jueves, agosto 23, 2018

Las de las “Batas Rojas”: obreras textiles contra el Franquismo



Hace 44 años sucedía una de las luchas obreras más emblemáticas durante el franquismo y la transición: la huelga de las jóvenes obreras textiles de veinte años de edad, de la fábrica Valmeline en Tarragona (Catalunya), conocidas cómo las de las “batas rojas”.

La historia de las mujeres trabajadoras está llena de relatos y gestas. Su protagonismo ha sido un componente esencial en lo que significó la gran ‘oposición obrera’ al Régimen franquista, que se fue manifestando con distinta intensidad desde la década del 1940 y continuó su desarrollo hasta agudizarse durante los últimos años del Franquismo.
El rol que han ejercido las trabajadoras en la conflictividad laboral en esta época está relacionado con que, durante el siglo XX, el trabajo asalariado femenino se ha acrecentado enormemente, siendo crucial en el desarrollo económico e industrial bajo un capitalismo en auge que requería de más mano de obra femenina. De este modo, se estaba poniendo en cuestión todo el aparato ideológico, la religión y la ciencia, que buscaban impedir que la mujer se convierta en asalariada. Pero a la vez, este se fue acrecentando bajo los mismos patrones ideológicos de la división sexual y complementariedad de los sexos, para justificar mayores desigualdades, discriminación y desjerarquización del trabajo de la mujer fuera del hogar.
De esta manera, la conflictividad de las mujeres se ha desarrollado con una característica particular: la ‘doble presencia’ en el trabajo asalariado y en el trabajo doméstico. Su protagonismo estaba impregnado de una experiencia a través de la cual, mientras luchaban contra la explotación en las fábricas, cuestionaba a un régimen dictatorial en sus aristas más misóginas (Mary Nash, 2010).

Las obreras textiles: pioneras en las oleadas de huelgas contra el Franquismo

Han sido las obreras textiles las que protagonizaron los primeros conflictos, siendo las fábricas de este sector uno de los motores industriales de la economía y del comercio en Catalunya. Y donde las mujeres estaban sobrerrepresentadas bajo condiciones laborales precarias, bajos salarios y jornadas extenuantes, unido a las tareas de reproducción que en años de posguerra significaban una pesada carga.
En este contexto, en el verano de 1974, desarrolló la emblemática lucha de las obreras de la fábrica alemana textil de corte y confección de camisetas, Seidensticker, que en 1973 pasó a llamarse Valmeline. Una lucha contra las duras condiciones laborales impuestas en la década de 1970 en las fábricas textiles, donde la mano de obra femenina era fácilmente intercambiable y sin ninguna movilidad hacia puestos cualificados. Puestos como director, jefe de producción, encargado o técnico, como su género masculino los describe, estaban reservados exclusivamente para los hombres. Esto evidentemente influenciaba en la desigualdad salarial, los hombres tenían acceso a movilidad de categorías y por tanto a mejores salarios, cuestión que para las mujeres estaba totalmente negado.
Además de la discriminación, las trabajadoras sufrían condiciones laborales de extrema explotación: “El trabajo era duro porque era un trabajo a destajo y en cadena, significa que las piezas iban pasando y si te encontrabas mal, tus piezas quedaban atrasadas y en el descanso o al final las tenías que acabar”, explica una trabajadora de la época (Montserrat Duch Plana, Meritxel Ferré Baldrich, 2016). Un cronómetro controlaba la producción de las trabajadoras, que debían cumplir un número de piezas cada tanto tiempo. Si superaban las piezas que había estipuladas en el tiempo marcado, cobraban una sobrepaga que se llamaba a destajo. Algunas trabajadoras entrevistadas cuentan que tardaban 20 segundos en acabar una pieza y que si no se llegaba a cumplir el tiempo, se lo descontaban del destajo.
La primer huelga había sido en el año 1965, ante el anuncio de la patronal de dividir la jornada laboral, que siempre había sido continuada. La respuesta de la patronal fue con el despido de una de las trabajadoras, que tuvo que ser readmitida porque las mujeres amenazaron con mayores acciones de solidaridad.
A pesar de que la corriente mayoritaria de CCOO -PSUC-PCE- no atendía a las reivindicaciones de las trabajadoras, éstas -muchas de ellas sindicalizadas- supieron confeccionar forma de organización para romper el aislamiento tanto dentro como fuera de la fábrica, logrando una importante red de solidaridad de otras fábricas y sectores de trabajadores y trabajadoras, “Salimos en grupete de mujeres, que participamos bastante activamente de la línea sindical oficial, pero intentando romper las pautas que nos marcaban desde el propio sindicato”, afirmó Àngeles de la Fuente, una activa trabajadora dentro del mundo sindical de la época (Montserrat Duch Plana, Meritxel Ferré Baldrich, 2016).
En 1974 la fábrica contaba con 300 trabajadoras -contra 500 en la década de 1960- con una media de edad de veinte años. Comenzaba la negociación del convenio propio de la empresa en junio de 1974, en la que las trabajadoras reclamaban mejores condiciones laborales y se presentaban a negociar a través de la “comisión de trabajadoras” con ellas a la cabeza. No se llegó a un acuerdo con la patronal, por lo que decidieron en una asamblea hacer un paro que comenzaron el 10 de julio, todos los días durante una hora. Hasta que la empresa, que les había prometido negociar después de las vacaciones de verano, respondió con una sanción de tres días de sueldo y jornadas de trabajo para toda la plantilla. Las trabajadoras continuaron la huelga y la empresa respondió de forma más dura aún, con el despido de 162 trabajadoras (Ángeles De la Fuente Benito, 1985).
La decisión de la plantilla fue continuar con la huelga pero ocupando la fábrica. La policía las desalojó por la fuerza y las trabajadoras, lejos de amedrentarse, comenzaron a movilizarse por las demás fábricas para difundir su situación. Y hasta enviaron una comisión de información a Alemania donde se encontraba la sede de la empresa, con el finde que la huelga tuviera repercusión internacional.

