lunes, febrero 25, 2019

La muerte de Otto Vargas, inspirador del maoísmo argentino



Su vida no puede ser analizada por fuera de su obra: la construcción del Partido Comunista Revolucionario como expresión del maoísmo criollo, organización que condujo sin fisuras durante cuatro décadas.

Murió Otto Vargas, máximo dirigente y fundador del PCR de Argentina. Exponente estratégico e ideológico del maoísmo criollo que se caracterizó por la defensa abierta de la alianza con sectores reaccionarios del nacionalismo y la tradición estalinista.
La vida de Otto Vargas no puede ser analizada por fuera de su obra, que fue la construcción del Partido Comunista Revolucionario como expresión del maoísmo en Argentina, conducción que ejerció sin fisuras durante cuatro décadas.
Otto Vargas comenzó su militancia a fines de los ‘40, en las filas de la Federación Juvenil Comunista donde ingresó con 19 años. En aquel entonces, el PC había participado en el frente antiperonista de la Unión Democrática con el argumento de luchar contra el “nazi-peronismo”. Al poco tiempo ingresó en su aparato y tomó tareas internacionales que lo llevaron a vivir en Cuba, entre 1958 y 1959 como apoyo del PSP en los primeros meses de la Revolución cubana. A principios de los ‘60 Vargas se opone a la línea de desestalinización impulsada por Nikita Kruschev desde la URSS.
En 1968, Otto Vargas rompe con el PC llevando detrás de sí a un sector significativo de la Fede y funda el Comité Nacional de Recuperación Revolucionaria que en 1969 adoptó el nombre del PCR. En sus orígenes mostraron sus simpatías por la Revolución Cubana y el Che Guevara. Este último, concluyó a partir de la experiencia de la Isla, que las burguesías criollas eran furgones de cola del imperialismo, planteando que la alternativa era “revolución socialista o caricatura de revolución”. Otto Vargas por el contrario, va a defender la concepción teórica del estalinismo de la revolución por etapas y el seguidismo a la burguesía nacional.
El PCR planteó, en continuidad con la concepción teórica del PC, que Argentina era dominada por los monopolios y la burguesía terrateniente y por lo tanto el carácter de la revolución va a ser “antimonopolista, antiimperialista, agraria y popular en camino al socialismo”. Ya esta base teórica originaria los llevó a definir una estrategia política de colaboración de clases.
Después del Cordobazo el PCR ganó importantes posiciones en la vanguardia obrera de la provincia que le permitió, tiempo después, conquistar la dirección del SMATA Córdoba dirigido por el desaparecido René Salamanca.
En aquellos años que desembocó en el desvío del ascenso de masas a partir del acuerdo entre el general Lanusse y Perón, que pone fin a la proscripción del peronismo, el PCR hará seguidismo de las posiciones ultraizquierdistas. En lugar de oponer al peronismo la candidaturas clasistas y un frente de trabajadores, tendrá como línea la de “ni golpe, ni elección, insurrección”, negándose a dar la batalla política contra el peronismo.

El maoísmo y la teoría del socialimperialismo

En 1972, luego de una gira en China, Otto Vargas y el PCR asumió el maoísmo como su concepción teórico estratégica, profundizando su ruptura con el PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética). En función de su nueva adscripción ideológica, el PCR definió que Argentina es un campo de disputas inter-imperialistas entre los EEUU y lo que Otto Vargas define como el “socialimperialismo” soviético, cuyos agentes van a ser alternativamente Lanusse, la guerrilla montonera y del ERP, Lorenzo Miguel y el genocida Videla. Para enfrentar esta contradicción principal llamaba a constituir un bloque común con “los sectores patrióticos y democráticos de la burguesía urbana y rural”.

El PCR frente al lopezrreguismo

En la práctica política esto significó un alineamiento sin fisuras del PCR con el gobierno de Perón a partir de 1973 y de Isabel en el ‘74, caracterizados como nacionalistas que resistían a los bandos imperialistas. El tercer gobierno peronista se caracterizó por gobernar dando rienda suelta a las bandas fascistas de la Triple A dirigidas por López Rega, quienes casualmente se identificaban con el lema de “ni yanquis ni marxistas”.
La orientación que adoptó el PCR los llevó a boicotear las luchas contra el gobierno, negándose a señalar la responsabilidad de Perón en el golpe policial derechista en Córdoba, conocido como el Navarrazo, en enero de 1974. Más tarde se opondrán a la primera huelga general contra un gobierno peronista, como fueron las jornadas revolucionarias contra el Plan Rodrigo en junio y julio de 1975, calificándolas de “movilizaciones golpistas”. De la política sostenida durante este período el PCR se ganó en el conjunto de la vanguardia militante de los trabajadores, la juventud y la izquierda el mote de aliados del lopezrreguismo.

El apoyo a Menem y los carapintadas

Terminada la dictadura genocida, a quien señalaron siempre como “pro-rusa” a pesar de su furibundo anticomunismo, el retorno a la democracia los encontrará militando a la vera del peronismo de derecha de Italo Luder, Lorenzo Miguel y Herminio Iglesias. De aquellos primeros años de la restauración democrática, también proviene su apoyo a los carapintadas dirigidos por Aldo Rico y sobre todo Mohamed Alí Seineldin, quienes pedían la misma cuota de impunidad que los generales por sus responsabilidades en el genocidio. El PCR los consideraba un ala malvinera nacionalista que debía ser apoyada en sus demandas. Como corolario de este período el PCR integró el gobierno de Carlos Menem entre 1989 y 1991.

El PCR y el frente devaluador

En los ‘90 el PCR tuvo un momento de crecimiento al calor de los primeros levantamientos provinciales de trabajadores estatales del año 1994. También a partir de la creación de la Corriente Clasista y Combativa y la figura del dirigente municipal jujeño Carlos "Perro" Santillán, por entonces militante de este partido. La CCC practicó una política de alianza con la CTA de Víctor De Gennaro y Hugo Moyano con quienes convocaran a la primera Marcha Federal en julio del 94, puesta al servicio de la oposición representada entonces por Carlos Chacho Alvarez y el FrePaSo.
A fines de los ‘90, la CCC será parte constitutiva del movimiento piquetero en la provincia de Buenos Aires junto a Luis D’Elia. Como parte de la dirección piquetera el PCR y D’Elia se abstuvieron de participar de la rebelión popular que en diciembre del 2001 terminó con el gobierno de Fernando De la Rúa y la Alianza. Más tarde sellaran un acuerdo de paz social que le permitió al duhaldismo capear las movilizaciones sociales en su contra.

Maoísmo sojero

Durante el kirchnerismo el PCR se caracterizó por el abierto alineamiento con la Mesa de Enlace sojera en el conflicto del 2008. Apoyó a Alfredo De Angelis, con quien compartía la presidencia de la Federación Agraria de Entre Ríos a través de Juan Echeverría. Caracterizando la protesta de las patronales agrarias contra las retenciones como el resurgir del “Argentinazo”, el PCR y Otto Vargas definieron que este movimiento expresaba que "se ha puesto de pie el principal aliado del proletariado revolucionario". Años después esta posición les valió la ruptura de buena parte de la juventud que denunciaba los acuerdos entre el PCR y la Fundación Alvarado-Tejar, representación de lo más rancio de la oligarquía terrateniente.
En los últimos años el PCR, diezmado, se sumó al triunvirato de San Cayetano orientado por Bergoglio, a quien visitó en Roma en agosto del 2016 para “mostrarle adhesión a su visión del mundo”. Desde la asunción de Cambiemos al poder el PCR levanta la estrategia de un gran frente antimacrista. En la actualidad el peso obtenido por el PCR en la superestructura del movimiento de mujeres, lo encuentra actuando como agente del peronismo de las provincias y la Iglesia y aparateando como una auténtica burocracia la autodeterminación de las mujeres.
Con Otto Vargas se va el último dirigente político estalinista de peso en Argentina. Su prédica de la revolución por etapas y la colaboración de clases y su apoyo a fuerzas reaccionarias, es el legado que deja como inspirador máximo del maoísmo criollo. Queda por nuestra parte el reconocimiento a la entrega abnegada de los luchadores y luchadoras que integraron sus filas y honestamente dieron su vida para la revolución.

Facundo Aguirre

La dictadura de Cambiemos

Sigue existiendo una creencia generalizada entre economistas u analistas políticos que los resultados macroeconómicos en Argentina son el resultado de serios errores por parte del Gobierno de Cambiemos. Obviamente esta idea se ve reforzada por la impericia e ignorancia militante de su dirigencia. Encabezada por un presidente que maneja un vocabulario que no supera las ciento cincuenta palabras, menos que las de un campesino de la edad media y demuestra en todo momento no haber leído un libro importante en su vida.
Los resultados de la economía: inflación reconocida superior al cuarenta y siete porciento, real superior al ochenta, dólar por encima de los cuarenta pesos, incremento incesante de las tasas de interés, aumento de la pobreza y la desocupación, cierre constante de industrias y comercios, crisis de las economías regionales, fracaso absoluto respecto a la llegada de inversiones y otro tantos indicadores de profundización de la crisis. Estos no son errores de gestión sino que por el contrario son decisiones de gobierno tendientes a beneficiar solamente a un sector concentrado y selecto de la sociedad. Cambiemos ha reeditado y declarado la lucha de clases y deberá hacerse cargo de esto.
Cuando se analiza la historia social de los grandes países del mundo se encuentra que la mayoría de ellos ha atravesado por tremendas guerras civiles cuyo principal resultado ha sido la destrucción de la sociedad del privilegio. Nuestro país no tuvo una guerra civil de esas características, esta es quizás una asignatura pendiente de su historia que ciertos y selectos grupos de nuestra sociedad han sabido aprovechar para situarse dentro del tejido social preservando su diferenciación.
Estos sectores: la vieja oligarquía terrateniente, los nuevos ricos del siglo veinte, los grupos económicos surgidos al amparo de la última dictadura, el sector petrolero, los bancos, las empresas privatizadas en los noventa y algunas pocas actividades concentradas son los destinatarios de las políticas de Cambiemos y los grandes apropiadores de los excedentes económicos de los últimos tres años.
Esta situación nos conduce a reconocer dentro de la Ciencia Política a un nuevo tipo de Dictadura que se suma a las tipologías tradicionales: La de los regímenes conformados por una Elite que gobierna para sí misma y para otras elites altamente concentradas. Eso es Cambiemos , una dictadura.
El derecho de rebelión, derecho de revolución o derecho de resistencia a la opresión es un derecho reconocido a los pueblos frente a gobernantes de origen ilegítimo o que teniendo origen legítimo han devenido en ilegítimos durante su ejercicio, que autoriza la desobediencia civil y el uso de la fuerza con el fin de derrocarlos y reemplazarlos por gobiernos que posean legitimidad.1​
El derecho a la resistencia frente al tirano, que ha llegado a justificar la muerte de éste, se puede encontrar en la Antigüedad. Así ya Platón trató el tema de la tiranía y del derecho del pueblo a defenderse contra el tirano y la injusticia. A partir de él, numerosos autores han desarrollado el tema a lo largo de la historia, tales como San Isidoro de Sevilla y Santo Tomás de Aquino.2​
Este derecho puede considerarse implícito en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776, que en su párrafo más famoso declara:
Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad.
El derecho a la resistencia fue incluido de forma explícita en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789) de la Revolución francesa, pero se encuentra más desarrollado en los tres últimos artículos de la que se redactó nuevamente el 24 de junio de 1793:
Artículo 33. La resistencia a la opresión es la consecuencia de los demás derechos del hombre.
Artículo 34. Hay opresión contra el cuerpo social cuando uno solo de sus miembros es oprimido. Hay opresión contra cada miembro cuando el cuerpo social es oprimido.
Artículo 35. Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es, para el pueblo y para cada una de sus porciones, el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes.3​
Miguel de Cervantes ya afirmaba algo parecido a este último artículo: "Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida" (Don Quijote, II, cap. 58). La Carta fundacional de las Naciones Unidas (ONU) reconoce este derecho de forma implícita, estableciendo no obstante que las partes se deben someter a las decisiones de su Consejo de Seguridad, que componen quince estados, los cinco con derecho a veto y diez más que ejercen su función por un periodo determinado y rotativo.4​
En la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, este derecho no es reconocido explícitamente, pero sí implícitamente en el Preámbulo:
Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;
Es la es la hora del pueblo, es la hora de la reacción, es la hora de la rebelión popular. Están en juego nuestro futuro, nuestra familia y nuestra patria.

