domingo, abril 19, 2020

Los trabajadores de la salud del mundo, en pie de lucha



Informe especial

Cómo se organizan contra el Covid-19 y el ajuste de los gobiernos

Los trabajadores de la salud han sido elogiados por diferentes gobiernos del mundo como aquellos que están en la primera línea de batalla contra el coronavirus. Y no cabe ninguna duda de que esto es así. El extraordinario mérito de ayudar a aliviar el dolor ajeno, en las circunstancias más extremas, ha sido correspondido por los pueblos del mundo con aplausazos y reconocimientos.
Pero hay una trampa en el endulzamiento oficial. Los cumplidos y las promesas de reforzamiento presupuestario no son más que una cortina de humo para esconder el desfinanciamiento sistemático de la salud pública, las tendencias a la privatización, la superexplotación obrera y la ausencia de medidas elementales de protección.
Esto empieza por el llamado “primer mundo”. Con un fuerte desarrollo de la medicina privada, y sistemas públicos destruidos por una década de ajustes presupuestarios, Estados Unidos y algunos países europeos (como el Reino Unido e Italia) encabezan el listado de países afectados por la falta de insumos y medidas de protección frente a la pandemia, lo que ha provocado la muerte evitable de decenas de trabajadores de la salud. En el resto del mundo, la escena se repite. En la lógica de considerar a la salud como una mercancía, los gobiernos capitalistas han expuesto a toda la población trabajadora.
Al igual que otros sectores obreros, el personal sanitario ha salido a la lucha en numerosos países por sus reivindicaciones. A continuación, presentamos un relevamiento de algunos de esos casos.

En las barbas de Trump

El miércoles pasado, tuvo lugar en Estados Unidos una nueva jornada de lucha de las enfermeras. Incluyó medidas en ocho hospitales de Filadelfia (Pennsylvania), en Chicago, Brooklyn y otros distritos. Estuvo organizada por una red de activistas y se inspira en jornadas previas de protestas en hospitales de Nueva York. Las enfermeras reclamaron el fin de las muertes evitables de trabajadores de salud (hay cerca de 30 fallecidos y más de 10 mil trabajadores infectados), mayor personal, insumos, equipos de protección, seguro médico para los norteamericanos que no lo poseen (más de 27 millones) y la nacionalización de todos los hospitales del país “para coordinar la distribución de recursos” (Labor Notes, 16/4).
Como antecedentes, el 11 de marzo pasado se había desarrollado una jornada nacional impulsada por el sindicato de enfermeras (NNU), que en una conferencia de prensa había denunciado que el sistema de salud no estaba preparado para afrontar la pandemia. El 9 de abril, hubo otra jornada a nivel nacional.
En contraste con la cordura de los trabajadores, el gobierno de Trump subestimó la gravedad de los hechos y resistió todo lo posible la aplicación de medidas de aislamiento social, en función de los intereses de las grandes empresas. A modo de ejemplo, sólo la organización de los trabajadores logró la aplicación de la cuarentena en las fábricas automotrices de Detroit.

El viejo continente

Del otro lado del Atlántico, en el Reino Unido, el gobierno de Boris Johnson protagonizó otro de los bochornos frente a la pandemia. Tras abordar la cuestión del coronavirus con displicencia, terminó él mismo infectado. Pero se trata de una anécdota en relación a la completa falta de preparación frente al virus, que denunció amargamente el director de la revista médica The Lancet. El planteo de no aplicar medidas de cuarentena, en nombre de crear una supuesta “inmunidad de grupo”, debió ser abandonado sobre la marcha porque amenazaba con agravar una situación ya de por sí calamitosa.
En el Reino Unido han muerto más de 60 trabajadores de la salud. Muchas de esas muertes obedecen a la desidia oficial. Los Equipos de Protección Personal (EPP) se entregaron tardíamente y son escasos. Los sitios de la izquierda de ese país denuncian que personal del sector ha debido cubrirse, en algunos casos, con bolsas de basura. Trabajadores de algunos hospitales denuncian que las máscaras de calidad (FFP3) que recomienda la Organización Mundial de la Salud no abundan, lo que los obliga a usar otras que no son herméticas. También ha trascendido un memo oficial que recomienda al personal reutilizar la ropa de trabajo, entre otras medidas de “ahorro”, ante la indisimulable falta de recursos.
En este escenario, en algunos nosocomios de Londres los trabajadores han conquistado la entrega de equipos de protección bajo la amenaza de medidas de fuerza. Esta semana, a su vez, hubo una jornada de protestas en reclamo de dichos equipos y de testeos masivos de la población. Pese al gran malestar con el gobierno, en especial con el secretario de salud, los sindicatos mantienen su parsimonia.
El mal abordaje frente a la pandemia es el corolario de décadas de desfinanciamiento y privatización del sistema de salud (NHS), por parte de gobiernos laboristas y conservadores. Hoy, ese sistema está en la mira de los empresarios norteamericanos, que apuestan a su copamiento capitalista.
En el sur europeo, donde las políticas de “austeridad” de la Unión Europea han hecho estragos, los trabajadores de la salud han desarrollado medidas de lucha en Italia y en Grecia. En el primer caso, participaron simbólicamente -con un minuto de silencio- del masivo paro del 25 de marzo convocado por la Unión Sindical de Base (USB), en reclamo de condiciones de seguridad e higiene y de la imposición de medidas de cuarentena. En el país del Pireo, una jornada nacional de lucha con participación de 28 hospitales (de Atenas, Tesalónica, Alejandrópolis, y otras ciudades) reclamó mayor presupuesto, más personal, y el testeo masivo de la población. La dramática falta de insumos en el país tiene una explicación: los gobiernos del partido socialista (Pasok), Syriza y la derechista Nueva Democracia se sometieron por igual a las políticas de ajuste de la Troika (FMI, Banco Central Europeo, Comisión Europea).
La península italiana presenta uno de los mayores niveles de trabajadores infectados. Constituían el 10% de los casos hasta hace unas semanas (un registro similar al de España). El suicidio de Daniela Trezzi, una enfermera de terapia intensiva que se había infectado y temía haber propagado la enfermedad, conmovió al país, e ilustró el nivel de precariedad y estrés bajo el que trabaja el personal.

