La cultura, esa palabra tan hermosa como inasible en su concepción vasta, guarda señales de lo creado, aprendido, legado y enriquecido por el ser humano. Una parte de ella nos ata y la otra propone liberarnos,; pero, en su conjunto, vive en cada huella dejada por nuestros pasos.
Negarla de golpe, movidos por la reacción de satanizar el pasado frente a la tarea de construir una sociedad superior, lejos de un acierto, abriría el camino hacia una errada utopía, pues equivaldría a engendrar el hombre nuevo desde el más absoluto cero.
Al contrario, según formulan la dialéctica y las leyes marxistas, el futuro exige conocer bien el ayer para aprovechar sus mejores elementos y evitar el peligro de reproducir sus peores aspectos.
Parecerán verdades comunes, mas en los albores del siglo XX, ante la encrucijada de conducir la primera Revolución Socialista, Vladímir Ilich Lenin debió polemizar con quienes en su país –aun a favor del proyecto emancipador– proclamaban la cultura de los obreros en tanto una esfera aislada, un punto de ruptura en la tradición humana.
Impulsados por el entusiasmo de las eras nacientes y por una visión reducida e inmediata, no histórica, de la clase trabajadora, ilustres representantes de la intelectualidad, incluido el poeta por excelencia Vladímir Mayakovsky, asumieron, al menos por un tiempo, el llamado a ignorar o destruir la herencia recibida a lo largo de milenios.
A finales de 1920, ocurrió el I Congreso de la Proletkult de toda Rusia, organización obrera independiente alineada con la posición expuesta y sujeta a grandes cuestionamientos del líder bolchevique, hasta lograr subordinarla, en ese propio año, al Comisariado del Pueblo de la Instrucción Pública, máxima autoridad cultural.
Destinado a dicho encuentro nacional, redactó un Proyecto de Resolución con cinco acápites. El cuarto expresaba: «El marxismo ha conquistado su significación histórica universal como ideología del proletariado revolucionario porque no ha rechazado en modo alguno las más valiosas conquistas de la época burguesa, sino, por el contrario, ha asimilado y reelaborado todo lo que hubo de valioso en más de dos mil años de desarrollo del pensamiento».
Y en ese párrafo agregó: «Solo puede ser considerado desarrollo de la cultura verdaderamente proletaria el trabajo ulterior sobre esa base y en esa misma dirección». También le brindó atención al tema desde la tribuna, por ejemplo, en su alocución al iii Congreso de Juventudes Comunistas, el 2 de octubre de 1920.
Por supuesto, ninguno de sus planteamientos fue perfecto; pero debemos volver a ellos y traer esa mirada ecuménica, cual escudo, a un presente en el que la barbarie amenaza, otra vez, con devorar el derecho a la identidad y la memoria de los pueblos.
Jorge Ernesto Angulo Leiva | jorgeernestoanguloleiva@gmail.com
20 de enero de 2026 22:01:58

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