miércoles, agosto 24, 2016

El maratón, la represión en Etiopía y las imágenes vibrantes



Feyisa Lilesa lo sabía: todas las cámaras, todos los destellos de los flashes, lo estaban enfocando. El deportista etíope trotaba a metros de la meta tras recorrer, en 2:09:54, los 42,195 kilómetros del maratón de los Juegos Olímpicos de Río. Entraba en segundo lugar, a poco más de un minuto del ganador, el kenyata Eliud Kipchoge (2:08:44).
Entonces sí: Lilesea, sin dejar de correr, levantó los brazos, miró al frente, luego a los costados, y los alzó en forma de cruz como si estuviera esposado. Más tarde, el medallista de plata le pondría voz a la denuncia: “Tengo familiares en prisión en mi país. Si hablas sobre democracia te matan. Si vuelvo a Etiopía, tal vez me maten o me metan en prisión”.
"Realicé ese gesto por la actitud del gobierno de mi país contra los oromos. Desde hace nueve meses, un millar de personas han resultado muertas", expresó Lilesa, en una rueda de prensa, posterior a la carrera. Se pronunció, así, en defensa de la etnia oromo, mayoritaria en su país, y contra el gobierno del Primer Ministro Hailemariam Desalegn. Durante la semana pasada, esta gobierno encabezó una represión a una protesta pacífica, que culminó con 100 muertos (Télam, 21/08).
Precisó Feyisa Lilesa, nacido en el segundo país más poblado de África: “En Etiopía hay 15 millones de oromo y el Gobierno nos obliga a dejar nuestras tierras, nos encarcela, nos mata. Les pido a los periodistas que hablen de la democracia que no existe en mi país, y de los intereses económicos que apoyan la represión. Es muy peligroso vivir en mi país. Tal vez tenga que irme a otro".
La etnia a la que pertenece Lilesa es una de las más numerosas de África, y también de las más castigadas. Se estima en 2,5 millones la cantidad de refugiados oromo en países vecinos como Somalia y Eritrea. La coalición del Frente Democrático Revolucionario de los Pueblos Etíopes (EPRDF, por sus siglas en inglés) gobierna el país desde 1991. De los 547 diputados que forman el Parlamento etíope, solo uno pertenece a un partido de la oposición.
Human Rights Watch (HRW) denunció, en junio, que las fuerzas de seguridad de Etiopía mataron más de 400 personas, en su mayoría manifestantes, y han detenido a miles de ellos. Fue durante la represión de las protestas registradas en Oromia desde el pasado noviembre, producidas contra un proyecto oficial de apropiación de tierras. Un informe emitido por New World Wealth reveló que el número de millonarios ha aumentado en este país más que en cualquier otro lugar del continente (El País, 06/11/14).
“El Congreso Federal de Oromo, que representa al mayor grupo étnico de Etiopía, está en contra del ‘plan maestro’ que maneja el Gobierno para ampliar Addis Abeba (la capital), y asegura que 150.000 agricultores oromo se ven obligados a abandonar sus tierras sin ninguna indemnización. Mientras millonarios como Tesfakiros se enriquecen gracias al boom inmobiliario” (Ídem anterior). Mulugeta Tesfakiros es el propietario de la inmobiliaria Muller, creador de un imperio comercial compuesto por empresas de logística, transporte y fabricación de productos alimenticios. “Es sencillamente una usurpación de las tierras de las tribus indígenas, que perderán su cultura y su identidad”, se denunció.

Una imagen vibrante

El maratonista Lilesa le restó importancia a la posibilidad de que su gesto le cueste una sanción del Comité Olímpico Internacional (COI), cuya regla 50 de la Carta Olímpica prohíbe manifestaciones o protestas políticas.
En 1968, los corredores afroamericanos Tommie Smith y John Carlos fueron expulsados después de que ambos hicieron en el podio el saludo del poder negro (“black power”) tras recibir las medallas de oro y bronce, respectivamente, en los Juegos Olímpicos en México.
Los deportistas, en una ardiente imagen grabada en la memoria histórica, bajaron las cabezas y levantaron en alto los puños bien cerrados y enfundados en guantes negros. En 1936, el comité olímpico no tomó ninguna medida de sanción contra los deportistas alemanes que durante los Juegos de Berlín desfilaban haciendo el saludo nazi.
Decía el ensayista alemán Walter Benjamín que la imagen es aquello en donde lo que ha sido se une al ahora (el presente), como un relámpago, en una constelación. En otras palabras, resumía, toda imagen es la dialéctica en reposo. Feyisa Lilesa ha usado la reproducibilidad de la imagen como herramienta de denuncia: una fotografía, que en estas horas está dando la vuelta al mundo, invocando el presente de un régimen represor y la fuerza de un pasado de lucha contra la invasión de las potencias europeas.

Daniel Mecca

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