Luis Yanes

Economía y política en el debate electoral

El gobierno privilegia en el debate político y electoral de este año los temas de seguridad antes que los relativos a la economía, especialmente ante el negativo impacto sobre la población de menores ingresos: la inflación y la recesión.
Hemos sostenido que el macrismo disputa consenso desde la política, principalmente contra el “populismo”, una categoría difusa que alude a los gobiernos kirchneristas; pero también a los procesos políticos regionales críticos a la orientación neoliberal, muy especialmente en estas horas sobre Venezuela.
No pueden defender el resultado económico, aun cuando sostienen que el rumbo político y económico es el adecuado. Incluso, tienen críticos por derecha, caso de los economistas “libertarios”, cruzados del liberalismo a ultranza, fanáticos del odio a todo proceso de distribución del ingreso o la riqueza, que pretenden acelerar el ajuste y la reaccionaria reestructuración del capitalismo local.
Por eso la critica a toda propuesta que contradiga, aun parcialmente el rumbo acordado entre el gobierno, el FMI y la oposición cómplice que disputa la gestión presidencial.

¿Cuál es el rumbo?

El de la regresiva reestructuración de la economía, la sociedad y la política. Es una lógica favorable a la ganancia y a las inversiones privadas; a la promoción del individualismo y la defensa de la propiedad privada y su seguridad jurídica; junto a una “modernización” de las relaciones políticas y del Estado que aleje toda forma de participación popular en la toma de decisiones.
Por eso sostienen la necesidad de avanzar en una reforma laboral y previsional, achicando el gasto estatal y de las grandes empresas, para flexibilizar las relaciones entre el capital y el trabajo, a favor de los propietarios de medios de producción.
Esperan modificar conquistas sociales producto de una larga historia de luchas reivindicativas a través de la historia y generar una nueva normalidad. Ese es el sentido de lo sostenido contra el “derecho a la energía”, oportunamente expresado por el ex Ministro Aranguren; o la deliberada acción des-financiadora de la salud o la educación públicas.
La privatización promovida desde 1975/76 e iniciada con fuerza en los 90 pretende ser completada en un nuevo turno bajo hegemonía de las derechas locales.
El saldo será una sociedad más desigual como forma de hacer frente al relanzamiento del orden capitalista con oportunidades para grandes inversores externos, en el camino de la soja y los hidrocarburos (Vaca Muerta). Es la oferta de Macri en los viajes al exterior realizados durante su gestión.
Aprovechan un clima mundial de ofensiva del capital, las derechas y las dominantes, en una estrategia que se despliega de los 70´ con las dictaduras del cono sur y luego en los 90´ ante la caída del socialismo en el este de Europa.
Son fenómenos que ahora se presentan bajo nuevas modalidades de crítica al aperturismo globalizador, bajo el liderazgo de Donald Trump y/o procesos como el Brexit o las nuevas derechas en expansión en todo el mundo.
Cuentan con el apoyo ideológico propagandístico del sentido común inducido desde la dominación mediática y cultural. Ello exige un accionar contracultural sustentado en argumentaciones y prácticas sociales de confrontación contra el orden capitalista, el patriarcalismo y toda forma de dominación y discriminación.

Pensar y actuar otros rumbos

Por eso, no solo se trata de contrarrestar el rumbo del gobierno Macri, sino de sembrar condiciones de posibilidad para habilitar otro debate en la sociedad, que contribuya a gestar nuevas subjetividades y programas que reviertan el rumbo del poder.
Requiere de mucha audacia en la definición del diagnostico de situación y en las propuestas de transformación unidas a una práctica social económica, productiva, que anticipe en el presente la sociedad esperada. No se trata de cambios individuales sucesivos, sino de multiplicar experiencias socioeconómicas y políticas de colectivos organizados para construir el orden alternativo.
Apunto a variados procesos, sea de nuevo sindicalismo u organizaciones populares, económicas, sociales, culturales, que anticipan el devenir esperado. Un ejemplo importante está siendo protagonizado por el movimiento de mujeres, que en diversidad están impulsando un cambio cultural de enorme magnitud desde el “ni una menos” y las luchas por el aborto seguro.
Claro que no se trata de idealizar, pero en esa búsqueda está lo mas importante de las experiencias de cambio político ocurridas en Nuestra América en este Siglo XXI y que hoy se condensan en el debate sobre Venezuela.
El debate sobre Venezuela es principalmente sobre el ¿Qué Hacer? en estos tiempos de ofensiva del capital contra el trabajo, la Naturaleza y la sociedad; de ofensiva de las derechas mundiales.
No es que no importe analizar los porque de los problemas que puedan existir en la tierra de Bolívar; pero si debemos enfatizar en que lo que le importa al poder es impugnar cualquier perspectiva anti capitalista, por lo que insisten en que el único rumbo posible es el capitalismo.
Ese es el discurso de Trump o Macri, de Piñera o Duque, más allá de comprensibles matices. El cerco de la derecha mundial se cierra sobre el proceso venezolano y convoca a un fuerte debate ideológico y político, no solo contra estas derechas, sino y muy especialmente con el conjunto de la sociedad, sometida a una campaña de desprestigio de cualquier intento transformador.
Resulta muy complejo ir contra el sentido común mayoritario, mas aun cuando los principales medios de comunicación propalan un mensaje critico a cualquier intento de ir contra la corriente hegemónica del orden capitalista .
En ese marco hay que pensar las elecciones de renovación presidencial de octubre próximo en Argentina y colocar un límite a la continuidad del proyecto en curso, ejecutado por el gobierno o de los cómplices políticos en los gobiernos provinciales, el poder legislativo o incluso en organizaciones del movimiento sindical y social.
Por eso insistimos también en que hace falta polemizar con los discursos críticos de la hegemonía actual para pensar en conjunto como revertir el proceso que explicita el acuerdo con el FMI. De ese modo iniciar un rumbo alternativo, de contenido y forma plural, que necesariamente confronte con el orden del capital, al tiempo que proponga otra economía para otra política y sociedad sin dominados ni dominadores.
Se trata de desafíos que trascienden el debate nacional y convergen en otros similares en la región y en el mundo.

Julio C. Gambina

domingo, febrero 24, 2019

3F: “día D” del imperialismo y la derecha en su ofensiva golpista sobre Venezuela



El intervencionismo ha acelerado sus movimientos para este sábado 23F, el “día D” de la escalada golpista. Más que nunca es necesario enfrentar resueltamente la ofensiva imperialista y todo el plan de la derecha golpista.

Poco se sabe de los movimientos reales más allá de los que salen a la luz pública. Este viernes Guaidó consiguió trasladarse a Cúcuta, en Colombia, burlando todos los controles del gobierno de Maduro, y se reunió con Duque, Piñera, y el secretario general de la OEA, Almagro.
Desde el miércoles Guaidó ha convocado a movilizaciones hacia los cuarteles militares mientras que las miradas se concentran en la frontera con Colombia hacia el occidente y con Brasil al otro extremo. Hasta el momento el gobierno de Maduro ha cerrado la frontera marítima en el norte caribeño con las islas Curazao, Bonaire y Aruba, y el jueves lo hizo con la frontera terrestre con Brasil.
La operación “ayuda humanitaria” del imperialismo junto a todo el derechismo internacional y la oposición criolla no ha hecho más que aumentar el estridente volumen de las tensiones políticas haciendo uso de la tragedia de un pueblo que sufre las calamidades de una catástrofe económica y social que se ha venido arrastrando por más de cinco años consecutivos, situación que agravará, precisamente, con la agresiva confiscación de bienes y recursos que los EE.UU e Inglaterra le han impuesto a Venezuela.
Se aprovechan del hartazgo popular ante la situación económica insoportable y de un gobierno que descargó la catastrófica crisis económica y social sobre las masas, con una crisis que se inició de la resultante del desplome de los precios del petróleo, y que fue profundizada por sus propias medidas políticas y económicas. Así como también del hartazgo con el autoritarismo de Maduro y su régimen político, sustentado en unas Fuerzas Armadas que prácticamente cogobiernan el país.
Pocas veces había conseguido montar en las últimas décadas el imperialismo un frente único de esta magnitud en una embestida golpista y una obscena intervención en América Latina. Hasta cantantes millonarios no quisieron faltar a la cita en una incierta jornada para darle el colorido mediático, y no por casualidad en un show montando por un multimillonario inglés al que de repente se le “ablandó el corazón” por los pobres de la tierra.
Sin pudor alguno el imperialismo volvió, como hace un siglo, a la política de las cañoneras en el continente cuando Washington dictaba y determinaba el destino de los gobiernos regionales, con un presidente estadounidense que da órdenes directamente sobre países de América Latina. Ha impuesto sanciones en el campo petrolero y el bloqueo de activos extraterritoriales del país junto a amenazas de acciones armadas.
En esta embestida resucitaron siniestros personajes como Eliot Abrams, que se ufana de uno los genocidios más grandes en el continente perpetuado en El Salvador con la llamada "Operación Rescate” cuando el ejército de este país –entrenado por Estados Unidos- asesinó a mil personas, la gran mayoría niños y hasta recién nacidos en un poco más de un día.
Hoy, en su lenguaje, buscan “rescatar” Venezuela para sus designios, un movimiento previamente facilitado por su golpe institucional en Brasil para llegar a imponer al ultraderechista Jair Bolsonaro (previa proscripción y encarcelamiento de Lula) , y con el coro de una jauría continental personificada en Ivan Duque en Colombia, Mauricio Macri en Argentina, Piñera en Chile entre otros personajes de igual calaña y envergadura que aplican severos planes antiobreros y antipopulares en sus países, pero ahora vueltos samaritanos en la campaña de la “ayuda humanitaria”.
Para ello cuentan con un cipayismo descarado, nunca visto, que ha llegado a los extremos a que un autodeclarado “presidente encargado”, integrante de lo más rancio de la derecha venezolana, pida la intervención militar extranjera en esta cruzada por la “democracia”. Tal cual un títere, Juan Guaidó ejecuta sus movimientos emanados de la Casa Blanca y de la derecha de Miami encabezada por el senador republicano de derecha Marco Rubio.
A un mes de su declaración como “presidente encargado”, y viendo que los tiempos se alargan, Guaidó y Trump esperan que este sábado sea su “día D” y para ello volvieron con su llamado a incitar a los militares a un golpe. En uno de sus pronunciamientos Guaidó dijo “Señores de las Fuerzas Armadas, tienen 3 días para ponerse del lado de la Constitución para seguir una orden del presidente encargado de la República", al mismo tiempo que volvían a poner sobre el tapete la Ley de Amnistía.
Para dar credibilidad a esa ley Estados Unidos dio a conocer este jueves, oportunamente, la deserción de un exjefe de inteligencia militar de Venezuela, Hugo Carvajal, que ahora dice reconocer a Guaidó, en un intento de sumar más presión a la cúpula militar. Se trata de un oscuro personaje que desde el 2008 se encontraba en la “lista negra” del Departamento del Tesoro por supuesto vínculo al mundo del narcotráfico, y en el 2014 estuvo a punto de ser extraditado al ser arrestado en la isla de Aruba por órdenes directas de Estados Unidos. Aquí exponen la cara de cinismo y de hipocresía de estos personajes que usan la demagogia de la “democracia”, de la “lucha contra el narcotráfico” y de “derechos humanos” a su propia conveniencia.
Ante la posibilidad de no conseguir sus objetivos Estados Unidos salió este viernes a responsabilizar a las Fuerzas Armadas de Venezuela si la acción del sábado resulta en "un derramamiento de sangre", y a amenazar con "reaccionar con sanciones o repercusiones para sus familiares en el extranjero". No se trata ya solo de una amenaza sobre los militares sino de abrir la posibilidad a cualquier tipo de provocaciones que pueda terminar efectivamente en un baño de sangre.
No es casual que el enviado especial de Estados Unidos, ElliotAbrams, se haga presente en Colombia de acuerdo a lo que informó el jueves el Departamento de Estado. La delegación parte el sábado de la Base de Reserva Aérea Homestead, ubicada en el sur de Miami.
El viernes, en las primeras horas de la mañana, la Guardia Nacional disparó sobre un grupo de Indígenas de la etnia Pemón que habitan en la frontera con Brasil, luego de que éstos obstaculizaran el paso de un camión militar ya que habían asegurado que dejarán pasar la “ayuda humanitaria” a pesar de que el gobierno había cerrado las fronteras. Sin ningún interés por los Pemones más que el impacto de la noticia, la derecha utilizó el hecho para redoblar su ofensiva sobre las Fuerzas Armadas, que se convirtieron en el árbitro de la situación del país.
Frente a la avanzada del imperialismo estadounidense, China y Rusia, que tienen negocios con el Gobierno de Maduro, salieron el viernes a hacer declaraciones contra el injerencimo, más en defensa de sus propios intereses que del pueblo venezolano. Mientras que Rusia acusó a EEUU de planear entrega de armas a la oposición venezolana, China alertó “Una entrega forzosa de la llamada ayuda humanitaria podría desencadenar conflictos y provocar graves consecuencias”. Las declaraciones cruzadas no son más que la expresión de que el tablero de las tensiones geopolíticas mundiales está situado hoy sobre Venezuela.
Este 23F más que nunca es necesario enfrentar resueltamente la ofensiva imperialista y todo el plan de la derecha golpista, lo que no implica en absoluto el más mínimo apoyo político a Maduro. En esta situación es imperioso que los explotados de América latina se movilicen contra el intento de esta avanzada imperialista en Venezuela que fortalecerá a las derechas regionales, como muestra todos los que se dieron cita para apoyar el injerencismo este viernes desde Piñera hasta Duque.

