viernes, enero 23, 2026

Milei en Davos: unos cuantos disparates “académicos”, para defender a Trump y a la reforma laboral


En los momentos previos a su discurso en Davos, algunos periodistas decían que Milei, en esta oportunidad, haría un extenso panegírico sobre la economía argentina y su gobierno. Pero no hubo nada de eso: Milei dedicó menos de un minuto a recitar los datos falaces -cuando no fraudulentos- sobre la supuesta “baja de la pobreza” o el “crecimiento económico”, que suele reiterar cada vez que puede. En el resto del tiempo, leyó una perorata pretendidamente académica, que otros le escribieron para la ocasión. Los furcios y lagunas de su “discurso” fueron propios de quien no es autor de lo que lee. La audiencia del liberticida fue un salón semivacío. En las anteriores reuniones de Davos, Milei era un presidente debutante y concitaba una audiencia en base a sus promesas de relanzamiento capitalista en Argentina. Pero han pasado dos años y “el pescado sigue sin vender”: en 2025, Argentina experimentó, no un “auge inversor”, sino la mayor salida de capitales de los últimos 22 años. El crecimiento del producto es una ficción estadística, porque pondera como “crecimiento” al de la intermediación financiera, que es una detracción sobre el valor agregado creado por otras ramas. 
 En esas condiciones, Milei pateó la pelota afuera y largó la perorata de la secta conocida como “escuela austríaca”. Reivindicó a los filósofos y economistas del siglo XVIII porque consagraron a la propiedad privada como derecho natural, con independencia de las condiciones históricas y sociales que lo originaron. Pero con la emergencia de la gran industria y la generalización del trabajo asalariado, aquel derecho de propiedad concebido bajo las condiciones de la producción artesanal o independiente se trastocó en su contrario: el derecho a “quedarse con el fruto del trabajo propio” (sic, Milei) se convirtió en el derecho del capital a apropiarse del trabajo ajeno, y la “libertad” y la competencia, en la ficción que presenta a explotadores y explotados formalmente igualados ante el mercado. Desde entonces, el liberalismo y el “capitalismo de libre empresa” -los ejes del discurso de Milei en Davos- se han convertido en un mero caparazón ideológico, dirigido a justificar la explotación de la clase obrera por el capital. El único propósito de estos adoradores tardíos de Smith o Locke, que Milei reivindica, es revestir de adornos académicos una declaración de guerra contra el socialismo y la clase obrera. No defienden ninguna “libertad”, sino la esclavitud del trabajo asalariado. 
 Milei defendió al “capitalismo de libre empresa” de las “regulaciones” del Estado y no perdió la oportunidad de elogiar a Federico Sturzenegger. Pero el capitalismo que reivindica Milei vive de esas regulaciones estatales. En la etapa histórica de los monopolios, el entrelazamiento entre el Estado y las corporaciones capitalistas alcanza su mayor dimensión. El estado de guerra internacional -que el foro de Davos no dejó de traducir- es un resultado de ese entrelazamiento y del choque entre las fronteras nacionales y el carácter internacional de las fuerzas productivas. Milei presentó a la “inteligencia artificial” como “la división del trabajo del siglo XXI”. Pero la división del trabajo que describió Smith tuvo lugar bajo el ascenso del capitalismo como organización social. La IA, en cambio, es un desarrollo técnico que tiene lugar bajo la declinación capitalista y, como otras innovaciones, ha potenciado todas las tendencias a la sobreproducción y la sobreinversión. El capitalismo exaltado por Milei celebra su foro con un precio récord para el oro, un síntoma inconfundible de incertidumbre e inestabilidad del conjunto del sistema monetario internacional. Para desgracia de Milei, Donald Trump, en su discurso, celebró... una regulación, la que se sancionó este año sobre el mercado de criptomonedas, para darle mayor estabilidad a su precio y colocar a los bonos de la alicaída deuda pública norteamericana como garantía de los bitcoins con valor garantido (stable coins). En cualquier caso, Milei mismo ha sido un furioso regulador, pues ha intervenido sobre el mercado de cambios para, por un lado, abaratar su paridad y reducir el peso de la deuda pública en dólares, por un lado, y, por el otro, fabricar un gigantesco negocio especulativo (carrry trade). Bajo el gobierno liberticida, las tarifas, salarios y jubilaciones han sido despóticamente reguladas, a fin de asegurar una transferencia de 40.000 millones de dólares del trabajo al capital. La única desregulación que defiende seriamente Milei -y sus padrinos austríacos- es la del mercado de trabajo; es decir, la derogación de las conquistas que la clase obrera le arrancó el capital a lo largo de décadas y siglos de lucha. El “filosófico” discurso de Milei fue una defensa sinuosa de la reforma laboral, cuya redacción está tejiendo con la complicidad de los gobernadores peronistas y la burocracia sindical.
 Para terminar, Milei aseguró que “América será el faro que ilumine a Occidente”, es decir, vivó a la América de Trump. Minutos después de que el mandatario norteamericano defendiera a muerte la futura ocupación de Groenlandia, el presidente argentino declaraba su apoyo incondicional al gobierno que dice ser su rescatista de última instancia, sin que aparezca, hasta ahora, un solo dólar con ese fin.

Marcelo Ramal
21/01/2026

No hay comentarios.: