Estados Unidos está haciendo mucho. Concretamente, está corriendo hacia el precipicio, eliminando todos los programas, todas las regulaciones que pueden mitigar la catástrofe.
Esta es la situación, pero no tiene que ser así. Hay fuerzas contrarias globales. La pregunta es cómo estas fuerzas opuestas emergerán. Eso determinará el destino del mundo.
P: Varios países están utilizando tecnología para rastrear a los ciudadanos o archivando su ADN para luchar contra el virus. ¿Entramos con la pandemia en una nueva era de vigilancia digital?
R: Hay compañías desarrollando tecnología para que los empleadores puedan ver qué hay en tu pantalla y vigilar lo que haces, qué tecla aprietas, si te levantas. Y será complementado con video.
La llamada «internet de las cosas» está llegando. Es práctico. Implica que puedes prender la hornilla cuando estás conduciendo a casa. Pero también que la información está yendo a Google, Facebook y al Gobierno. Una enorme cantidad de vigilancia, de control e invasión potencial.
Si dejamos que las inmensas compañías tecnológicas controlen nuestra vida, eso es lo que sucederá. Será como en China, donde algunas ciudades tienen un sistema de créditos sociales, hay tecnología de reconocimiento facial en todos lados y todo lo que haces es vigilado. Si cruzas la calle en el lugar equivocado, pierdes créditos.
No es inevitable, así como el calentamiento climático no es inevitable. Sucederá a menos que la gente lo detenga.
P: ¿Pero está justificado para contener el avance del virus?
R: Puede ser, en tiempos de amenaza. Pero nada es permanente. Se puede decir: ‘Sí, puedes tener esta autoridad ahora, pero puede ser revocada en cualquier momento‘.

Rebelión

La chispa de Minneapolis

Los afroamericanos están en una situación estructural de desventaja con los blancos: bajos ingresos, menor educación y mayor desempleo conformando un círculo vicioso heredado de la larga historia de la esclavitud y cuyas sombras se proyectan hasta el presente.
En 1944 Gunnar Myrdal, un sueco que había recibido el Premio Nobel de economía, escribió un libro titulado “El dilema norteamericano” para desentrañar las raíces del llamado “problema negro” en Estados Unidos. Su investigación demostró que los afroamericanos eran percibidos y tratados por los blancos -salvo un sector que no compartía esa creencia- como una “raza inferior” a la cual se le negaba el disfrute de los derechos supuestamente garantizados por la Constitución. Por eso los afroamericanos quedaban en situación estructural de desventaja con los blancos: bajos ingresos, menor educación y mayor desempleo construyeron la trama profunda de un círculo vicioso heredado de la larga historia de la esclavitud y cuyas sombras se proyectan hasta el presente. Myrdal concluyó su estudio diciendo que Estados Unidos tenía un problema, pero era de otro color: blanco. Una población denostada, agredida y discriminada, que incluso después de un siglo de abolida la esclavitud debía luchar contra la cultura del esclavismo que sobrevivió largamente a la terminación de esa institución.
El Informe de la Oficina del Censo de EEUU del año 2019 confirma la validez de aquel lejano diagnóstico de Myrdal al demostrar que si el ingreso medio de los hogares estadounidenses era de $ 63.179 y el de los hogares “blancos” $ 70.642 el de los afroamericanos se derrumbaba hasta los $ 41.361 y el de los “hispanos” caía pero estacionándose en $ 51.450. Los blancos son el 64 % del país, pero el 30 % de la población carcelaria; los negros suman el 33 % de los convictos siendo el 12 % de la población. El 72 % de los jóvenes blancos que terminan la secundaria ingresan ese mismo años a una institución terciaria, cosa que sólo hace el 44 % de los afrodescendientes. Las recurrentes revueltas de esa etnia oprimida atestiguan el fracaso de las tímidas medidas adoptadas para integrarla, como la tan discutida “acción afirmativa.” La pandemia del Covid-19 agravó la situación, poniendo de manifiesto la escandalosa discriminación existente: la tasa de mortalidad general por ese virus es de 322 por millón de habitantes y baja a 227 para los blancos, pero sube bruscamente entre los negros a 546 por millón. Y la depresión económica que la pandemia potenció exponencialmente tiene entre sus primeras víctimas a los afrodescendientes. Son ellos quienes figuran mayoritariamente entre los inscriptos para obtener el módico y temporario seguro de desempleo que ofrece el gobierno federal. Y además son el grupo étnico mayoritario que está en la primera línea del combate a la pandemia.
Esta explosiva combinación de circunstancias sólo necesitaba un chispazo para incendiar la pradera. El asesinato de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis filmado minuto a minuto y viralizado en instantes aportó ese ingrediente con los resultados ya conocidos. La criminal estupidez de un Trump desquiciado por más de cien mil muertos a causa de su negacionismo y por el abismo económico que se abrió a sus pies a cinco meses de la elección presidencial hicieron el resto. En un tuit amenazó a los manifestantes con “meter bala” si proseguían los disturbios, igual que los esclavócratas sureños del siglo diecinueve. Signos inequívocos de un fin de ciclo, con violencia desatada, saqueos y toques de queda desafiados en las principales ciudades. Cualquier pretensión de “volver a la normalidad” que produjo tanta barbarie es una melancólica ilusión.

Atilio A. Boron