Milton D'León
Caracas @MiltonDLeon

Al pueblo revolucionario, consecuente y combativo: ante la arremetida imperialista ¡hay que pasar a la ofensiva!



A continuación publicamos la declaración de la Corriente Marxista Lucha de Clases sobre los convulsivos acontecimientos que hoy se desarrollan en Venezuela. En ella se fija una posición clara en repudio al golpe de estado y las amenazas belicistas del imperialismo estadounidense. La misma busca contribuir al debate sobre el papel de los revolucionarios ante la presente coyuntura, mientras enfatiza la necesidad de que se adopten medidas revolucionarias contundentes para derrotar la actual ofensiva reaccionaria. Invitamos a las organizaciones sociales, consejos de trabajadores, sindicatos, comunas y consejos comunales, otras corrientes políticas y a la militancia revolucionaria en general a que discutan el texto que presentamos en sus diferentes ámbitos de actuación.
Para aquellas personas u organizaciones que deseen suscribirlo, pueden escribirnos a comitecentralcmive@gmail.com, o se pueden comunicar a los siguientes números de teléfono: 0416-598-75-15 y 0424-120-07-37.

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En Venezuela está en marcha un nuevo intento reaccionario de asalto golpista al poder por parte del imperialismo estadounidense y la oligarquía criolla. Cumplidos 20 años desde que las clases dominantes perdieron el control directo del Estado venezolano, en la Casa Blanca han decidido retomarlo recurriendo a incontables presiones políticas, diplomáticas, económicas y militares contra el gobierno de Nicolás Maduro. Los fines que desde el norte se persiguen son conocidos por todo el mundo: controlar las innumerables riquezas de Venezuela, aplastar a la revolución bolivariana y aleccionar a los movimientos populares y obreros del continente y el mundo. Hemos arribado a un momento decisivo y definitorio en la lucha de clases nacional. La situación exige contundencia revolucionaria.
Con la auto-proclamación de Juan Guaidó como Presidente Encargado de Venezuela, se ha tratado de erigir un gobierno paralelo a control remoto desde la Casa Blanca. La marioneta imperialista que encabeza la Asamblea Nacional (AN) –de mayoría opositora, ha comenzado a nombrar sus representes diplomáticos en el exterior y también a gerentes de empresas estatales en el extranjero como CITGO. Esta iniciativa ilegal liderada por EEUU ha sido avalada y reconocida por numerosos gobiernos latinoamericanos serviles a Washington, el infame Grupo de Lima y la OEA. La Unión Europea (UE), que también se ha plegado a la caravana desestabilizadora, ha creado un Grupo de Contacto junto a varios Estados de la región con miras a que se produzca una salida negociada de Maduro bajo el disfraz de unas “elecciones libres”.
El imperialismo yankee secuestró enormes recursos financieros del Estado venezolano, más específicamente del BCV, con la promesa de trasferirlos a su títere criollo. En el Banco de Inglaterra han hecho lo propio impidiendo la repatriación de US$ 1.200 millones en oro perteneciente al Estado venezolano. Asimismo, el lunes 28 de enero desde la Casa Blanca se anunció un conjunto de sanciones contra PDVSA, que contemplan la retención de activos en EEUU por valor de US$ 7.000 millones y el bloqueo a las exportaciones de crudo de Venezuela. También, estas medidas suponen la restricción a empresas energéticas de suministrar materias primas, componentes y diluyentes necesarios para la actividad petrolera y la producción de derivados, lo que compromete seriamente las operaciones de PDVSA. La intención del imperialismo estadounidense es bastante clara: estrangular económicamente al gobierno bolivariano para ponerlo de rodillas y así precipitar una “transición política”.
A la par de las arremetidas diplomáticas y económicas, se inscriben incontables declaraciones de amenazas de intervención militar por parte de Trump, Pence, Pompeo y Bolton. A las reuniones entre el general Mark Stammer, comandante del comando sur, con representantes del gobierno colombiano en días recientes; se suma una mayor actividad de transporte de aviones militares estadounidenses por varias islas del Caribe, y también el desplazamiento de la Marina Real Británica hacia Curazao (a 80 km de las costas venezolanas), como alertó la cancillería de Cuba el 14 de febrero. Adicionalmente, Trump ha comisionado a Elliot Abrams como Enviado Especial para Venezuela, el mismo personaje que organizó la logística y el financiamiento a los Contras en Nicaragua y de los escuadrones de la muerte en El Salvador y Nicaragua en los años ochenta del siglo pasado.
Bajo el alegato de suministrar “ayuda humanitaria”, el imperialismo yankee aspira desatar una situación de extrema tensión en las fronteras venezolanas, especialmente en la colombo-venezolana, donde esperan ingresar supuestos cargamentos de medicinas y alimentos sin autorización del gobierno oficial y utilizando a civiles -organizados en brigadas de asistencia- como carne de cañón. Juan Guaidó ha anunciado que el día 23 de febrero entrará la “ayuda humanitaria” al país, por lo que ha intensificado su invitación a las FANB a que ejecuten un golpe militar cuanto antes. En la fecha prevista, un posible enfrentamiento violento y hasta una eventual masacre –generada por mercenarios, puede ser la excusa perfecta para iniciar una intervención directa de tropas estadounidenses en nuestro país, o bien el comienzo de una guerra civil donde el imperialismo intentará armar a los grupos reaccionarios a su servicio seguramente con los supuestos “cargamentos asistenciales”.
Quienes suscribimos la presente declaración repudiamos enérgicamente las maniobras intervencionistas, desestabilizadoras y golpistas del imperialismo estadounidense contra Venezuela. Para los revolucionarios consecuentes es imperativo impedir el retorno de la derecha al poder independientemente de la forma en como pueda darse. Entre las líneas del Plan País de Guaidó se dibuja el típico programa derechista que la derecha implementaría de hacerse del control del Estado. Este contempla más endeudamiento externo –esta vez con el FMI, mayor celeridad en cuanto a las privatizaciones de empresas y servicios públicos, y también brutales contrarreformas laborales y sociales; que profundizarán la gran austeridad que sufre el pueblo trabajador en la actualidad. Para emprender una agresiva política de ajuste macroeconómico con la menor resistencia posible, las clases dominantes demandan el aplastamiento de las organizaciones populares y obreras que no dejarán de plantar cara. Los asesinatos selectivos a líderes comunitarios, sindicalistas clasistas y campesinos; la persecución despiadada a todo lo que huela a izquierda y el cercenamiento de las garantías democráticas para tratar de acallar las múltiples expresiones de descontento; no se harán esperar. Además, el revanchismo con el que grupos violentos de derecha tratarán hacer pagar al chavismo tantos años de derrota y marginación política, puede tornarse incontrolable.
La política de conciliación de clases y de medias tintas ejecutada por el gobierno se ha mostrado perjudicial para batallar contra la reacción. En la actual coyuntura, la misma se ha caracterizado por constantes apelaciones a la paz y a la concertación dirigida a los mismos sectores que se preparan para hundir en sangre a la revolución, en lugar de preparar la defensa de la misma con organización popular desde abajo. Por otra parte, con el recrudecimiento de las presiones imperialistas no se han hecho esperar nuevas concesiones a la clase capitalista, como las recientes medidas de liberalización cambiaria y la devaluación del Bolívar a un nivel superior al marcaje del mercado paralelo de dólares, que van en detrimento de los intereses de los trabajadores. Esta política conduce hacia la desmoralización de la clase obrera y el pueblo pobre, que son la fuerza motriz de la revolución y las únicas que pueden salvarla de las amenazas presentes. El revolucionario francés Saint-Just, uno de los principales dirigentes políticos y militares de la revolución francesa señaló que “los que hacen una revolución a medias no hacen más que cavarse una tumba”.
Ante todos los escenarios previstos, se hace necesario acometer una serie de decisiones firmes y contundentes, que no solo planteen el derrotar la actual ofensiva imperialista, sino también el poner en marcha soluciones estructurales a todas las calamidades que padecen las masas trabajadoras producto de la crisis orgánica del capitalismo. En cuanto a la necesidad de abatir las amenazas de la reacción: es necesario apresar a Guaidó y disolver la AN pro-imperialista, que fungen como los principales agentes de desestabilización interna al servicio de Washington. Somos testigos de como la inacción en este terreno ha permitido que la marioneta norteamericana y sus cómplices han acrecentando las amenazas. Recientemente Guaidó declaró no descartar autorizar una invasión militar extranjera. Esperar más tiempo para proceder a hacer justicia significará comprometer aún más el futuro de la lucha.
Por otro lado, es imperativo implementar una política que se apoye en la organización e intervención armada de las masas en el plano interno y llamados internacionalistas al apoyo de la revolución bolivariana en el plano externo. Sobre lo primero, Maduro instruyó hace semanas el fortalecimiento de las milicias bolivarianas, con el establecimiento de más de 50 mil Unidades Populares de Defensa en todo el país. Sin embargo, tras el anuncio presidencial no hemos visto acciones concretas lo suficientemente significativas como para organizar la defensa popular en los barrios, a los trabajadores en las fábricas y en las instituciones del Estado. Entendiendo los peligros presentes en la situación, donde las clases dominantes pueden provocar una confrontación civil armada o una intervención militar foránea, los revolucionarios tenemos el derecho a exigir que se pase de las palabras a los hechos. Aunque repudiamos la posibilidad de una guerra, la violencia que la reacción burguesa está dispuesta a desatar nos obliga a estar preparados para ella.
Lo anterior, a su vez debe estar vinculado a la lucha por mejorar las condiciones de vida para los trabajadores venezolanos, quitando la enorme carga de la crisis de sus espaldas y poniéndola sobre los hombros de las clases dominantes. Ante la apremiante necesidad de impedir el retorno de la derecha al poder, los revolucionarios debemos combatir la nueva arremetida reaccionaria pero no para mantener el actual estado de cosas -caótico y degradante, sino para construir una nueva sociedad donde valga la pena vivir y defender hasta con la vida. En este sentido, y considerando las fuertes sanciones estadounidenses sobre la economía venezolana, se hace necesaria la confiscación de todos los monopolios imperialistas en el país, pero también los nacionales implicados en el golpe, bajo control obrero y popular. Esto debe ir acompañado del cese definitivo de los pagos a la deuda externa, la nacionalización sin compensación de la banca y el establecimiento de un monopolio estatal sobre el comercio exterior, buscando disponer de recursos para financiar un plan económico de emergencia revolucionario y facilitar el establecimiento de una economía planificada bajo control democrático de la clase obrera y el pueblo. La nacionalización sin compensación de los latifundios bajo control de los consejos campesinos y comunas rurales, también entra como actor clave en este programa.