Las Batas Rojas de la dignidad pedían “Pan y Justicia”

Las trabajadoras de Valmeline recibieron solidaridad de muchas fábricas, de trabajadores y trabajadoras, organizaciones sindicales y políticas de izquierda. Y con el lema “Pan y Justicia a las Obreras de Valmeline S.A.” publicaron una octavilla en el que explicaban con detalles la causa de su conflicto. El día 24 de agosto, una masiva manifestación recorrió la Rambla Nova de Tarragona en solidaridad con las obreras, quienes marcharon con sus uniformes, con batas rojas, que se convirtieron en un símbolo de “dignidad”, porque sus reivindicaciones y el motor de su lucha era por la mejora de las condiciones laborales. Con sus batas rojas encabezaron, desde esa fecha, todas las manifestaciones: “En las manifestaciones nos enviaban a la policía, y cuando nos veían en el Sindicato tenían una actitud de “¡uy! Vienen las de las batas rojas”, para que llevamos unas batas rojas. Siempre que bajamos a Tarragona íbamos con el uniforme porque nos vieran.” (Montserrat Duch Plana, Meritxel Ferré Baldrich, 2016).
La última lucha de las obreras de la Valmeline ha sido en el año 1980, frente al anuncio de la empresa de cierre alegando motivos de crisis, aunque lo que se estaba preparando era una deslocalización de la fábrica, en un contexto de crisis y recesión económica en todo el Estado y particularmente en el sector textil. La respuesta de las trabajadoras fue contundente y ocuparon la fábrica durante 28 días, algo habitual en esos años. Finalmente la fábrica acabó cerrando. Pero los años de lucha de las obreras textiles de Batas Rojas, quedaron en la memoria y tradición de la lucha de las mujeres trabajadoras y la clase trabajadora, durante el franquismo y la Transición.
Una tradición y memoria cuya recuperación es una tarea militante y consciente. Porque la lucha de las mujeres, inscrita en la lucha de clases, no comenzó hoy, sino que tiene hilos de continuidad para recuperar para las batallas actuales.

Cynthia Lub
Barcelona | @LubCynthia

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Duch Plana, Montserrat, Ferré Baldrich, Meritxell, De súbdites a ciutadanes. Dones a Tarragona, 1939-1982, Publicacions Universitat Rovira I Virgili, Tarragona, 2016. Este interesante libro recoge testimonios orales de mujeres que vivieron entre 1939 y 1982, con entrevistas a treinta y dos mujeres de diferentes generaciones que habitaban en Tarrragona, con el objetivo de analizar y describir las experiencia vividas bajo el franquismo y la transición de las mujeres; entre ellas, las de las obreras de Valmeline. Las historiadoras han presentado una obra de gran rigor histórico y de investigación en capítulos titulados con los nombres que se inspiran en obras literarias o filosóficas de referencia.
De la Fuente Benito, Ángeles, La conflictividad laboral en una empresa multinacional. El caso Valmelines (Historia desde dentro) , Tarragona: tesina de Diplomatura al Col·legi de Graduats Socials, 1985, p. 54-86.
Nash, Mary, Trabajadoras: un siglo de trabajo femenino en Catalunya (1900-2000), Barcelona, Generalitat de Catalunya, Departamento de Treball, Unió Europea, Fons Social Europeu, 2010.

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