miércoles, octubre 31, 2018

Tras el triunfo de Bolsonaro, la burguesía local quiere mayor flexibilización laboral



Unidad de los trabajadores brasileros y argentinos para enfrentar los planes de guerra capitalistas

El empresariado brasileño prepara una ofensiva histórica contra las conquistas de los trabajadores del país. Como ya lo hizo explícito en su campaña, el triunfante Jair Bolsonaro y su ministro de Hacienda Paulo Guedes procurarán una profundización de la reforma laboral aprobada por Temer; la principal iniciativa en este sentido es la creación de una nueva tarjeta de trabajo, “verde y amarilla”, que habilitaría la consumación de contratos individuales por fuera de los actuales Convenios Colectivos de Trabajo; así como la eliminación o limitación del aguinaldo. En sus planes de gobierno se halla también en agenda la baja de aranceles a la exportación de otros países, lo que golpearía a la industria argentina beneficiada por los acuerdos de exportación del Mercosur –en particular la automotriz, que representa el 40% del comercio con el país vecino y destina a este 7 de cada 10 unidades que produce.
En este escenario, la burguesía argentina ha redoblado su reclamo de una mayor flexibilización de los trabajadores locales, arguyendo que se hace necesaria para garantizar la “competitividad” frente a Brasil. Desde la UIA agitan que, de no avanzarse en este sentido, las inversiones se desplazarán al país vecino, y por tanto seguirán aumentando la recesión industrial y el desempleo (acicateados por las elevadísimas tasas de interés del gobierno de Macri). Es, justamente, el chantaje que viene levantando el fascista Bolsonaro en su país, quien insistió una y otra vez en su campaña, ante un país con 13 millones de desocupados, que “la opción [es] entre tener más derechos laborales y menos empleos o menos derechos y más empleos” ((Estadão, 30/10)).
Este planteo extorsivo de que la clase obrera se “apriete el cinturón” se despliega luego de grandes golpes contra los salarios, como efecto de las devaluaciones del peso y el real: “A nivel regional, la Argentina redujo su costo laboral un 50%, mientras que Brasil también mejoró su competitividad gracias a la desvalorización del real” (Alfil, 31/10). Y cuando los planes ajustadores no pueden exhibir “reactivación” alguna a su favor: tras la reforma laboral flexibilizadora de Michel Temer, en el último año crecieron en Brasil un 2,1% la suma de desempleados, subempleados o personas que desistieron de buscar empleo. Finalmente, el telón de fondo es la crisis mundial, en una etapa signada por la retracción de capitales hacia los países centrales y por la guerra comercial entre las principales economías, que tiende a cerrar mercados de exportación.
Los capitalistas ligan esta extorsión al intento de cebar la competencia entre los trabajadores de ambos países, para dividir sus fuerzas. La burocracia sindical de la CGT contribuye a esta orientación doblemente, mediante su política de tregua frente a los despidos y el ajuste y al no haber movido un dedo contra el ascenso de Bolsonaro, que amenaza la propia existencia de las organizaciones obreras de Brasil.
Contra el intento de volcar la crisis sobre nuestras espaldas e imponer un retroceso histórico de nuestras conquistas, planteamos la necesidad de acuerdos entre los sindicatos de ambos países para luchar contra el ajuste y la reforma laboral. Que los trabajadores opongamos una salida propia, mediante la nacionalización de la banca, el comercio exterior y los recursos estratégicos de los países y un plan de industrialización bajo control de los trabajadores.
Es necesaria una acción unificada, internacionalista, de los trabajadores argentinos y brasileños contra ambos gobiernos y por una transformación social de raíz.

Tomás Eps

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