¡Cárcel para Guaidó y sus cómplices!

¡No más impunidad para los golpistas!

¡Disolución de AN golpista ya!

¡Armar a las milicias bolivarianas ya!

¡Confiscación de las transnacionales imperialistas y monopolios nacionales implicados en el Golpe!

¡No más concesiones a la burguesía parásita!

¡Que la crisis la paguen los capitalistas!

Estado Español: Fracasa el gobierno de medias tintas de Sánchez

Pedro Sánchez ha convocado elecciones generales para el 28 de abril, tras el fracaso de su proyecto de presupuestos pactado con Unidos Podemos. El gobierno Sánchez ha caído víctima de sus propias contradicciones. El rechazo a los presupuestos en el Congreso es el colofón a ocho meses de indecisiones, vacilaciones y amagos y en general de una política que no se ha salido de los límites impuestos por el IBEX35 y el aparato del Estado.

Balance del gobierno Sánchez

Una vez más, la cuestión catalana ha sido clave en la situación política general. La negativa de Sánchez a romper su frente españolista con la derecha franquista y el régimen, por miedo a su crítica demagógica, y el haber mantenido a través del Fiscal del Estado la acusación fantasmal de rebelión (y de sedición por parte de la Abogacía del Estado) contra los presos políticos del “Procés”, haciendo así inviable cualquier decisión judicial de ponerlos en libertad provisional antes del juicio, ponía a los independentistas catalanes en una posición imposible ante sus bases, y ante todo demócrata consecuente.
El apoyo a unos presupuestos es un apoyo político. Se exigía todo a los independentistas a cambio de ninguna concesión democrática por parte del gobierno del Estado, ante unas demandas justas. Más aún cuando las medidas sociales “estrella” del gobierno de Sánchez se podían aprobar por Decreto Ley, independientemente de los Presupuestos. Y, sobre todo, cuando ya el Govern de Torra y los dirigentes de ERC habían dado suficientes muestras de sumisión, conciliación y aceptación en los hechos de la vía del “autonomismo”, más allá de declaraciones formales a favor de la independencia.
Ha sido, pues, la ausencia de una actitud valiente de Sánchez frente al patriotismo rancio de la derecha franquista, y los vínculos de la dirección del PSOE y de su ala de derecha más expresamente, con el régimen monárquico, quien tiene la responsabilidad por el naufragio de los presupuestos del gobierno para 2019 y del adelanto electoral del 28 de abril.
En materia social y democrática, estos ocho meses también los avances han sido bastante magros, y ninguno de carácter significativo para las amplias masas de la clase trabajadora. La luz y la vivienda siguen subiendo, el gobierno no sólo no ha derogado la reforma laboral del PP, sino ni siquiera sus partes más lesivas como le demandaban los sindicatos, por miedo a enfadar a la patronal y a los nacionalistas burgueses catalanes y vascos; la Ley Mordaza sigue vigente sin modificarse una coma, la precariedad laboral campa a sus anchas, no ha habido aumento de impuestos a los ricos, como se anunciaba; y la Iglesia mantiene sus privilegios insultantes. La subida del salario mínimo a 900€, que beneficia a un sector limitado de la clase trabajadora, no compensa las expectativas frustradas.
Como hemos explicado, el miedo a enfadar al IBEX35 condiciona toda la política timorata de Sánchez. Y aun así, la derecha susanista del PSOE considera a Sánchez demasiado izquierdista, con algunos “barones” defendiendo un frente con Ciudadanos, el partido que lo ha desalojado del gobierno andaluz con el apoyo de la extrema derecha de Vox. Esta situación era esperable: los dirigentes del PSOE están comprometidos con el régimen, algunos de ellos son agentes directos suyos, y su cometido es salvarlo de la ira popular cuando el capitalismo español ya no puede mantener las conquistas sociales y democráticas del pasado.
Pese a ello, Unidos Podemos han sido los defensores más entusiastas del proyecto de presupuestos y, con ello, han atado su suerte a la suerte de Sánchez. Ya lo avisamos hace meses: que las pocas glorias del manido Presupuesto irían al PSOE mientras que su insuficiencia o fracaso se cargarían en la cuenta de Unidos Podemos. En las últimas semanas, la actitud de la dirección de UP ha rozado el patetismo: arrodillados ante el gobierno e implorando a los independentistas el apoyo a unos Presupuestos que, lejos de representar “los más sociales desde la Transición”, apenas ofrecían algunas migajas tras años de recortes y muchas promesas y compromisos vagos. Frente a los auténticos problemas sangrantes de la clase trabajadora en vivienda, salario, condiciones laborales, sanidad, etc. -para los que la dirección de UP no ofrece propuestas claras- los compañeros de la dirección consideraban casi una Revolución haber obtenido unas pocas migajas del gobierno de Sánchez, para así justificar la imagen de sumisión y falta de independencia respecto al gobierno de Sánchez que han mostrado en estos meses.
En cambio, podrían haber emergido como el principal ariete contra la derecha, dando apoyo crítico a Sánchez en los (pocos) aspectos progresistas de su política, pero manteniendo una crítica contundente a sus medias tintas y vacilaciones sin comprometerse con su gobierno, oponiendo audazmente su propio programa. Iglesias y Garzón hicieron lo opuesto. Por supuesto esto fue así no sólo en el discurso, sino también en su negativa sistemática a organizar mínimamente una respuesta en las calles en defensa de las demandas sociales. Muy atrás quedan las ideas vagas de “politizar el sufrimiento” que alguna vez se expusieron.

Perspectivas

Pedro Sánchez confía en la “estrategia del shock”, en la inmediatez de la cita electoral, y en explotar la natural aprehensión que existe en capas amplias de la clase trabajadora contra la amenaza de la derecha franquista, para concitar en torno a sí una mayoría suficiente que le permita revalidar el gobierno sin depender de los nacionalistas ni de UP y a la vez evitar una mayoría de una derecha radicalizada por la presión de Vox. Esta estrategia es enormemente arriesgada, y su principal punto débil es precisamente la mala situación de Unidos Podemos, que podría dar al traste con la mayoría progresista en el Congreso y abrir paso a la mayoría de derechas PP-C’s-Vox por mor de la abstención masiva, de la que ya hemos visto un adelanto en Andalucía.
En su comparecencia ante los medios, tras el anuncio de Sánchez, la compañera Irene Montero ha insistido en el argumentario de UP según el cual todos los problemas del gobierno Sánchez se reducen a que éste no ha sabido “dialogar” con el resto del “bloque de la moción de censura” y que no ha incorporado a UP al gobierno. En nuestra opinión, éste es un análisis enormemente simplista, no explica las enormes presiones de la burguesía y del aparato del Estado que hemos explicado más arriba, y reduce todo a una cuestión de voluntad política de Sánchez.
El problema principal, es que el oportunismo de los dirigentes de UP ha sido una cuerda al cuello que se han puestos ellos solos. Si de lo que se trata es de tener los “mayores presupuestos sociales”, ahí ya está el PSOE, en base a la experiencia de estos meses; en lugar de haber desacreditado esta idea y de haber mostrado la extrema racanería de los efectos de los mismos sobre las condiciones de vida de las familias obreras, cuando han sido éstas quienes han soportado todo el peso de la crisis y de los ajustes.
Y si de lo que se trata es de “frenar a la derecha”, ahí está también el PSOE. Ya que toda la retórica de la dirección de UP ha sido “queremos entrar, queremos entrar” en el gobierno de Sánchez y han sido los máximos valedores de su política “social”, ante dos partidos con un mensaje similar, con una política similar y un programa similar ¿qué sentido tiene votar al más pequeño? Si hay que frenar a la derecha hagámoslo votando al más grande, es la lógica natural con la que razonarán multitud de trabajadores, mujeres, jóvenes, etc.
Lo cierto es que, insistimos, el PSOE es viga maestra del régimen del 78 y nunca se va a salir de esos márgenes. Esta es la esencia última de la socialdemocracia, como sostén principal (amable) del capitalismo. UP no puede atar su destino al del PSOE, sino que debe presentarse como la alternativa radical al régimen del 78 en su conjunto. Un giro que debe pasar, en nuestra opinión, por una orientación decidida hacia la clase trabajadora y con política verdaderamente socialista que incluya: la nacionalización de las eléctricas y de los pisos vacíos a los fondos buitre, para bajar el precio de la luz y poner decenas de miles de viviendas baratas a disposición de quien las necesita, gratuidad integral de la educación pública, incluida la Universidad; derogación inmediata de la Reforma Laboral., Ley Mordaza, ley educativa LOMCE, etc. no al empleo precario, fijo en plantilla a los 15 días; todos los trabajadores deben estar cubiertos por el convenio más favorable del sector, independientemente de la empresa; incremento automático de pensiones y salarios con los precios, nacionalización de las palancas claves de la economía (bancos, IBEX35 y grandes latifundios) sin indemnización y bajo control obrero, plenos derechos democráticos para Catalunya por el derecho efectivo a decidir.
Sólo con un giro audaz en estas líneas podría UP amortiguar su descenso y obtener unos resultados en abril que impidan la mayoría de derechas y que fueran, a su vez, un punto de partida para la necesaria reconstrucción de este espacio (especialmente tras la escisión de la derecha errejonista en Podemos), que podría crecer rápidamente conforme quede en evidencia la insuficiencia de un eventual gobierno PSOE en solucionar los problemas fundamentales que aquejan a las familias trabajadoras..
Independientemente del resultado del 28 de abril, el nuevo gobierno que salga de estas elecciones va a tener que hacer frente a una desaceleración de la economía que amenaza con convertirse en recesión al menor contratiempo. Las grandes empresas ya se están preparando con un rosario de EREs y ERTEs en sectores clave como las telecomunicaciones, el automóvil o la energía (Abengoa). Esto va necesariamente a impulsar luchas defensivas contra la destrucción de empleo. Al mismo tiempo, la cuestión de la vivienda y la energía van a reimpulsar también la lucha en la calle.
Ante el bloqueo institucional del régimen del 78, se abre un nuevo periodo de luchas sociales a un nivel superior al de 2011-2014. De estas lucha puede surgir una nueva capa dirigente que sustituya a la ya amortizada del periodo anterior. Lo fundamental, lo prioritario, es fortalecer la tendencia marxista en las organizaciones y los centros de trabajo y de estudio, para construir la dirección revolucionaria que esté a la altura de los acontecimientos por venir.

