La Convención se viene abajo porque no ha tenido nunca el objetivo de hacer otra cosa que redactar un texto nuevo, en base, claro, a los compromisos con la derecha dentro de la Convención.
Qué pasó con la Lista del Pueblo
La Lista del Pueblo, la coalición de ‘independientes de izquierda’ [https://bit.ly/3ys055d] que consiguió la primera mayoría al interior de la Convención, se quebró luego de discutir su participación en las elecciones presidenciales, y realizar una consulta ciudadana para dirimir posibles candidatos. La crisis llegó a su punto máximo cuando 17 de sus 27 constituyentes abandonaron la Lista del Pueblo por disentir con la carrera presidencial, formando una nueva agrupación “independiente” (Pueblo Constituyente).
Pero los escándalos de los presidenciables y disidentes de la Lista del Pueblo no se dejaron esperar. El futuro candidato a presidente de la coalición, Diego Ancalao, recibió una denuncia del Servicio Electoral chileno por “delito electoral y falsificación de instrumento público”, luego de detectar 23 mil firmas falsas de adherentes. Por esta razón no se podrán presentar a las elecciones de este domingo 21. Por su parte Rodrigo Rojas Vade, constituyente que abandonó la Lista del Pueblo y que se había transformado en un ícono de la lucha por la salud pública, en su condición de ‘enfermo de cáncer’, tuvo que renunciar a su puesto en la Convención luego de que se revelara que nunca tuvo tal enfermedad. Otros constituyentes destacados, como María Rivera, militante del MIT (PSTU) también abandonaron la Lista del Pueblo.
Una convención de otro mundo
Los integrantes de la constituyente que representan a los movimientos sociales como los NO+AFP, los DDHH, e indigenistas, se han colocado al margen de los conflictos políticos del país: el intento de destitución de Piñera; el cuarto retiro de los fondos de pensiones; la militarización del territorio mapuche; y los más de tres mil presos políticos de la rebelión son asuntos ajenos a sus debates y sesiones.
Los más atrevidos toman posiciones a modo personal fuera de la Convención. Es decir, se puede debatir sobre "Estado Plurinacional sí o Estado Plurinacional no", pero jamás impugnar como Convención la militarización en las regiones de la Araucanía o el Biobío.
La cuestión se encuentra en los fondos de pensiones privados, es donde la teoría de los frenteamplistas (y los izquierdistas desmoralizados) del ´Congreso amigable se desvanece. No hay mayoría parlamentaria amigable (ni presidente amigable) que pueda satisfacer el reclamo de las masas de poner fin a las AFP. El candidato de izquierda Boric ha propuesto que el régimen de las AFP estuviera acompañado por un sistema de capitalización individual dirigido por un organismo estatal. Fuera de carecer de porvenir, porque en la transición, esto requeriría un financiamiento estatal inexistente, la capitalización individual no es capaz de asegurar una jubilación mínima igual al costo de la canasta familiar.
Los constituyentes de izquierda muestran al interior de la Convención los límites de los movimientos y organizaciones que no han trazado una perspectiva de poder para sus luchas reivindicativas. Se han separado de las masas, mientras Piñera y el Congreso se acercan a ellas con tanques militares.
Durante la conmemoración del segundo aniversario de la rebelión de Octube, el pueblo chileno volvió a mostrar su fuerza en las calles y a poner sobre la mesa la crisis política con el sistema de pensiones. Y la misma demostración de fuerza hubo el pasado 16 de noviembre durante el tercer aniversario del asesinato del comunero mapuche Camilo Catrillanca.
El hundimiento de la Convención significa que no dará satisfacción a ninguna de las reivindicaciones que justificaron el inmenso apoyo popular a su convocatoria – el 85% de los votos. Las masas cobrarán caro esta deserción política. La llama de la rebelión no ha sido apagada.
Javiera Sarraz
21/11/2021
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