América Latina

América Latina ha conocido protestas y paros en Perú, Colombia, Honduras, México y Brasil. Los trabajadores de la salud peruanos han salido a las calles en reclamo de mayor presupuesto para salud y en demanda de camillas, respiradores y elementos de seguridad, con las enfermeras en la primera línea. En tanto, unos 300 enfermeros y enfermeras del Hospital Loayza, de Lima, protestaron porque se encuentran tercerizados y no tienen acceso a un seguro de vida o de salud.
En nuestro país, que ostenta la mayor tasa de trabajadores de la salud contagiados (14% del total), comienza a desarrollarse un proceso de asambleas y medidas de lucha como el corte en el Hospital Belgrano, en el conurbano bonaerense.
El “sirenazo” que protagonizaron los profesionales de la salud en Colombia mostró otra cara bochornosa de los estados. En medio de la pandemia, los trabajadores debieron salir a protestar porque no les habían pagado los sueldos. Una situación análoga se repitió en la lejana Nigeria, en el continente africano, donde los trabajadores del estado de Nasarawa protestaron bajo la misma demanda.
México también ha sido territorio de protestas. El corresponsal de la agencia France 24 (15/4) refiere que “se ven a diario protestas del personal clínico por la falta del equipo necesario para atender a los pacientes infectados” en varias zonas del país. En uno de los casos, el del Hospital 1 de Octubre, fue con cortes de calle, en el norte del Distrito Federal.
El gobierno de Andrés Manuel López Obrador fue otro de los ejemplos de subestimación de la pandemia, llamando a la población a seguir su vida con normalidad hasta bien entrado marzo. Algo que combinó con apelaciones a tréboles de la suerte y símbolos religiosos como respuestas a la enfermedad.
En el caso de Brasil, los trabajadores del hospital municipal de primeros auxilios de Belém, en el estado de Pará, realizaron una protesta con corte de calle en reclamo de equipos de protección y otras medidas de seguridad, así como de mayor personal para enfrentar la pandemia. El presidente de ese país, Jair Bolsonaro, es un cruzado contra las medidas de cuarentena. Los gobernadores, en tanto, han impulsado medidas de aislamiento social, pero de características completamente limitadas.
Honduras vivió un paro parcial (se atendieron urgencias y áreas críticas) la última semana en demanda de insumos y equipos de protección, convocado por los sindicatos médicos.
Pero se trata de una excepción. La tónica que vemos en América Latina es que las conducciones sindicales burocráticas, totalmente adaptadas al Estado y a las corporaciones de la salud privada, cuando no parte de ellas, boicotean la organización de los trabajadores frente a la pandemia.

Africa y Asia

Africa y Asia también han vivido sus propios procesos organizativos en el curso del Covid-19.
En Sudáfrica, la protesta de las enfermeras por condiciones de seguridad fue respondida por el gobierno con una represión con balas de goma. En la vecina Zimbawe, los trabajadores fueron al paro a fines de marzo en reclamo de insumos y ropa de protección, que el gobierno respondió con despidos. En Malawi, país ubicado un poco más al norte, decenas de trabajadores llevaron a cabo una sentada en la ciudad de Blantyre, ante la escasez de equipos de protección. Según la agencia qatarí Al Jazeera (14/4), se produjo contra la voluntad del sindicato, que había llamado a regresar al trabajo tras una medida de fuerza realizada en los días previos.
En Pakistán, en el continente asiático, los trabajadores de la salud salieron a las calles en la ciudad de Quetta, capital del estado de Baluchistán, el 6 de abril. Exigían equipos de protección personal, pero la policía los reprimió y detuvo a 150 de ellos. Ante esta situación, la Asociación de Médicos Jóvenes de la provincia entró en huelga en todos los pabellones no críticos. Como resultado, consiguieron los equipos y la extensión del contrato de varios centenares de trabajadores. Un ejemplo de lucha en un país donde los militares conservan un enorme poder político.
La lucha que liberan los trabajadores contra la desidia gubernamental y patronal, que busca abrirse paso frente a la política desmovilizadora de las conducciones sindicales burocráticas, refuerza la necesidad de un programa frente a la crisis, que parta de la centralización de todo el sistema de salud y el no pago de la deuda externa, volcando esos recursos a enfrentar la pandemia y a una reorganización social. Al mismo tiempo, deben atenderse los imperiosos reclamos del personal sanitario. Equipos de protección, mayor personal, insumos, etc.
Esos reclamos, como hemos visto, están planteados en el mundo entero.

Gustavo Montenegro

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