Lucha de Clases (CMI-Estado Español)

James Cagney, la “estrella atravesada”




James Cagney (Nueva York, 1904-1986) fue considerado en los años treinta-cuarenta como uno de los actores más reivindicativos de Hollywood, aparte de ser lo que le reconocía el público, uno de los grandes del “cine negro”, a la altura de Edward Ǩg. Robinson y Humphrey Bogart. Los productores lo llamaron “la estrella atravesada”, aunque con los años se convirtió en uno más, sin dejar por ello deresultar un consumado actor, de aquellos que desde la calle veían como garantía de buen cine.
Creció en el seno de una humilde familia de origen irlandés, en uno de los barrios más peligrosos de Nueva York, Yorkville. Desempeñó toda clase de oficios para conseguir pagarse los estudios, que tuvo que abandonar a la muerte de su padre. Contratado como decorador de teatro, tuvo la oportunidad de debutar en el Music Hall, en 1919 Durante los años veinte intervino en comedias musicales, muchas veces formando dueto con Frances Vernon, su mujer, y, durante cinco años, en obras dramáticas en Broadway. Como muchos otros actores de su generación, llegó a Hollywood al mismo tiempo que las películas habladas. El cine mudo había pasado a la historia y había llegado el tiempo de actores con fuerza en la voz y dinamismo físico. Firmó, al mismo tiempo que Bette Davis y Edward G. Robinson, un largo contrato con la Warner Bross, estudio en el que, después de una serie de papeles insignificantes, pronto le llegó la fama incorporando al gángster Tom Powers en la inolvidable película de William A. Wellman El enemigo público (1931). Cruenta, dura y violenta, la interpretación de Cagney fue memorable. A pesar de la desmesurada crueldad del personaje, el público se sintió rápidamente identificado con el actor y pedía su participación en otros films. Entre 1930 y 1941, James Cagney interpretó 38 películas para la compañía de los hermanos Warner. Aunque la mayoría se pueden considerar dramas de acción y crimen o comedias, de escaso presupuesto y rápida producción, muchas de ellas son consideradas hoy día auténticos clásicos del género negro, de gánster o de acción. Dio un vuelco a su carrera poniéndose del lado de la ley en Contra el imperio del crimen (1935), de William Keighley. Cagney, criado por un estafador, se convierte en agente del F.B.I., cuando un amigo es asesinado por una banda de gánster.
Tres años más tarde volvió a su lado natural, es decir, lejos de la ley, como deseaban sus admiradores, en la magistral Ángeles con caras sucias, de Michael Curtiz. Ruin y abyecto, Cagney es en esta película el tipo de gángster que se estilaba en la época, pero conseguirá la redención a través de un final mítico: condenado a la silla eléctrica, acepta el ruego de su antiguo amigo el sacerdote y pasa por un cobarde a los ojos de esos jóvenes para los que no debe ser un ejemplo. Cagney, implorando piedad a los pies de un policía, consiguió una de las más grandiosas interpretaciones de la historia del cine. Volvió a estar espléndido en Each dawn I die (1939), de W. Keighley, en el papel de un periodista que, tras denunciar los tejemanejes del fiscal del distrito, se ve víctima de un montaje que le lleva a la cárcel. No menos espléndido estuvo en Los violentos años veinte (1939), de Raoul Walsh, donde interpreta a un veterano de guerra que, al volver del frente, orgulloso de haber servido a su patria, se encuentra en la calle, sin trabajo y, casi, sin lugar donde dormir. No tendrá más remedio que, junto a un Humphrey Bogart cruel y de poca templanza, crear, durante los años de la seca prohibición, una red de distribución de Whisky. Se enamora pero es rechazado; intenta redimirse, conduciendo un taxi, pero no le dejan. Otro actor no hubiera conseguido dar tales dosis de dramatismo, tal cantidad de desencanto, como Cagney fue capaz de ofrecer a su personaje.
Fue nominado en tres ocasiones al Oscar al mejor actor: en 1938 por Ángeles con caras sucias, en 1955 por Ámame o déjame, edición en la que lo consiguió, y en 1942, por Yanky Dandy, donde daba vida al compositor George M. Cohan. El filme le ofrecía a Cagney la oportunidad de desplegar sus enormes dotes como cantante y bailarín de talento, algo que la Warner no supo explotar en su tiempo. Una serie de disputas, siempre en torno al salario, con la Warner Bross, llevaron a Cagney a formar, junto con su hermano William, antaño también actor, una pequeña e independiente productora, la Cagney Productions. Desgraciadamente, la firma no produjo filmes demasiado exitosos, consiguiendo que la United Artist (la compañía de Chaplin y Mary Pickford) distribuyera tan sólo las tres primeras (El vagabundo, Sangre sobre el sol y The Time of Your Life), pero abrieron un camino en la industria que otros muchos no tardarían en seguir. En 1949, Cagney volvió a la Warner Bros, y lo hizo con una obra maestra de Raoul Walsh, Al rojo vivo, donde interpretó a un gángster tremendamente violento con una clara fijación en torno a su madre. En esta ocasión, Cagney, bajo la magistral dirección de Walsh, llevó la imagen de gángster, de psicópata, hasta extremos de complejidad freudiana. Nunca el actor, en el papel de Arthur Cody Jarrett, estuvo tan intenso, eléctrico o peligroso. En la increíble escena final, Cagney, antes de ser acribillado por la policía, grita desde lo alto de una torre en llamas: “Mira, madre, estoy en la cima del mundo“. Durante los años cincuenta, Cagney interpretó filmes donde incorporaba muy a menudo personajes de villanos para diferentes estudios cinematográficos y, ocasionalmente, para su propia productora. Dirigió también, en esta década, su único filme, Short Cut to Hell (1957), basándose en una novela del escritor británico Graham Greene. Desafortunado, no volvió a ponerse detrás de la cámara. Con anterioridad volvió a ser dirigido, magistralmente, por Raoul Walsh, en Un león en las calles (1953), en la cual encarnó a un inestable trotamundos que recala en una población de un estado del Sur, donde conoce a una maestra que da equilibrio a su vida, utiliza su don de gentes para erigirse en popular político local y acaba rindiéndose, cómo no, a las tentaciones corruptas que brinda el poder.
John Ford le dirigió en dos ocasiones y no precisamente en dos buenas películas. Una de ellas ni siquiera consiguió acabarla: Escala en Hawai (1955). Con Ford enfermo, tuvo que ser finalizada por Mervyn LeRoy; la otra con Ford fue El precio de la gloria (1952). Cagney estuvo magnífico incluso en westerns, algo que parecía no ir demasiado a sus características físicas; un ejemplo fue La Ley de la horca (1956), de Robert Wise, una extraña película en la que Cagney, que contaba con Irene Papas como compañera de reparto, encarnaba a un poderoso terrateniente dispuesto a todo para conservar sus tierras. Su adiós temporal de las pantallas vino tras una interpretación asombrosa en una obra maestra de Billy Wilder, Uno, dos, tres (1961), donde da vida a MacNamara, un alto ejecutivo de la Coca-cola en la Alemania del Este que debe encarar la inesperada boda de la hija de su jefe (Pamela Tiffin) con un comunista obstinado (Horst Buchholz). Todo ello en la más absoluta locura, con un ritmo endiablado, soportado prácticamente en su totalidad por la impresionante capacidad de James Cagney, en uno de los mejores papeles de su vida. Sólo la amistad de su vecino, el director Milos Forman, consiguió sacarle de su retiro, 20 años después, para intervenir en Ragtime (1981), según la novela de E.L. Doctorow, una bonita comedia, rica en situaciones y personajes, que evoca la sociedad norteamericana a principio de siglo. Cagney estaba ya enfermo y sólo la televisión le arrancó una nueva interpretación (Terrible Joe Morgan, 1984).
Sería imposible imaginar las películas de gánsteres de los años treinta y la productividad de la Warner Bross, en esa misma y esplendorosa década, sin la inestimable labor de James Cagney. Él y sus personajes, todos distintos pero todos con algo de su propia personalidad, convirtieron las películas de la Warner en clásicos del cine. El ritmo, la agilidad y vitalidad que imprimía a cada una de sus interpretaciones le destacaron siempre como un personaje distinto, vinculado al cine más realista e incisivo. Incluso trató de homenajear a Lon Chaney en “el hombre de las mil caras”, pero no lo consiguió por la debilidad del guión y de la dirección.

Pepe Gutiérrez-Álvarez

sábado, febrero 23, 2019

Rubios y morochos: los espejismos del Ministerio de Producción



Contra las afirmaciones del gobierno, somos los trabajadores los que pagamos más impuestos.

Unos pocos hombres y mujeres vestidos de traje, blancos y en su mayoría rubios, sostienen el peso de una masa indiferenciada de personas de tez oscura con vestimenta y calzado más o menos informal.
La imagen, repudiada en las redes sociales, forma parte de una presentación del Ministerio de Producción ligada al relanzamiento de una reforma laboral en beneficio de los capitalistas. El documento en cuestión, denominado “Leyes para la transformación productiva”, apunta a la reducción del llamado “costo laboral” –es decir, a la devaluación del salario y la liquidación de conquistas obreras– y especifica el objetivo de “desincentivar la litigiosidad laboral” –esto es, los juicios por violación de derechos y accidentes de trabajo. Todo ello, se dice, en beneficio de las PyMES y en función del “blanqueo” de los trabajadores que están en negro -si bien estos, con la reforma, pasarían a ser trabajadores formales… en condiciones semiesclavas.
En el sinfín de mentiras y falsificaciones del documento, la que da origen a la imagen es particularmente embustera. Con el fin de justificar nuevas exenciones y favores a los empresarios, se los presenta como los más perjudicados por el sistema impositivo vigente, obligados a cargar sobre sus hombros a las mayorías populares. Bien por el contrario, el mismo tiene un carácter fuertemente regresivo, gravando con más fuerza a quienes tienen menores ingresos. El caso ejemplar es el del Impuesto al Valor Agregado, que afecta directamente al consumo popular, al punto de insumir el 17% de los ingresos de una familia que cobre la Canasta Básica, y representa un tercio de la recaudación fiscal. Lo propio sucede en las provincias y municipios, donde las tasas urbanas que afectan al bolsillo popular superan sideralmente –en porcentaje y en monto– los mínimos gravámenes a las patronales agrarias. Este carácter históricamente distorsivo se ha visto profundizado por la reforma impositiva del gobierno (2017) y sucesivas exenciones y recortes en favor de los empresarios. Ello se ve en el ascenso del ingreso por IVA en el total de la recaudación (de 25,9% en 2016 a 32,6% en 2018). El IVA y otros impuestos indirectos “crecieron un 40,4% en 2018 versus un salto del 30,8% de los impuestos directos”, es decir, los que se aplican sobre la riqueza (Tiempo Argentino, 6/1). En este escenario, “la recaudación del mes de diciembre de 2018 se compuso por más de dos terceras partes por impuestos indirectos (69,3%) y la parte restante por impuestos directos (30,7%)” (ídem). Ello sin computar la distorsiva aplicación de impuestos directos sobre los salarios, como sucede con el Impuesto a las Ganancias.
Por lo demás, la presentación sobre la colaboración de cada grupo en la recaudación es tan amañada –reúne sin distinción a empresarios y trabajadores en blanco– como ilusionista, porque se abstrae de cualquier comparación entre esa recaudación y las riquezas de capitalistas y trabajadores. Solo en el año pasado, los asalariados retrocedieron tres puntos su participación en el PBI nacional, mientras el “Excedente de Explotación Bruto” –indicador de las ganancias empresarias– saltó de 36,9% en el primer trimestre a 45,9% en el segundo, según los propios datos oficiales. Ahora, las patronales buscan volcar la crisis industrial generada por las políticas del gobierno sobre las espaldas de los trabajadores, como se ve en el plan de 35 medidas propuesto por la Unión Industrial Argentina, en línea con la reforma laboral promovida por el documento.
Un dibujo definitivamente al revés: el peso de los parásitos empresarios se ha vuelto intolerable para las espaldas de quienes viven de su trabajo.

