A mediados de enero, el gobierno estadounidense anunció el comienzo de la segunda fase del plan Trump para la Franja de Gaza, que incluye la formación de una mal llamada Junta de Paz, con el propio mandatario yanqui al frente, y un comité administrativo para la gestión diaria del territorio costero, en reemplazo de Hamas.
La junta implica el establecimiento de un protectorado colonial, bajo la batuta de la Casa Blanca. Según un borrador de sus estatutos, recogido por los medios, Trump será el presidente del organismo y tendrá poder de veto sobre las decisiones que adopte el consejo, en el cual cada Estado miembro contará con un voto. En el consejo ya tienen un lugar asegurado el secretario de Estado Marco Rubio, Steve Witkoff (enviado especial de la Casa Blanca para Medio Oriente) y hasta el yerno de Trump, Jared Kushner, hombre del lobby inmobiliario, que intentará sacar tajada de la reconstrucción de un enclave reducido a cenizas. También aparece entre los integrantes Tony Blair, exprimer ministro británico, uno de los principales responsables de la invasión imperialista de Irak, en 2003.
Organismos
El dominio indiscutido que los estatutos asignan a Trump explica la generosidad del magnate, que ha repartido invitaciones a diestra y siniestra a su consejo. Entre los invitados figuran Emmanuel Macron (Francia), Giorgia Meloni (Italia), Ursula von der Leyen (titular de la Comisión Europea), Recep Tayiip Erdogan (Turquía), Al Sisi (Egipto), el rey Abdallá II (Jordania), Lula da Silva (Brasil), Javier Milei (Argentina), Santiago Peña (Paraguay), Vladimir Putin (Rusia) y hasta Benjamin Netanyahu (Israel), entre muchísimos otros.
Hasta aquí, sin embargo, hay pocos confirmados. Por fuera de Milei, que aceptó con “honor” el convite, solo Paraguay, Hungría, Marruecos, Vietnam y Kazajistán dieron el sí, y Qatar mostró buena predisposición. Esto responde a diversas incógnitas que planean sobre el organismo, entre ellas el costo de ingreso (la presencia permanente exigirá, créase o no, un aporte de mil millones de dólares por socio; en caso contrario, queda restringida a tres años) y el alcance de la Junta, que, según dijo Trump en una entrevista, podría intervenir en otros conflictos en otras latitudes del mundo, con lo cual rivalizaría con la ONU. El debut del organismo podría producirse durante el foro de negocios en Davos, lo cual ya es toda una definición de sus objetivos.
Además de esta junta, se formó un comité administrativo que tiene al frente a Ali Shaat, un viejo funcionario de la Autoridad Palestina (AP). Entre sus doce miembros, figuran el ministro de relaciones de Turquía, Hakan Fidan, y un funcionario qatarí. Egipto, a su vez, fue sede de las negociaciones para la formación de este comité. Los poderes de este organismo, en teoría, se extenderán hasta que la AP complete el plan de reformas internas que le exige el imperialismo. El comité relevará a Hamas en la administración del enclave. Hamas dio su aval al nuevo comité, igual que la Jihad Islámica, y mostró su disposición a transferir el mando. Sin embargo, el mayor obstáculo aparece, de momento, en Israel, que dificulta el ingreso al territorio del flamante comité y se queja porque sus nombres no fueron consultados con Tel Aviv.
Desarme
El mayor desafío de la segunda etapa, con todo, es que, según el plan original de Trump, apoyado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en noviembre pasado, debe establecerse una fuerza internacional “de estabilización” (léase, de ocupación) encargada de asegurar el desarme de las facciones palestinas y de reemplazar a Israel, que aún ocupa más del 50% de Gaza, por más que Tel Aviv podrá mantener después, de todas formas, “una presencia perimetral de seguridad”, según el punto 7 del documento aprobado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
En el último comunicado de Witkoff, el enviado de Trump, no hay anuncios concretos sobre la nueva fuerza de ocupación. A su vez, “solo menciona los deberes que el acuerdo prevé para los milicianos palestinos y no los que comprometen a las autoridades israelíes. La declaración evita aludir a la obligación del ejército israelí de seguir replegándose hasta desaparecer de Gaza (…) y tampoco menciona un posible horizonte que incluya la creación de un Estado palestino”, señala El País (15/1).
Hamas acepta la formación del comité administrativo y la transferencia de la administración, pero nunca expresó categóricamente que fuera a deponer las armas.
Sigue la agresión al pueblo palestino
Mientras Trump da por finalizada la fase uno del plan, es decir, el alto al fuego, lo cierto es que más de 450 palestinos fueron asesinados en Gaza desde el supuesto cese de hostilidades. Las organizaciones palestinas devolvieron los rehenes con vida que aún tenían en su poder y los cuerpos, pero Israel siguió atacando a diario a la población de Gaza, y permanece en más de la mitad del territorio costero. Además, mantiene las restricciones al ingreso de ayuda humanitaria, a punto tal que “una de cada cuatro familias siguen comiendo solo una vez al día” (ídem). En Cisjordania, mientras tanto, el ejército israelí y las bandas de colonos armados emprendieron una nueva ofensiva.
En un artero golpe a la lucha del pueblo palestino, el anuncio del plan Trump, el año pasado, fue secundado por la Unión Europea, las burguesías árabes y la Autoridad Palestina. En el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, lo apoyaron 13 de 15 miembros (entre ellos, Francia, Reino Unido, Dinamarca y Grecia), mientras que Rusia y China no ejercieron su poder de veto.
El plan Trump es una pieza que refuerza la dominación imperialista y sionista sobre Medio Oriente y acentúa la opresión del pueblo palestino. Rechazamos el protectorado colonial y la integración del gobierno de Milei. No al genocidio. Por una Palestina única, laica y socialista.
Gustavo Montenegro

No hay comentarios.:
Publicar un comentario