miércoles, enero 21, 2026

Incendios, ahora en Chile


19 muertos, más de 25 mil hectáreas quemadas y 325 viviendas destruidas es el saldo hasta ahora desde que se desataron más de veinte focos de incendio en el Centro Sur de Chile el pasado 17 de enero.
 Las regiones del centro-sur Bio Bio y Ñuble son las más afectadas, ambas enteramente dedicadas a la industria forestal. El presidente Gabriel Boric decretó el estado de catástrofe en ambas regiones. La medida implica, entre otras cosas, que las Fuerzas Armadas tomarán el control. 
 Una vez más, al igual que en los incendios del noroeste de Chubut, la sequía persistente, las altas temperaturas, la industria maderera y el Estado son los responsables.
 En 2021, en Chile se propuso una ley obligaría a la industria forestal a realizar evaluaciones de impacto ambiental, pero en distintos pasos por distintas comisiones del congreso terminó por hacer inocua esa ley y todo sigue sin evaluaciones de riesgo. La industria forestal presenta planes de manejo en promedio de 143 hectáreas que no llegan a las 250 hectáreas que determina la ley para el Sistema de Evaluación del Impacto Ambiental. 
 Chile tiene 3 millones de hectáreas dedicadas al monocultivo para la producción de madera. Allí también, igual que en nuestra Patagonia, se reemplazó el bosque nativo por plantaciones de pinos y eucaliptus, dos especies exóticas. El primero proviene de América del Norte y el segundo de Australia. Los pinos y eucaliptos han sido descriptos como especies “piro fíticas”, es decir amigas del fuego: su resina es altamente inflamable y reducen la humedad relativa del ambiente. Absorben mucha agua de lluvia del suelo, extinguiendo a otras especies. Por otro lado, la tala rasa, una práctica de alto impacto ambiental que consiste en talar todos los árboles de un bosque, de cualquier edad o especie, indiscriminadamente, se usa libremente en Chile. Los caminos para transportar la “cosecha” terminan de arruinar el suelo. En algunos países -EEUU, Rusia, los escandinavos- se declaran áreas protegidas y arriendan territorios a largo plazo para mitigar el efecto de la tala rasa. En América Latina, en cambio, la tala rasa arrasa con bosques suelos y medio ambiente. 
 Chile es el segundo productor de celulosa en América Latina y ese es el principal destino industrial para su madera, no para la construcción ni para mobiliario. La industria del papel, cabe agregar, es altamente contaminante. 
 Chile se ufana de tener una industria forestal de avanzada, “amigable” con el medio ambiente. Esgrime al respecto certificaciones medioambientales en un 70% de los proyectos, como pocos países del mundo. Sin embargo, los incendios son frecuentes y muy destructivos. En febrero de 2024, incendios en la zona de Viña del Mar causaron la muerte de 138 personas, con gran pérdida de viviendas y un saldo de territorios diezmados.
 El capitalismo está en una etapa de descomposición y destrucción que no tiene fronteras.

 Elena Florín 
 20/01/2026

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