Prensa Obrera

Otto Vargas y el PCR, un balance histórico



Ha fallecido Otto Vargas, secretario general del Partido Comunista Revolucionario (PCR). Su vida está íntimamente ligada al partido del cual fue fundador y constructor.
En sus inicios militantes, a fines de los 40 –según me confesó personalmente en una reunión de direcciones entre nuestros dos partidos– estuvo tentado de incorporarse a un agrupamiento que se reclamaba trotskista en La Plata. Pero finalmente lo hizo al Partido Comunista Argentino (PCA) dirigido por Victorio Codovilla. Ahí se desarrolló como un cuadro internacional, viajando a las escuelas de formación del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS).
En 1967, precipitó la ruptura de la mayoría de la juventud del PCA. En una primera etapa se planteó “la recuperación revolucionaria” del PCA, ligándose a un sector de la burocracia del PCUS. Pero a principios de 1968 terminó constituyendo el PCR.
Su ruptura con el PCA codovillista fue parte del proceso de crisis del viejo aparato stalinista mundial y del ascenso revolucionario que produjo la revolución cubana, entre cuyas manifestaciones se cuentan el Mayo Francés y la guerra de Vietnam. La revolución cubana fue atacada y resistida por el PCA y el aparato internacional del PCUS. Uno de los factores que influyó en la constitución del nuevo Partido, fue la traición abierta del PCA y el PCUS, junto al PC boliviano, a la lucha del Che Guevara en Bolivia. Esa traición fue denunciada en el Diario del Che y por Fidel Castro. En 1967, nuestro Partido y el Comité de Recuperación Revolucionaria del PC, dirigido por Otto Vargas, llegaron a sacar declaraciones comunes llamando a movilizarse en apoyo al Che.
Años más tarde (1972), en el marco de la crisis y polémica internacional entre el PCUS y el Partido Comunista Chino (PCCh), el agrupamiento de Vargas se volcó abiertamente al maoísmo, encontrando en el mismo un punto de apoyo contra el PCA ligado a la burocracia “revisionista” rusa. La lucha interburocrática China-URSS había llevado a los primeros a ensalzar a Stalín, que venía de ser defenestrado en el XX Congreso del PCUS, en un intento por contener y desviar el creciente descontento de la clase obrera de la URSS. Otto Vargas cambió de referencia internacional, pero mantuvo a Stalin como referencia histórica. Su descubrimiento del carácter restauracionista de la burocracia de la URSS no le permitió caracterizar que el mismo proceso estaba en desarrollo en China. Ese mismo año Nixon viajó a Pekin para establecer un ‘acuerdo’ con Mao. En corto tiempo (1979) el mismo Otto Vargas llegó a la conclusión que en China estaba en pleno desarrollo el proceso de restauración burocrática del capitalismo.
Vargas, sin embargo, se atrincheró en la defensa la concepción menchevique del stalinismo: la llamada revolución por etapas con la burguesa democrática al frente, y la búsqueda desesperada de sectores progresistas de la burguesía nacional con los cuales hacer frente común. Ello, contra los intentos de organización política independiente de la clase obrera para acaudillar la lucha por la revolución permanente y la dictadura del proletariado.
Al poco tiempo de su nacimiento, el PCR intervino protagónicamente en el proceso del ‘cordobazo’ y estableció acuerdos de trabajo, aunque con diferentes estrategias, con nuestro PO. Fue así que se conformó la lista Marrón dirigida por René Salamanca, que integramos y recuperó el combativo SMATA Córdoba. Pero la sujeción a la burguesía nacional llevó al PCR a considerar al gobierno de Perón e Isabelita progresivo y antiimperialista y a apoyarlo activamente. Esto, a pesar de que ese gobierno se constituyó en eje de la reacción contra el proceso revolucionario abierto con el ‘cordobazo’, desarrollando una fuerte política represiva contra las luchas de la clase obrera y la izquierda, implantando el “Pacto Social” (tregua impuesta a la lucha de los trabajadores); el terror parapolicial y burocrático contra sectores combativos de la vanguardia obrera y estudiantil; la intervención y represión del sindicato clasista metalúrgico de Villa Constitución, y otros ataques a la clase obrera. En el plenario clasista y antiburocrático de Villa Constitución (1974), el PCR se opuso a la formación de una Coordinadora Nacional propuesta por nuestro Partido y otras organizaciones para articular las luchas contra el Pacto Social. Después de la muerte de Perón, el PCR defendió abiertamente al gobierno de Isabelita-López Rega, criticando las luchas que lo desestabilizaban y considerándolas parte de una tendencia golpista (ver la carta de autocrítica de Salamanca a los obreros del SMATA, de 1975, donde subordina las huelgas ‘económicas’ a la defensa antigolpista del gobierno). Con otro discurso, el PCR estaba colocado en el mismo terreno que el PCA, con el que había roto.
El golpe militar de 1976 ilegalizó al PCR, al igual que al PO y otras organizaciones. Durante gran parte de este período su oposición estuvo encuadrada en el terreno de la burocracia china, que consideraba a la dictadura como ‘pro rusa’, mientras hacía la vista gorda frente a la dictadura chilena pinochetista anti URSS.
Al finalizar la dictadura, el PCR volvió a apoyar al nacionalismo burgués peronista en la candidatura de Luder, el presidente del Senado de Isabel Perón que avaló la intervención del ejército en la represión a los trabajadores a partir de la huelga general de 1975 (antecedente del golpe militar del 76). Nuevamente se encontraba en el mismo campo que el PCA. Y volvió a apoyar a Menem en 1989, cuyo gobierno integró con funcionarios. En todo ese período y hasta avanzado el kirchnerismo, se opuso fuertemente a la presentación de candidaturas obreras y de izquierda independientes. Practicó un antielectoralismo vulgar, que entregaba a la burguesía y sus partidos la lucha política-electoral. Esta ceguera lo llevó a celebrar que el voto en blanco y nulo (por su propia naturaleza, heterogéneo) se había “destacado” en varios procesos electorales. Pero cuando se ‘autocritico’ de esta postura ultrista en materia de lucha electoral, no lo hizo para desarrollar en este terreno la independencia política de la clase obrera, sino para apoyar a diferentes frentes de conciliación de clases.
Hacia el final del menemato y en el posterior gobierno de la Alianza, tuvo el impulso progresivo de contribuir a organizar de los desocupados. En ese terreno, y en acuerdo con nuestro Partido y la CTA, impulsó la centralización nacional del movimiento piquetero (Plenario de La Matanza) y sus planes de lucha nacionales, transformándolo en un factor político dinámico en la lucha política y de clases. Este derrotero volvería a frustrarse en el ‘argentinazo’ del 2001. Entonces, el PCR (y su CCC) quebró a la Coordinadora Piquetera Nacional, para transformarse en furgón de cola de los gobiernos de Rodríguez Saá y Duhalde. Así, debilitó la perspectiva de un amplio desarrollo político independiente y combativo de la vanguardia piquetera. En ese período, desarrolló una política participacionista, integrando los consejos consultivos promovidos por la iglesia. Por eso, estuvieron ausentes de la gran lucha piquetera del puente Pueyrredón, donde cayeron asesinados Kosteki y Santillan.
Su búsqueda de un sector progresista de la burguesía nacional lo llevo a ponerse del lado del capital agropecuario, en la crisis por la 125 y las retenciones a las exportaciones. Se opuso a la FUBA de izquierda y piquetera para apoyar a los radicales que forman ahora parte del gobierno macrista. Esto le ocasionó un retroceso entre la juventud estudiantil y obrera y terminó provocándole una ruptura política nacional que denunció los acuerdos del PCR con la burguesía rural y se acercó, al menos inicialmente, a la FUBA liderada por el PO y al Frente de Izquierda.
La crisis del macrismo ha embarcado al PCR en otro viraje, esta vez, en favor de la “unidad peronista” con quienes le votaron más de 100 leyes ajustadoras a cambiemos. Como parte de este giro, el PCR está rompiendo los acuerdos antiburocráticos realizados con la izquierda en los sindicatos de profesores universitarios y de la docencia bonaerense (listas multicolores) para alinearse con la burocracia de Yasky y Baradel. En esta estrategia, pasó a apoyar al papa Francisco y constituyó el trío de “los cayetanos”, que tiene una política de contención social frente al ajuste oficial.
La parábola de Vargas y el PCR es clara: en su trayectoria de medio siglo volvió a la senda de la cual se apartó –sólo empíricamente– en 1968. Dentro de sus contradicciones, Otto Vargas fue un fuerte adversario del trotskismo en Argentina y el mundo.

Rafael Santos

Para leer a Spinoza



Nota de edición: Tal día como hoy [21.02] en 1677 moría en La Haya Baruch Spinoza. Su obra fue uno de los más polémicos e influyentes proyectos de rebeldía, rechazo de todas las formas de trascendencia, confesional o metafísica, y reivindicación absoluta de la inmanencia.

Baruch Spinoza nació en Ámsterdam el 24 de noviembre de 1632 y murió en La Haya el 21 de febrero de 1677. Procedía de una familia de judíos sefardíes inmigrantes de la península ibérica y fue educado en la comunidad judía de la ciudad holandesa en una época de considerable influencia del calvinismo. En su juventud leyó a algunos de los escolásticos españoles y las obras de la filosofía judía medieval. Pero en su formación entran también la lectura de Descartes y de Hobbes, cuya influencia se percibe respectivamente en lo que serían su ontología, su teoría del conocimiento y su teoría política. También se relacionó con algunos representantes de las heterodoxias judías españolas. Debido a esto último, en 1656, Spinoza fue expulsado de la comunidad judía ortodoxa y desterrado de la ciudad. Se tiene noticia de una Apología para justificarse de su abdicación de la sinagoga, escrita en español ese mismo año, que se ha perdido.
Después de la expulsión de la sinagoga Spinoza vivió primero en las afueras de Ámsterdam. Allí, para ganarse la vida, trabajó en el pulido de lentes para observaciones astronómicas y entró en relación con cristianos liberales también considerados heterodoxos. Para ellos o por la solicitud de estos librepensadores cristianos, entre los que tuvo varios discípulos, escribió Spinoza, hacia 1660, su primera obra conocida: una Tratado corto sobre Dios, el hombre y la salvación de su alma. Este Tratado corto avanzaba, aunque con una forma distinta (en parte dialogada), algunas de las ideas centrales de lo que sería su Ética. Al parecer, se lo dictó a algún alumno discípulo y el Tratado corto quedó inconcluso. No se publicó en vida de Spinoza, aunque circularon copias entre los próximos.
Al año siguiente, en 1661, Spinoza escribió otro tratado sobre la Reforma del entendimiento, que también dejó inacabado. En Reforma del entendimiento expone Spinoza su teoría del conocimiento y aborda la cuestión del método y sus reglas con una orientación deductivista y especulativa parecida a la de Descartes. Pero se ha dicho con razón que, a diferencia de Descartes, Spinoza era un moralista y estaba más interesado en las cuestiones de la moral o ético-políticas que en las cuestiones de la física y de las ciencias particulares a ésta conectadas en la época (fisiología, anatomía, etc.).
De hecho la Reforma del entendimiento arranca con una consideración sobre la necesidad de una vida nueva, en la que Spinoza, después de denunciar la búsqueda de riquezas, honores y placeres como fines en sí, defiende que si éstos son buscados sólo como medios y no rebasan cierta medida, riquezas, honores y placeres contribuyen a alcanzar el fin que uno se propone, a saber: el bien y la verdad acordes con esta “vida nueva”. Reforma del entendimiento significa para Spinoza “curarlo” y “purificarlo” para la búsqueda de la perfección humana. Todas las ciencias particulares (desde la filosofía moral a la medicina, y desde la mecánica a ciencia de la educación) deben estar, pues, orientadas a la consecución de este único fin. De modo que de los placeres de la vida, sólo hay que tomar lo justo para conservar la salud; y en la búsqueda del dinero o de cualquier bien material, limitarse a lo estrictamente necesario para la conservación de la vida y la salud y para adaptarnos a los usos de la ciudad en todo aquello que no se oponga a nuestro fin.
En 1663, en Rijnsburg, Spinoza aceptó dar clases de filosofía a un joven estudiante de veinte años, pero al no considerarle suficientemente maduro para la comprensión de su propio sistema, se dedicó a exponerle el sistema de Descartes. De ahí surgió la redacción de sus dos obras siguientes Los principios de la filosofía de Descartes y los Pensamientos metafísicos, dictadas al joven alumno con intereses teológicos y que fueron publicadas juntas, después de que el propio Spinoza corrigiera los apuntes del alumno, ese mismo año.
Aunque los Principios y los Pensamientos son formalmente una exposición, more geométrico, de las ideas principales de la metafísica y de la teoría del conocimiento de Descartes, en estas obras Spinoza aborda ya algunas debilidades de la filosofía cartesiana y adelanta su propio punto de vista al respecto. No lo hace de una forma declaradamente crítica sino al hilo de la exposición y discusión filosófica de objeciones que se le habían hecho a Descartes. La más importante de estas objeciones se refiere al carácter circular de la argumentación de Descartes sobre la certeza fundada en la existencia de Dios. Spinoza sugiere en Los principios que no tenemos necesidad de buscar una garantía externa (transcendente) de la verdad de nuestros pensamientos, de manera que el fundamento de la ciencia no es la existencia de un Dios distinto de mí sino la presencia en mí de una idea del ser absoluto que yo no tendría si no fuera en cierto modo este mismo ser. Spinoza modifica la teoría cartesiana, cierto que para hacerla inatacable a las objeciones, pero al mismo tiempo está fundando así la teoría de la inmanencia.
Por entonces, y desde 1661, Spinoza tenía ya in mente la idea de exponer su doctrina sobre Dios según el método geométrico, que sería la primera parte de su Ética. Pero en 1663 se trasladó a Voorburg, muy cerca de la Haya, donde iba a vivir hasta 1670. En este período entró en contacto con varias personalidades influyentes de la época, como Christian Huygens o Jan de Witt y terminó la Ética. También tuvo una intensa actividad política en defensa de la república y se puso a escribir el Tratado teológico-político, cuya redacción simultaneó con la Ética. Esta obra, en la que Spinoza expuso lo esencial de su pensamiento ontológico, gnoseológico, antropológico y moral estaba ya muy avanzada hacia 1665-1666, pero el filósofo iba a seguir retocándola durante años y no se publicaría hasta 1677, poco después de su muerte. En cambio, el Tratado teológico-político se publicó en 1670. Parece probado que Spinoza retrasó la conclusión de la Ética y luego su publicación debido a los ataques de que fue víctima cuando apareció el Tratado teológico-político, a partir del cual el spinozismo empezó a ser (y no sólo en los Países Bajos) sinónimo de “materialismo ateo”. Sin embargo, copias fragmentarias de la Ética circularon entre los amigos y discípulos en vida de Spinoza.
El Tratado teológico-político [1] fue la obra más importante de Spinoza que éste pudo publicar en vida. Pero apareció de forma anónima y con nombre de editor falso. Está considerada como una defensa de la libertad de pensamiento y de la tolerancia y algunos intérpretes la consideran también una apología de la democracia. En su trasfondo se ha querido ver la influencia de Maquiavelo y de Hobbes.
En el Tratado teológico-político Spinoza critica a la teología cuando esta trata de extender su poder fuera del ámbito que le es propio; se permite una lectura histórico-crítica de la Biblia para desde ahí elaborar una nueva teoría de lo político. La Biblia es parte de la Naturaleza y los hechos que narra desde la caída de Adán también, de manera que lo que hay que hacer es una lectura racional de la misma en la que se prescinde de lo sobrenatural [2]. A partir de ahí se puede fundar una separación clara entre el ámbito de la fe (que es el dominio de la teología) y el de la razón política, que será propio de la filosofía política. A la separación de teología y política en términos racionalistas corresponde también la separación entre piedad (correlato de la fe) y verdad (correlato de la razón).
La adhesión a lo que dice la Biblia es asunto de la fe en la revelación y esto aporta indudablemente enseñanzas como el amor al prójimo y el amor a Dios. Al negar la transcendencia y el carácter personal de Dios, la revelación tiene en Spinoza un papel fundamental. Pero la extensión de lo que se sabe a partir de ahí al ámbito de la política conduce a la intolerancia de los teólogos y al dogmatismo: lo que fue saber se convierte en mero poder con las iglesias institucionalizadas (católica, judía y protestante). Spinoza mantiene que las iglesias deben renunciar a su pretensión de ejercer autoridad fuera de su dominio y someterse al poder civil, que es el único soberano. En ese caso la autoridad teológica se hace complementaria de la autoridad política y el Estado que es fuente de toda ley y de todo derecho, se hace realmente soberano.
Para mantener el Estado y para que los individuos obedezcan sus leyes es necesario que éste conceda a los individuos total libertad de pensamiento y expresión. Pues esta es la única forma en que el cuerpo político que los individuos se han dado a sí mismos, a través de un pacto o tratado para salir del estado primitivo, puede perdurar. Mediante ese pacto, y para su seguridad, los individuos han renunciado al derecho de actuar, legislar, ejercer la violencia, etc., pero no al derecho de pensar. Si el estado suprime toda libertad entonces la obediencia de los individuos pierde su justificación y esto provocará una reacción violenta que destruirá al propio Estado. En esas condiciones, por tanto, el régimen más cercano a lo natural, y al mismo tiempo fundado en la razón, es la democracia, en la que el individuo dispone de libertad de pensamiento.
Las tres cosas juntas, o sea, la lectura racional de la Biblia a través de un análisis histórico-critico (que mina el poder de los teólogos), la afirmación de la libertad de pensamiento (fuera del ámbito de las iglesias institucionalizadas y como garantía frente a la tiranía estatal) y la defensa de la democracia (en la situación histórica de Europa, en 1670) motivaron gran escándalo, lo cual obligó a Spinoza a aumentar las cautelas en lo que hace a la difusión de la Ética. De todas formas, al dar la primacía a la libertad de pensar Spinoza podía argumentar, y así lo hace realmente, que cualquier gobierno de régimen colectivo es aceptable si respeta la libertad de pensamiento y se mantiene en los límites de la razón. Esto último introduce cierta indefinición en el pensamiento político de Spinoza, particularmente a la hora de dilucidar qué sistema de gobierno aconsejaba. Este punto tampoco queda resuelto en Tratado político, su última obra, que estaba redactando meses antes de su muerte y quedó truncada justo cuando empezaba a tratar de la democracia.
En el Tratado político [3] Spinoza aborda un tema clásico. Dice nada más empezar el libro que se propone demostrar “de qué modo hay que construir una monarquía y una aristocracia para que no degeneren en tiranía y para que la paz y la libertad de los súbditos permanezcan intactas”. Y confiesa a continuación, después de criticar a filósofos y políticos y de subrayar que no hay asunto en el que la teoría discrepe tanto de la práctica, que “no pretende descubrir nada nuevo o inédito”. De hecho el Tratado político se puede leer ahora como una continuación de la Ética, no publicada todavía pero a cuyas conclusiones (y a las del Tratado teológico-político) hace Spinoza numerosas referencias. Por otra parte, sus primeros capítulos traen a la memoria afirmaciones de Maquiavelo y de Hobbes, en particular sobre: 1) la dificultad de vivir lo político según la disciplina exclusiva de la razón; 2) la ilusión que supone tratar de fundar la seguridad del Estado en la buena fe; 3) la distinción entre virtudes privadas (fortaleza de ánimo) y virtudes públicas (la principal de las cuales es la seguridad del estado); 4) la importancia del pacto o contrato, en connivencia con la razón, para que pueda hablarse propiamente de esfera política o de res publica.
En la parte dedicada a la monarquía Spinoza critica abiertamente la monarquía absoluta y en ese contexto alaba de forma explícita a Maquiavelo, del que dice que fue “agudísimo”, “sagaz” y “gran amante de la libertad”. Interpreta la obra de Maquiavelo (contra otras opiniones muy extendidas en la época) en el sentido de que “ha querido demostrar que un pueblo libre sabe guardarse de confiar su salvación a un solo hombre”. En el capítulo VI establece inequívocamente la separación entre iglesia y estado: “En lo que a la religión atañe, ninguna iglesia, en ningún caso, se construirá a expensas de las ciudades y no se promulgará ley alguna respecto de una creencia religiosa, a menos que ésta sea sediciosa y mine los fundamentos del Estado. Los fieles autorizados a practicar públicamente su culto edificarán, si quieren iglesias a sus expensas”. Luego, en el capítulo VII, reflexiona sobre en qué puede consistir una legalidad tan firme que ni siquiera el rey pueda abolirla; y establece un primer principio: “que toda ley sea voluntad explícita del rey, pero no que toda voluntad del rey sea ley”.
A la voluntad del rey opone Spinoza la voluntad de la multitud y mantiene que ésta, la multitud, no transfiere su derecho a una minoría o a un solo hombre. Y, desde luego, no transfiere libremente al rey más que aquel poder del que no se siente absolutamente dueña. No es el caso, por ejemplo del suelo y todo cuanto se vincula a él, que, según Spinoza, pertenece al conjunto de los ciudadanos. Por otra parte, para que la monarquía cuyo poder queda limitado por las asambleas, pueda garantizar la paz y la libertad de los ciudadanos Spinoza defiende la mayor igualdad posible, la limitación de los mandatos de los jueces, un ejército compuesto solamente de ciudadanos y por soldados sin soldada (o sea, no mercenario), la abolición del secreto por razón de Estado y la abolición del carácter hereditario de la Corona: “A la muerte del rey, en cierto modo el Estado muere y se vuelve del estado político al estado de naturaleza y, en consecuencia, el poder soberano recae de modo natural en el pueblo que, desde ese momento, tiene el derecho de dictar nuevas leyes y derogar las antiguas”.
Así pues, la monarquía que Spinoza concibe alternativamente a la monarquía absoluta está instituida por una multitud en plena libertad, lo que se basa en la idea de que los hombres dotados de razón no pueden renunciar jamás a su derecho hasta el punto de dejar de ser hombres y dejarse tratar como ganado.
Al terminar este capítulo Spinoza pone como ejemplo digno de ser recordado “el régimen de los aragoneses, que fueron excepcionalmente fieles a sus reyes y conservaron con igual constancia las instituciones de su reino”. Concluye el capítulo VII del Tratado político diciendo que un pueblo puede, bajo el mando de un rey, gozar de una libertad bastante grande con la condición de que el poder del rey quede determinado exclusivamente por el pueblo. A partir de ahí, y desde los mismos principios, analiza en los capítulos siguientes, el régimen aristocrático para abordar finalmente la forma de gobierno denominada democrática, a la que sólo pudo dedicar ya tres páginas del capítulo XI.
En esas pocas páginas Spinoza se limita a caracterizar la democracia como una forma de gobierno en la que rige el derecho al voto para la elección libre de una asamblea suprema. Luego establece algunas restricciones a ese derecho y afirma (como también había hecho Aristóteles en La política) que es posible concebir diferentes clases de democracia, pero se limita a analizar una de esas formas: aquella en la que todos los habitantes sin excepción gozan del derecho de votar en una asamblea supremay de ostentar cargos públicos. La restricción que aquí establece es que los ciudadanos: a) no obedezcan otras leyes más que las de la patria (lo que excluye a los extranjeros); b) sean independientes; y c) sean honrados.
La implicación de la condición “ser honrado” para gozar del derecho a sufragio es que, con ella, se excluye a los criminales o a quienes han llevado una conducta vergonzosa. La principal implicación del otro criterio, el de ser independientes, es que se excluye a las mujeres y a los esclavos, en el primer caso porque dependen de sus maridos y en el segundo de sus dueños. No entra Spinoza a discutir la situación de los esclavos seguramente porque consideraba que eso estaba fuera de discusión. Pero todavía se detuvo a discutir, en un par de párrafos, una cuestión muy de la época, a saber: si las mujeres están bajo el poder de sus maridos por naturaleza o por convención, pues si lo estuvieran por convención entonces no habría razón para excluirlas del derecho a voto y del gobierno democrático. Mantiene Spinoza, aludiendo paradójicamente a la experiencia en este caso, que la condición de las mujeres procede de su debilidad natural, que son, naturalmente, inferiores y que, por tanto, no gozan de un derecho igual al de los hombres.
La Ética [4] de Spinoza está dividida en cinco libros: I] De Dios; II] De la naturaleza y origen del alma; III] Del origen y naturaleza de los afectos; IV] De la servidumbre humana o de la fuerza de los afectos, y V] De poder del entendimiento o de la libertad humana. Esa estructura y los rótulos de los varios libros pueden desconcertar al lector actual, que acostumbra a entender por ética la reflexión filosófica sobre hábitos o costumbres morales y no ve ahí ni siquiera mencionada la palabra moral. Los rótulos de los cinco libros aluden, en efecto, a cuestiones habitualmente abordadas en tratados de teología, metafísica, teoría del conocimiento o gnoseología y antropología filosófica. El desconcierto aumenta cuando se lee el subtítulo de la obra: more geometrico demonstrata; o sea, al percibir que estamos ante una Ética que trata mayormente de Dios, del alma, de los afectos y del entendimiento humano y que, además, aborda tales asuntos con intención demostrativa, a la manera de los geómetras, o sea, mediante definiciones, axiomas y proposiciones demostrativas que traen a la memoria la geometría de Euclides. Formalmente la Ética de Spinoza enlaza con el modelo cartesiano pero acentúa su forma de argumentar. Que Spinoza era consciente del desconcierto que esto podía producir en sus lectores lo prueban las palabras con que introduce el libro III, dedicado al origen y naturaleza de los efectos:
Parecerá ciertamente sorprendente que me proponga tratar de los vicios de los hombres y de sus enfermedades a la manera de los geómetras y que quiera demostrar por medio de un razonamiento riguroso lo que no cesan de proclamar contrario a la razón, vano, absurdo y digno de horror. Pero he aquí la razón en que me fondo: nada sucede en la Naturaleza que pueda atribuirse a un vicio existente en ella. La Naturaleza es siempre la misma… Por consiguiente, los afectos llamados odio, cólera, envidia, etc., considerados en sí mismos, se siguen de la misma necesidad y de la misma virtud de la Naturaleza como las demás cosas singulares… Por eso consideraré las acciones y deseos humanos como si se tratase de líneas, superficies y cuerpos sólidos.
El pensamiento de Spinoza se separa del de Descartes en varios puntos importantes. El Dios de Spinoza no es el creador transcendente, sino la naturaleza misma. De ahí la fórmula: Dios sive natura. Dios y naturaleza son la misma sustancia, la cual puede ser aprehendida por la inteligencia humana bajo dos modos o aspectos. Esta idea rompe, además, con las representaciones habituales de la divinidad de carácter antropomórfico, o sea, basadas en la atribución a la divinidad de rasgos que en principio son propios del ser humano. Dios no es la providencia organizadora, ni el padre amantísimo, ni el monarca severo, ni el juez justiciero, ni siquiera el relojero perfecto. Spinoza desmonta estas representaciones como ficciones interesadas de los humanos. Y funda así una ontología, una filosofía del ser, que se suele denominar monista (una única sustancia con dos modos o aspectos esenciales), naturalista (por la reducción de dios a la naturaleza) e inmanentista (porque no recurre a un ser transcendente para entender, explicar o comprender la naturaleza).
A continuación, y entrando en el ámbito de la teoría del conocer, Spinoza mantiene que “el orden y conexión de las ideas son los mismos que el orden y conexión de las cosas”, proposición en la que funda el principio de una inteligibilidad universal del ser. Pues el alma no es otra sustancia, una sustancia diferente del cuerpo, sino precisamente “la idea del cuerpo”. Siguiendo la misma lógica deductiva, o sea, analizando las pasiones del hombre more geometrico, Spinoza propone, con su teoría de los afectos, una antropología positiva que será el núcleo central de la ética (parte tercera de la obra). Esta antropología positiva prescinde de consideraciones moralistas o moralizantes sobre las pasiones del ser humano; parte de la consideración de que ante los asuntos humanos no hay que reír ni llorar ni indignarse, sino simplemente comprender o entender.
El deseo de los humanos es para Spinoza conatus, lo que quiere decir: esfuerzo por perseverar en su ser. No es que deseemos una cosa porque ella sea buena, es que la llamamos buena porque la deseamos. Y la deseamos porque el deseo es potencia del ser humano, potenciación del ser, cuyo desarrollo da alegría. De donde se sigue que obrar bien no es orientarse hacia un cierto ideal (más o menos irrealizable), sino realizarse a uno mismo, mientras que obrar mal tampoco es transgredir mandamientos o normas transcendentes sino perder potencia, convertirse en esclavo.
Lo primero conduce a la sabiduría, que Spinoza identifica con la beatitud; lo segundo conduce a la servidumbre. La libertad del hombre no es libre albedrío, a la manera de Descartes, pues eso sería establecer una excepción a la ley universal de la necesidad que reina en la naturaleza; libertad es conciencia de la necesidad. Y esto porque libertad y necesidad no se oponen, sino que lo que se opone es libertad y coacción. Beatitud equivale en Spinoza a “amor intelectual de Dios”, pero aclara que la beatitud no se tiene que entender como premio a la virtud, como premio por haber reducido o reprimido los apetitos sensuales, sino que la beatitud es la virtud misma, que hace posible la reducción de los apetitos, y proporciona el contento o alegría interior. La beatitud queda así vinculada al entendimiento, a la consciencia, a la razón, y lograrla supone una tarea ardua. Es una flor rara, obviamente, cosa que no debe extrañar, porque, como concluye Spinoza en la Ética, “todo lo que es hermoso es tan difícil como raro”.

Francisco Fernández Buey
El viejo topo

Notas:

1. Traducción castellana (selección) e introducción de E. Tierno Galván, Tecnos, Madrid, 1966.
2. Un ejemplo de cómo lee Spinoza la Biblia, y en particular el episodio de la actuación de Adán, se puede ver en la carta de XIX, escrita en 1665, a Willen van Blyenbergh, quien le había consultado sobre el problema del mal (incluida en el dossier).
3. Está traducido también en el volumen indicado en la nota 1.
4. Traducción castellana de Vidal Peña, Editora Nacional, Madrid, 1980.

El FIT convoca a movilizar a la embajada yanqui contra la intentona golpista en Venezuela



El Frente de Izquierda convoca a movilizar a la embajada yanqui en Buenos Aires, para repudiar la intentona golpista en Venezuela y la autoproclamación como presidente de Juan Guaidó, bendecida por Trump y sus agentes en América Latina –los Bolsonaro, Macri y Piñera. Este intervencionismo imperialista busca justificarse en nombre de la “democracia” y los “derechos humanos”. Pero quienes lo comandan son históricos impulsores del golpismo y el avasallamiento a todos los pueblos del mundo, comenzando por el imperialismo yanqui. Lo mismo puede decirse del ultrarreaccionario Bolsonaro, que reivindica a la dictadura brasileña, o del derechista Macri, que impulsa una escalada represiva en la Argentina y forma parte de una corriente política que ha apoyado a todos los golpes militares en Argentina. Repudiamos el reconocimiento que el presidente Macri ha hecho del seudopresidente Guaidó así como de su representante en Argentina, y exigimos el retiro de Argentina del grupo de Lima, ariete del imperialismo en la región.
Denunciamos el brutal cerco económico que el imperialismo ha establecido sobre Venezuela, al disponer la intervención de los activos de ese país en los Estados Unidos, así como la amenaza declarada de apelar a una invasión militar, para asegurar los objetivos del golpe. Al mismo tiempo, señalamos el carácter también golpista e intervencionista de aquellos que pretenden esos mismos objetivos a través de una supuesta “mediación” o “diálogo”, cuyo presupuesto es sostener la extorsión económica y política sobre Venezuela. Es el caso del grupo de Montevideo, fogoneado por la Unión Europea.
En la Argentina, los Massa, Pichetto, Urtubey, nucleados en Alternativa Federal, se han subido a la cruzada golpista contra Venezuela. Por su parte, y mientras Cristina Kirchner se llama a silencio, su bloque legislativo se suma a la política de la falsa “mediación” impuesta por la Unión Europea y el Vaticano.
Nuestro repudio al golpe imperialista no implica ningún apoyo político al régimen bolivariano, que es responsable de haber conducido a una encerrona al pueblo venezolano. El chavismo estableció un régimen de poder personal y estatización de las organizaciones populares, con el Ejército como sostén principal. El chavismo no alteró las relaciones de propiedad y, cuando la crisis mundial precipitó la caída de los precios del petróleo, no vaciló en trasladar a las masas el peso de la crisis, con devaluaciones y tarifazos. El gobierno venezolano ha llevado el salario a 6 dólares y provocado una catástrofe social y millones de refugiados. Gobiernan pactando con las multinacionales (empresas mixtas en petróleo y minería) y a favor de los grandes empresarios nacionales y de la llamada “boliburguesía” militar y civil, y pagan puntualmente la deuda externa. El gobierno de Maduro también eliminó la vigencia de los convenios colectivos de trabajo lo que motivó la oleada de huelgas hacia finales del año pasado.
La oposición pro yanqui se monta en el descontento popular, pero, si prevalece, no harán más que someter al pueblo a nuevas privaciones y a una recolonización económica integral. La alternativa es la movilización obrera y popular contra los planes de ajuste, la expulsión de la burocracia oficialista de los sindicatos para conquistar la independencia de las organizaciones obreras y por un verdadero gobierno de los trabajadores y el pueblo.
A partir de esta comprensión común, llamamos a movilizarnos en Argentina y en todo el continente en oposición a la intentona golpista y a cualquier tipo de injerencia imperialista, y planteamos un programa obrero de emergencia: No al pago de la fraudulenta deuda externa y repatriación obligada de capitales; no a las empresas mixtas, petróleo 100% estatal bajo control de sus trabajadores y técnicos, confiscación de los bienes de quienes saquearon al país, para disponer de esos recursos para las necesidades urgentes del pueblo y del país; respeto íntegro a los contratos colectivos y un salario igual a la canasta básica indexado según la inflación; control de los precios ejercido por los trabajadores y las comunidades, con delegados electos; control obrero de la producción y distribución, sin burócratas del gobierno ni militares: reincorporación de todos los despedidos; rechazo a los despidos tanto en el sector público como en el privado, ocupación y producción bajo control obrero –sin militares ni el gobierno– de toda empresa que despida o amenace cerrar; libertad para los trabajadores presos por luchar y anulación de los juicios a trabajadores, campesinos y todos los enjuiciados por protestar.
Con este planteo, llamamos a movilizarnos a la embajada de EE.UU en Buenos Aires contra esta intentona golpista. ¡Fuera el imperialismo de Venezuela y de América Latina! Peleamos por una salida política de los trabajadores para Venezuela y por la unidad socialista de América Latina.

Frente de Izquierda y de los Trabajadores

Partido de los Trabajadores Socialistas – Partido Obrero – Izquierda Socialista